Vigilia Pascual

Segunda Lectura: Romanos 6: 3-11

3 ¿No saben que todos nosotros, al ser bautizados en Cristo Jesús, hemos sido sumergidos en su muerte? 4 Por este bautismo en su muerte
fuimos sepultados con Cristo, y así como Cristo fue resucitado de entre los muertos por la Gloria del Padre, así también nosotros empezamos
una vida nueva. 5 Si la comunión en su muerte nos injertó en él, también compartiremos su resurrección.
6 Como ustedes saben, el hombre viejo que está en nosotros ha sido crucificado con Cristo. Las fuerzas vivas del pecado han sido destruidas
para que no sirvamos más al pecado. 7 Hemos muerto, ¿no es cierto? Entonces ya no le debemos nada. 8 Pero si hemos muerto con Cristo, debemos
creer que también viviremos con él. 9 Sabemos que Cristo, una vez resucitado de entre los muertos, ya no muere más; desde ahora la muerte no
tiene poder sobre él.
10 Así, pues, si hay una muerte para el pecado que es para siempre, también hay un vivir que es vivir para Dios. 11 Así también ustedes deben
considerarse a sí mismos muertos para el pecado y vivos para Dios en Cristo Jesús.
Biblia Latinoamericana

6.3 Hemos sido sumergidos en su muerte. El bautizado se ha unido al sacrificio de Cristo para beneficiarse de su entrada en la vida; es como aceptar un cambio total de vida.

6:3-4 El verbo “bautizar” puede también significar “sumergir” Pablo usó el verbo en un sentido existencial, no simplemente un sentido sacramental. Nuestra inmersión –encontrado más tangible en el Bautismo, nos conecta con la muerte y resurrección de Jesús. En otras palabras, el evento muerte-resurrección trasciende el espacio y el tiempo. Y nuestra inmersión nos une en ese evento de una manera muy real. Nosotros estamos unidos con la muerte y resurrección de Jesús porque somos uno con Cristo y en Cristo.

Todos conocemos la teología del Bautismo. Este sacramento nos limpia de nuestros pecados, nos hace hijos de Dios y miembros de la Iglesia, y nos da el primer sabor real del Espíritu. Así, si nos detenemos ahí, perderemos el significado más profundo del sacramento.

Pablo escribió a los fieles de Roma acerca del Bautismo, el sacramento nos coloca en “Cristo”. En otras palabras, tenemos una relación íntima con el Señor Resucitado, quien aún nos lleva a la realidad de la muerte con él. ¿Acaso no tiene él todavía las heridas de sus manos y su costado? Esta relación demanda un cambio en la vida moral, y, demanda una nueva orientación hacia Dios. Después de todo, en esta relación, tocamos a AQUEL por medio de quien fuimos perdonados, y, en Cristo, tocamos el mismo evento de ese perdón.

Tal como lo establece la nota de arriba, sin embargo, Pablo le daba al “bautismo” unos términos más amplios que el sólo sacramento. Esta inmersión era una palabra código para la vida cristiana. Por el hecho de que tocamos el evento de la muerte en el Señor Resucitado, hemos sido crucificados con él. Algunas veces, la vida cristiana no es la manera más conveniente de vivir, algunas veces tiene sus costos. Esos podrían ser las consecuencias del pecado, nuestros y los de otros. No importa. Nuestro sufrimiento es parte de nuestra participación en la muerte de Cristo. Cuando sufrimos de formas grandes o pequeñas, compartimos la realidad de la crucifixión.

Afortunadamente, nuestra participación en la muerte de Cristo solamente es posible por medio de la presencia del Cristo Resucitado. Nuestro compartir en el sufrimiento es solamente posible por medio de nuestro compartir la vida eterna. En otras palabras, la Gracia no solamente le da significado al sufrimiento, coloca nuestro sufrimiento en un contexto mayor. Al igual que la Pascua le da al Viernes Santo su significado, así, también, la vida del Cristo Resucitado le da a nuestro doloroso y maltratado viaje un propósito en la vida real.

6.11 Ustedes deben considerarse a sí mismos muertos para el pecado. Es evidente que el bautismo, aunque se reciba con fe, no nos hace inmediatamente perfectos. ¿Vamos, pues, a seguir pendientes de los mandamientos? ¿Nos va a paralizar el miedo a las tentaciones y a los pecados cotidianos? ¡Cuidado con los escrúpulos y complejos de culpabilidad! Pablo nos propone otro camino y es el de creer que el pecado no tiene poder alguno sobre nosotros. Debemos tener los ojos fijos en Cristo, sabiendo que le pertenecemos y que es El quien nos transforma. Esta actitud de unión, aparentemente indiferente, es más eficaz que el nerviosismo. Ese era el camino que sugería Santa Teresita de Lisieux a los que se sentían incapaces de grandes cosas.

¿Qué significa entonces realmente el Bautismo? Una nueva vida en SU vida. Una vida que está unida a su dolor, una vida que está unida a su gloria. Una vida en Cristo.

Reflexiona en tu bautismo. ¿De qué manera está vivo en ti, hoy?