Segunda Lectura

Domingo 26 del Tiempo Ordinario -C

Segunda Lectura: 1 Timoteo 6, 11-16

Esta lectura, una continuación de la correspondiente al Domingo Veinticinco, está particularmente interesada “en el ahora de la vida cristiana y su orientación consciente hacia la manifestación del Señor. Lidia con el cómo viviremos en el reino de Dios. A él honor y poder por siempre jamás. ¡Amén!

11 Pero tú, hombre de Dios, huye de todo eso. Procura ser religioso y justo. Vive con fe y amor, constancia y bondad. 12 Pelea el buen combate de la fe, conquista la vida eterna a la que has sido llamado y por la que hiciste tu hermosa declaración de fe en presencia de numerosos testigos. 13 Ahora te doy una orden en presencia del Dios que da vida al universo entero, y de Cristo Jesús, que dio su magnífico testimonio ante Poncio Pilatos: 14 guarda el mandato, presérvalo de todo lo que pueda mancharlo o adulterarlo hasta la venida gloriosa de Cristo Jesús, nuestro Señor. 15 A su debido tiempo Dios lo manifestará, el Bienaventurado y único Soberano, Rey de reyes y Señor de señores 16 Al único inmortal, al que habita en la luz inaccesible. a quien ningún hombre ha visto ni puede ver, a él honor y poder por siempre jamás. ¡Amén!

La Biblia Latinoamericana

Las posesiones de sí mismas no son malas; vienen de Dios y son un don de Dios. Sin embargo, no deben consumirnos, ni llenarnos de autoimportancia. Deben ser utilizados para el beneficio de los demás.

La noble profesión de fe que todos hicimos tuvo lugar en presencia de muchos testigos en la comunidad eclesial en el bautismo. Nuestro bautismo está arraigado en las virtudes enumeradas al principio de este extracto.

Nuestro bautismo nos faculta para vivir la vida cristiana de la manera descrita en la lectura de hoy. Nuestra propia profesión de fe y la profesión de Cristo ante Pilato nos recuerdan que debemos perseverar hasta el fin de nuestra misión terrenal.

La sección final de este extracto termina con lo que podría haber sido un hermoso himno litúrgico en alabanza al bendito e inmortal Rey de Reyes y Señor de Señores. Esta exclamación de fe nos recuerda nuestra meta y nuestra esperanza: la vida eterna con el Santo de Israel.

El cristianismo tiene un componente social y uno espiritual (dos aspectos entre muchos). El componente social tiene demandas conductuales. El componente espiritual tiene exigencias relacionales. Si empujas el aspecto social demasiado lejos, el cristianismo se convierte en un fenómeno puramente cultural. Los domingos se convierten en un tiempo para socializar con los amigos de la comunidad – en el templo y recibir elogios calurosos desde el púlpito. Si empujas el componente espiritual demasiado lejos, el cristianismo pierde su carácter claramente comunal. Los domingos se convierten en un tiempo exclusivamente para "mi y Jesús". En cada extremo, los componentes son reemplazados con compartimientos, como si existiese una separación entre la ética cotidiana y la espiritualidad. Mi tiempo con los demás y mi tiempo con Dios son distintos y nunca, nunca se interceptan.

El autor de 1 Timoteo no aceptaba, ni siquiera concebía tal compartimentación. De hecho, insistió que las responsabilidades del bautismo incluían componentes sociales y espirituales, la caridad y la fe. Tal mezcla de la espiritualidad y la ética era un signo seguro de que los cristianos tenían una comprensión firme sobre la gracia, lo mismo a lo que estaban llamados, y confesaban los seguidores de Jesús. El regalo de Dios era el estándar al que aspiraba el creyente y era la motivación hacia el estándar. El autor utiliza una metáfora atlética, – pelea el buen combate de la fe, hace hincapié en el estilo de vida cristiana como una lucha en gracia, por la gracia.

¿Cuál es el juego final de esa lucha? Los versos 6:13-16 expresan la meta en una fórmula del credo. El Dios viviente estaba activo en la salvación para todos. Y Jesucristo, cuyo juicio y muerte fue un testimonio para el Imperio Romano – simbolizado por Poncio Pilatos, volvería en gloria para revelar a su Padre como el "Rey de Reyes" y el Señor de Señores – los títulos que Roma insistía pertenecían al emperador. En un ambiente cultural y político que exigía lealtad al César, el autor alentaba a Timoteo para hacer su compromiso espiritual tan éticamente puro como fuera posible, de manera que su evangelización pudiera ser eficaz. ¿Cómo podría un seguidor convencer a un foráneo que Cristo era más importante que el emperador? Solamente viviendo un estilo de vida altamente moral como una manera de vivir lo que se cree.

Muy bien, ¡somos cristianos! Ahora ¿qué? El autor nos da la respuesta. Vivir una vida de fe sin reproches, amar a otros como una manera de evangelizar. Hacer lo que es correcto como una señal que nos indica el camino al Reino.

¿Cómo mides el reto planteado en 1 Timoteo 6? ¿De qué manera puedes orar a Dios por ayuda para perseverar viviendo el reto?