Segunda Lectura

Domingo 3 del Tiempo de Adviento -C

Segunda Lectura: Filipenses 4, 4-7

La paz de las fiestas

Este domingo, tradicionalmente conocido como “Domingo Gaudete,” toma su nombre y tema de esa primera palabra de la lectura – gaudete (Alégrense). La lectura proclama la realidad de que Jesús glorificado está cerca.

4 Alégrense siempre en el Señor; se lo repito: ¡alégrense! 5 Que la benevolencia de ustedes sea conocida por todos. El Señor está cerca. 6 No se inquieten por nada, más bien presenten en toda ocasión sus peticiones a Dios en la oración y la súplica, llenos de gratitud. 7 Y que la paz de Dios, que sobrepasa toda inteligencia, custodie sus corazones y sus pensamientos en Cristo Jesús.

La carta de Pablo se coloca contra una situación en la cual dos mujeres en la comunidad han estado involucradas en una disputa desconocida. Pablo interviene pues el divisionismo amenaza la unidad de la comunidad. Pablo exhorta a las mujeres a ver su disputa a la luz de lo que significa últimamente. ¿Qué importancia tiene realmente su argumento en el gran esquema de esta corta vida? No es consecuencial cuando uno lo considera a la luz de toda la eternidad. Pablo exhorta a los miembros de su iglesia a ser magnánimos los unos a los otros, a estrechar la paciencia tanto como sea posible por el bien de la unidad. Él también apunta a otra razón para terminar con las rencillas y disputas: las vidas de los miembros de la comunidad son un reflejo de Cristo. La gente será o no atraída a Cristo por la manera que los cristianos actúen los unos con los otros en amor.

Los cristianos esperamos que Jesús venga pronto. En esta época del año, lo esperamos en Navidad y al final del tiempo. Esta expectativa puede llenarnos de ansiedad o de alegría. Pablo nos dio esta elección. La primera manera lleva a todo tipo de problemas, especialmente en nuestras relaciones con los demás. La segunda manera conduce a la paz con otros, porque la alegría nunca es destructiva. Por supuesto, esta alegría es un don de Dios. Se basa en una paz que trasciende la limitación de la mente humana y el corazón. Pero si queremos experimentar la paz de Dios, debemos alejar la ansiedad y abrirnos hasta su presencia.

Por lo tanto, tómate un tiempo, ve más despacio. Disfruta de la temporada. Ora en el espíritu de agradecimiento por la temporada. Deja que Dios te de su paz.

¿De qué manera te has calmado en estas fiestas? ¿Cómo has disfrutado de esta temporada?