Segunda Lectura

Tito 3: 4-7

La marejada del Espíritu

4 Pero se manifestó la bondad de Dios, nuestro Salvador, y
su amor a los hombres,
5 pues no fue asunto de las obras buenas que hubiéramos hecho,
sino de la misericordia que nos tuvo. Él nos salvó por el
bautismo que nos hacía renacer
6 y derramó sobre nosotros por Cristo Jesús, nuestro Salvador, el
Espíritu Santo que nos renovaba.
7 Habiendo sido reformados por gracia, esperamos ahora nuestra herencia,
la vida eterna.

Hubert Richards cita este pasaje de Tito como un “resumen fino del evangelio de Pablo hecho propio; no es de extrañar que haya sido escogido como una de las lecturas para la liturgia de la Navidad. Tiene cualidades líricas (Richards, 1991)…” En este tercer capítulo de Tito, Pablo señala las maravillas de Dios. Él proclama que Dios es todo bondad y desea no menos que lo mejor para sus hijos: totalidad y salvación. Pablo insiste que estamos para imitar el amor de Dios para nosotros y tratar a los otros como debe ser. Porque hemos sido amados gratuitamente, nosotros a cambio debemos vivir el amor y dar amor. Dios haría no menos por nosotros. Es lo que a Dios le gustaría que hagamos. Pablo hace eco de lo que parece ser un entendimiento familiar de la espiritualidad judía. El pueblo de la alianza está para trabajar en el ordenamiento de las correctas relaciones (hesed - ימין). Estamos en relaciones hesed cuando nuestras relaciones con Dios, con los otros, con nosotros mismos, y la tierra están en el orden correcto. Estas relaciones, por supuesto, están informadas por la gran ley del amor, evidenciadas por nuestro comportamiento hacia los más pequeños de Dios.

Pablo nos provee de un esquema familiar. Nosotros hemos sido hechos una nueva creación por medio de nuestro bautismo en Jesús. Nosotros fuimos una vez hijos de la oscuridad, pero ya no lo somos más. Ahora somos hijos en la luz.

Se cree que Tito 3:4-7 fue parte de un rito antiguo de acción de gracias bautismal. Damos gracias porque hemos sido hechos nueva creación en Cristo por medio de las refrescantes aguas del bautismo. En el bautismo recibimos el Espíritu y esperamos con fe por la vida que compartiremos en la eternidad. En nuestro bautismo compartimos en lo que Dios complete por medio de la entrada de Jesús en la historia humana con su nacimiento y pascua subsecuente: la salvación del mundo. Estamos para seguir adelante transformados y para hacer la diferencia en nuestros mundos respectivos. Por la encarnación, compartimos la divinidad de Jesús.

Cuando Jesús nació, todo cambió. Él nos mostró su amor y misericordia. Nos hizo justos delante de él para que pudiéramos compartir su vida. Él nos dio su propio Espíritu para que podamos alejarnos de la inmoralidad y convertirnos en uno de sus hijos. ¡Y nos dio ese Espíritu como una marejada!

Ante un niño pequeño, el mundo cambió. Dios nos ofrece ese cambio, ahora mismo. Celebremos la Navidad con un fuerte "Sí" a su oferta. ¡Él nos abrigará como respuesta!

Reflexiona sobre la oferta de Dios este día de Navidad. El nacimiento de Cristo Jesús es una oferta de su vida. ¿Cómo puedes deleitarte en su vida?

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