Primera Lectura

Domingo 8 del Tiempo Ordinario -C

Primera Lectura: Sirácides 27, 4-7

Juzgar a otros

4 Al sacudir el cedazo caen las mugres, y lo mismo los defectos del hombre cuando se pone a
hablar. 5 La prueba para los cántaros de arcilla es el horno; para un hombre es su manera de
razonar. 6 Los frutos de un árbol mostrarán si fue bien cultivado; de igual modo las palabras de
un hombre dan a conocer su fondo. 7 No elogies a una persona mientras no se exprese: ésa es la
prueba para todo hombre.

La Biblia Latinoamericana

El libro de Sirácides (también conocido como "eclesiástico" de la Vulgata Latina) fue escrito por Jeshua Ben Eleazar Ben Sira a principios del siglo II, a.C. Jeshua escribió en Alejandría, Egipto, donde vivía una gran población judía. Debido a que la población judía era nativa (de segunda generación y más allá), habían perdido el hebreo y adoptaron el griego como lengua materna. Mientras que el libro fue escrito originalmente en hebreo, fue traducido rápidamente al griego y encontró su manera en el Septuagésimo, una traducción griega del Antiguo Testamento.

Sirácides es uno de los libros de la literatura de sabiduría. Es el mal largo de los libros de la Biblia. En algunas traducciones se le conoce como Eclesiastés (o Eclesiástico, el Libro de la Iglesia).

En 1947 en Qumran, en el corazón del desierto, piesas del libro de Sira fueron encontrados. En 1964 una copia completa del manuscrito fue encontrado en un sitio excavado en Masada. Otra copia fue encontrada más tarde en algún otro lugar. Este texto era obviamente muy popular entre los pueblos de la antigüedad. Fue escrito en los tiempos cuando el Helenismo era una amenaza para la estabilidad y las tradiciones del judaísmo. Sira abordó la amenaza y atestiguó que la sabiduría podía solamente ser obtenida si uno vivía la vida de acuerdo a la voluntad de Yahveh.

Ben Sira vivió durante el tercer y segundo siglos a.C. Él fue un ávido estudiante de la Ley, los Profetas, y Las Escrituras, un escribano respetable y maestro que “dirigió una academia para los jóvenes judíos.” Viajó extensivamente, estudió la literatura de sabiduría de otras culturas, y adaptó lo que podía ser adaptado a la tradición judía. Ben Sira escribió su libro en respuesta a la dispersión del helenismo. El deseaba enfatizar que la verdadera sabiduría se encontraba en Jerusalén, no en Atenas. Por tanto, los buenos judíos no debían ser influenciados por el pensamiento griego.

El libro es una colección de dichos sabios útiles para la enseñanza de la ética a los jóvenes. Escrito en primera persona, el libro ensalzó las tradiciones hebreas. Estos factores indican que la escritura fue posiblemente utilizada como un libro de texto en las escuelas religiosas encontradas en el judaísmo de Alejandría.

En este pasaje, Sira alentó una pequeña dosis de escepticismo, similar a "no juzgues un libro por su portada". Aconsejó a sus estudiantes a ver más allá de la buena apariencia, la ropa de lujo, el flujo suave del habla o el anillo seductor de la retórica; la persona sabia debe mirar en la mente y el corazón. Sólo entonces, Sira insistió, podría encontrarse el verdadero carácter de la persona. El que busca amigos justos debe probarlos para averiguar si son verdaderamente dignos.

El periscopio esta vez es una pieza de una sección más grande que aborda asuntos de integridad y amistad. Uno tiene que escoger amistades cuidadosamente. El hablar indica la disposición del corazón humano. Cuando uno está callado es difícil discernir lo que reside ahí dentro. Sin embargo, el habla revela a la persona inmediatamente.

Sira fue honrado en la iglesia primitiva como una guía para la vida. Todavía tiene ese poder.

¿Qué necesitas para confiar en los demás? ¿De qué manera es diferente probar a otros a criticarlos?