Segunda Lectura

Quinto Domingo de Cuaresma -C

Segunda Lectura: Filipenses 3, 8-14

Un asunto de niveles de comodidad

8 Más aún, todo lo considero al presente como peso muerto en comparación con eso tan extraordinario que es conocer a Cristo Jesús, mi Señor.
A causa de él ya nada tiene valor para mí y todo lo considero como basura mientras trato de ganar a Cristo. 9 Y quiero encontrarme en él, no llevando
ya esa justicia que procede de la Ley, sino aquella que es fruto de la fe de Cristo, la justicia que procede de Dios y se funda en la fe.
10 Quiero conocerlo, quiero probar el poder de su resurrección y tener parte en sus sufrimientos; y siendo semejante a él en su muerte, 11 alcanzaré,
Dios lo quiera, la resurrección de los muertos. 12 No creo haber conseguido ya la meta ni me considero un «perfecto», sino que prosigo mi carrera
para conquistarla, como ya he sido conquistado por Cristo. 13 No, hermanos, yo no me creo todavía calificado, pero para mí ahora sólo vale lo que está
adelante; y olvidando lo que dejé atrás, 14 corro hacia la meta, con los ojos puestos en el premio de la vocación celestial, que es llamada de Dios
en Cristo Jesús.

La Biblia Latinoamericana

3: 8 “... en comparación con eso tan extraordinario que es conocer a Cristo Jesús, mi Señor, en este sentido, el conocimiento no era el dominio sobre hechos de fe, sino un conocimiento que provenía de la intimidad con Cristo. Pablo hizo hincapié en la relación, no en la doctrina.

3:8-11 Esta larga oración en realidad tiene dos cláusulas principales que se reflejan una a otra: 1) “ya nada tiene valor para mí... y 2) todo lo considero como basura...” Las frases explicativas también son un reflejo entre sí: 2) " eso tan extraordinario que es conocer a Cristo Jesús, mi Señor " y 2) " trato de ganar a Cristo… quiero encontrarme en él. En otras palabras, Pablo había subestimado su vida presente y sus placeres y enfatizaba su relación con Cristo. Para Pablo, no hubo ninguna comparación entre los dos.

olvidando lo que dejé atrás (13). Olvidando sus méritos, olvidando lo que ya sabía de Dios, y haciéndose disponible para nuevas experiencias.

Quiero conocerlo. Pues lo más grande no es hacer milagros ni hablar lenguas, sino conocer al que vive …quiero probar el poder de su resurrección… Todos quisiéramos sentir la presencia de Dios y, de alguna manera verlo, pero sólo compartiendo los sufrimientos de Cristo – y tener parte en sus sufrimientos; (2 Cor 1,3-5) experimentaremos su poder.

¿Cuál fue el beneficio de Pablo en su relación con Cristo? Tres cosas: En primer lugar, un sentido de la correcta relación con Dios (es decir, la "justicia" o la "justificación"). En segundo lugar, una esperanza trascendente que le daba sentido a su vida de trabajo y al odio de sus enemigos (la asociación con los sufrimientos de Cristo); esta esperanza se basa en una relación íntima, dinámica con Cristo (conociendo a Cristo y el poder de su resurrección). Tercer lugar, una meta: la participación en la resurrección de los muertos.

3:10, "…siendo semejante a él en su muerte…" ¿qué estaba haciendo Pablo igual para que fuese conforme a la muerte de Jesús? Hay dos respuestas posibles: el sufrimiento que Pablo conocía, o Dios mismo. Como declaraba la nota anterior, Pablo utiliza los sufrimientos de Cristo como una analogía con la oposición y la persecución que encontró en su ministerio. Lo que Pablo sufrió, identificaba los sufrimientos de Cristo. De hecho, Pablo podría haber pensado que sus sufrimientos por el Evangelio era parte del precio que tenía que pagar para predicar el Evangelio, igual que la Resurrección representaba la promesa de la resurrección general al fin de los tiempos. Sin embargo, ¿la voluntad de quién cumplía Pablo predicando el Evangelio y aguantando persecución? La de Dios, por supuesto.

¿Cómo definimos "predicando el Evangelio"? Una definición cínica, pero popular es "confortar a los afligidos y hacer sufrir a los que están cómodos". Si alguna vez estuvieras en el extremo de tu cuerda y necesitaras de las Buenas Nuevas, sabrías que la definición es cierta. Si alguna vez estuvieras cómodo en tu estilo de vida y las palabras del predicador te resultaran molestas, incluso hasta el enojo, tú sabrías que la definición es cierta.

Pablo ciertamente sabía que la frase era verdadera. De hecho, vivía molesto como predicador. La molestia puso su vida en perspectiva. Sus circunstancias presentes era nada en comparación con su compromiso con el Señor. Los beneficios de la fe obligaban a una distancia con los beneficios de los placeres momentáneos. En estos versos él enlistaba tres ventajas: sentirse justificado delante de Dios, una relación personal (es decir, el conocimiento) del Señor Resucitado y una experiencia del poder que lo resucitó de entre los muertos (el Espíritu).

Pero, mientras Pablo predicó el Evangelio, su promesa no fue plenamente completada en su vida. Esa podría esperar hasta el final de la vida o el fin de los tiempos. No obstante, Pablo anhelaba por su cumplimiento. El final de la misión de Pablo conduciría finalmente a su muerte, y su gloria, Dios llamándolo al hogar en Cristo.

Cuando leemos las Buena Nuevas o escuchamos lo que nos predicó, debería confortarnos en la necesidad de solaz y de movernos cuando nos sentimos muy cómodos. Sin embargo, las Buenas Nuevas deben motivarnos a mirar más allá de nuestra existencia actual. Nuestro lugar de interés debería centrarse en la llamada de Dios hacia arriba, a él mismo.

Si no lo hace, entonces tenemos corazones aletargados o corazones endurecidos. Esto debería ser una señal de que estamos en necesidad real del Evangelio.

¿Consideras que tu vida es buena? ¿O anhelas por más? ¿Cuál es el contenido de "más?" ¿Dónde se enmarca Dios en tus anhelos?