Segunda Lectura

1 Corintios 12:3-7, 12-13

Unidad en la Diversidad: un solo Espíritu, un solo Señor, un solo Dios.

Un solo Espíritu...un solo Señor...un solo Dios. Dios es la fuente de todos los dones y el modelo de todo lo que vive y existe, pues es en él, en primer lugar, donde se concilia la diversidad y la unidad.

Unidad en la diversidad. Piensa en la cultura multicultural que ahora vivimos. No sólo nos mezclamos racial y étnicamente, también tenemos muchas expresiones de tradición e idioma. En el pasado, tales diferencias se habrían mantenido separadas en el gueto por dos generaciones hasta que hubiese asimilación cultural. Pero, con los muchos y variados medios de comunicación, nuestras diferencias son mucho más evidentes, incluso amenazantes.

3 Ahora les digo que ninguno puede gritar: «¡Maldito sea Jesús!» si el espíritu es de Dios; y nadie puede decir: «¡Jesús es el Señor!»,
sino con un espíritu santo.
4 Hay diferentes dones espirituales, pero el Espíritu es el mismo. 5 Hay diversos ministerios, pero el Señor es el mismo. 6 Hay diversidad
de obras, pero es el mismo Dios quien obra todo en todos.
7 La manifestación del Espíritu que a cada uno se le da es para provecho común.
12 Las partes del cuerpo son muchas, pero el cuerpo es uno; por muchas que sean las partes, todas forman un solo cuerpo. Así también Cristo.
13 Hemos sido bautizados en el único Espíritu para que formáramos un solo cuerpo, ya fuéramos judíos o griegos, esclavos o libres. Y todos
hemos bebido del único Espíritu.
BIBLIA LATINOAMERICANA

El Espíritu Santo revela su presencia en la Iglesia de Corinto mediante los dones espirituales que comunica a los creyentes. Todos se maravillan cuando alguien, poseído por el Espíritu, se pone a alabar a Dios con palabras que nadie entiende. Pero más todavía sienten la presencia de Dios cuando un profeta revela a alguno de ellos lo que pasa en su interior, o cuando comunica un mensaje particular de Dios para tal o cual, o para la comunidad.

Pablo interviene de dos maneras: primero para poner orden. En la exaltación frenética de sus fiestas, los paganos perdían el dominio de sí mismos; en cambio el Espíritu Santo nos hace más responsables. Cuando un exaltado llegaba a decir cosas insensatas o hirientes, era prueba de que no estaba inspirado.

Pablo muestra diferentes aspectos de los dones del Espíritu –que a veces los denomina carismas.

Son dones; esto es evidente si se trata de hacer milagros. Pero también son ministerios, o sea, servicios, como es el caso para la dirección de la comunidad. Por último son obras de Dios.

La imagen de la Iglesia hasta ahora desactualiza nuestra cultura, pero las tensiones que enfrentamos eran reales para los de Corintios. Había diferencias de clase y étnicas en la comunidad; pero, además, había muchos comportamientos diferentes que manifestaban "dones espirituales"; pero, a diferencia de algunos comentaristas modernos que buscan fomentar las diferencias sobre la unidad o suprimir las diferencias en aras de la unidad, Pablo alentó estos comportamientos "espirituales" como un signo de la presencia de Dios. Profecía, expresiones de sabiduría, hablar en lenguas, la enseñanza, todos eran diferentes dones del espíritu para el bien de la Comunidad. Observa que Pablo señaló a cada uno en la comunidad como personas con Dones espirituales. Él implicaba que el uso de tales dones debía ejercerse, no suprimirse; al mismo tiempo, se refirió a la razón por la que recibieron los Dones: el bien de los demás. Los Dones no debían ser un signo de auto-glorificación, no, eran para ¡la gloria de Dios!

El Espíritu da lo que la Iglesia necesita en un lugar y momento determinados. Y por eso, basándonos en este texto, entendemos cuáles eran los anhelos —diferentes a los nuestros— de la Iglesia de ese tiempo. Ahora el Espíritu recuerda a la Iglesia su misión en el mundo. Los mejores entre los creyentes poseen dones espirituales que, sin producir aparentemente milagros, se manifiestan a través de una vida fecunda y ejemplar. Pero en los primeros tiempos, al igual que en tierras de misión, los nuevos convertidos descubrían primero las maravillas que Dios realizaba en medio de ellos.

Si Pablo dijera que estos ministerios provienen únicamente de Cristo, se podría pensar que todo en la Iglesia pasa por los que dirigen en nombre de Cristo y que han sido considerados a veces como sus «vicarios». Pero esos dones y esos ministerios son asimismo obra del Espíritu. El Espíritu sopla donde quiere; multiplica sus dones y sus inspiraciones entre los simples fieles y renueva a la Iglesia sin tomar demasiado en cuenta las opiniones y los proyectos de la jerarquía. La misión de los ministros –obispos, sacerdotes o laicos, no es tanto de dirigir cuanto de discernir la acción del Espíritu en las personas y en la comunidad.

Al igual que los corintios, todos tenemos dones para ofrecer para el bien común y la alabanza de Dios. La manera cómo los utilizamos, sin embargo, determina su eficacia, y nuestra intención. ¿Nuestros dones unen o dividen? ¿Demuestran que somos uno en el cuerpo de Cristo? ¿O bien, que revelan las divisiones que rompen el rostro de la Iglesia? El espíritu nos dio sus dones, usémoslos sabiamente.

¿Qué dones aportas a la Iglesia? ¿Cómo puedes ayudar a construir la comunidad? ¿Cómo pueden tus dones y servicio dar alabanza a Dios?

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