Segunda Lectura

Domingo 29 del Tiempo Ordinario -C

Segunda Lectura: 2 Timoteo 3, 14 - 4,2

El buen maestro

Un motivo principal en la carta de hoy a Timoteo es la primacía del anuncio de la Palabra de Dios en la misión apostólica. Esto exige fidelidad al Evangelio por parte de todos los creyentes.

La Palabra de Dios siempre se transmite en una comunidad de creyentes. Se transmite de creyente a creyente.

Abraham Heschel dijo una vez que no hay pruebas para la existencia de Dios, sólo hay testigos. Por lo tanto, es la experiencia y revelación de Dios de la comunidad la que se transmite a través de la palabra inspirada de Dios y, por lo tanto, a todos los creyentes a través de la transmisión de esa palabra de la comunidad y de persona a persona. Pablo da fe de la importancia de la palabra transmitida primero desde sus orígenes hebreos en el Antiguo Testamento, luego llevada a cabo en el Nuevo Testamento y adelantada en la tradición viva de la iglesia.

Pablo afirmaba la Palabra que los antepasados de Timoteo le habían transmitido fielmente. Ya que de niño Timoteo no había sido cristiano, Pablo estaba dando crédito a la autenticidad de las Escrituras hebreas (OT) y a su continuidad con el Nuevo Testamento.

Pablo le recordó a Timoteo que había recibido la palabra de niño. La palabra le fue transmitida por su abuela Lois y su madre Eunice – 2 Tim 1:5. Se nos pide que recordemos y reverenciemos los esfuerzos de evangelización de todas las madres y abuelas que nos han precedido. ¿Cuántos de nosotros hemos abrazado una fe viva mientras nos balanceamos en los regazos de nuestros antepasados maternales? Pablo es el predicador modelo de las buenas noticias. Transmitió la palabra con su vida. Estamos llamados a la misma vocación.

¿Quién era tu profesor favorito? ¿Qué impacto tuvo en tu vida?

14 Tú, en cambio, quédate con lo que has aprendido y de lo que estás seguro, sabiendo de quiénes lo recibiste. 15 Además, desde tu niñez conoces las Sagradas Escrituras. Ellas te darán la sabiduría que lleva a la salvación mediante la fe en Cristo Jesús. 16 Toda Escritura está inspirada por Dios y es útil para enseñar, rebatir, corregir y guiar en el bien. 17 Así el hombre de Dios se hace un experto y queda preparado para todo trabajo bueno.

Predica la palabra

4,1 Te ruego delante de Dios y de Cristo Jesús, juez de vivos y muertos, que ha de venir y reinar, y te digo: 2 predica la Palabra, insiste a tiempo y a destiempo, rebatiendo, reprendiendo o aconsejando, siempre con paciencia y dejando una enseñanza.

La Biblia Latinoamericana

3:16 Este versículo se cita a menudo para mostrar la autoridad suprema de las Escrituras. Sin embargo, cuando se lee en contexto, el versículo sólo demuestra la función de las Escrituras en la comunidad. Era útil difundir las Buenas Noticias.

Cuando 2 Timoteo fue escrito, el mensaje cristiano era proclamado en las esquinas y mercados. El evangelista se enfrentaba con frecuencia a un público hostil (especialmente de competidores cristianos, sinagogas judías). Muchas veces, la escena se convirtió en una batalla apologética. El conocimiento de las Escrituras hebreas era necesario para defender la posición cristiana y para avanzar en su dinamismo entre los judíos y sus simpatizantes.

Y, obviamente, el conocimiento de la Biblia también era útil en la instrucción de los neófitos.

¿Cuáles son las cualidades de un buen maestro? ¿Una manera paciente pero directa, a través del conocimiento del tema y una pasión interior por lo que se enseña? En estos pocos versículos, el autor animó a su alumno a convertirse en el buen maestro.

El autor primero instó a Timoteo a permanecer firme en su fe y en la tradición que aprendió. Esto aseguraría su integridad personal. Aprendió esa fe de su mentor, pero tenía conocimiento de las Escrituras desde una edad temprana. Ambos lo asegurarían en el trabajo que haría. Al final, el autor encargó a su alumno que se convirtiera en el buen maestro: proclama la Buena Nueva, permanece siempre fiel y enseña con paciencia y dirección clara.

Imagínate en los zapatos de Timoteo. ¿Qué te diría tu mentor cristiano? Apuesto a que diría lo mismo que has leído. Sé fuerte en tu fe. Utiliza todas las herramientas a su disposición. Obtén la atención de tus alumnos y mantenlos enfocados en su mensaje. Ten un aguante paciente.

Estas son las cualidades de un buen maestro y buen evangelista.

¿En qué parte has enseñado la fe a los demás? ¿Sentiste que tuviste éxito? ¿Por qué o por qué no?