Primera Lectura

Domingo 22 del Tiempo Ordinario -C

Primera Lectura: Sirácides 3:17-18, 20, 28-29

Sirácides es un libro de instrucciones sobre el diario vivir de una disciplinada vida moral.

El pericopio de hoy inmediatamente establece el tono para escuchar el pasaje. El autor identifica al lector como “mi hijo.” Tal término está cargado de significado. Es una invitación para adoptar una actitud de atención y humildad – la actitud de un discípulo – hacia el que habla. Esta postura de humildad es la virtud más deseada de Sirach. En contraste con la humildad está el orgullo, el pecado más mortal. La humildad significa orar en serio, “más de ti, Señor, y menos de mí.” Sirach está dando una lección de humildad; he aquí la razón de este periscopio. Está relacionado directamente con el Evangelio. La humildad es el acto último de fe en el que el creyente abandona el yo a la voluntad y al cuidado de Yahveh.

Dulzura y humildad

17 Hijo mío, actúa con tacto en todo, y serás amado por los amigos de Dios. 18 Mientras más grande
seas, más debes humillarte; así obtendrás la benevolencia del Señor.

20 Porque si hay alguien realmente poderoso, ése es el Señor, y los humildes son los que lo honran.

28 No hay remedio para la miseria del orgulloso: el mal ha echado raíces en él.
29 El hombre sabio medita las máximas en su corazón; todo lo que el sabio desea es hallar a alguien que lo escuche.

La Biblia Latinoamericana

En la historia de Israel, la humildad es considerada una apertura a la grandiosidad de Yahveh. El humilde alaba y da gracias a Yahveh quien provee para todas sus necesidades.

En una época de constante cambio cultural, ¿dónde encuentra alguien sabiduría duradera? Sirach escribió estos versos para guiar a sus lectores a través de los tiempos inciertos.

Como una provincia del Reino Sirio en 180 a. C., Judea se enfrentó a un Egipto beligerante en el sur. Al mismo tiempo, el creciente poder de Roma emergía desde el oeste, amenazando el Reino. El rumor, las luchas y la intriga política eran rampantes en Siria; las secuelas políticas desgarraban Jerusalén. Era un momento para que el orgulloso y el ambicioso aprovecharan el día.

Pero Sirach aconsejó humildad en los asuntos diarios. ¿Por qué? Porque el orgullo y la ambición tienden a pasar por alto los detalles sutiles de la vida y las relaciones. El orgullo lo hace a uno parecer más importante de lo que él o ella son, realmente. Al final, los soberbios son derribados. La ambición coloca el poder en las arenas políticas o sociales donde el poder erosiona rápidamente. Ni el orgullo ni la ambición pueden construir ninguna cosa de valor duradero.

La humildad, por otra parte, le da a uno un verdadero sentido de lugar. Le recuerda a uno su condición como criatura ante Yahveh y la igualdad ante otros. [3:17-18] La humildad le ayuda a uno a aceptar las cargas de la vida, esas limitaciones personales y las situaciones de la vida que no parecen tener explicaciones racionales. [3:20]. La humildad nos enseña una apertura de mente y corazón para aprender de los demás. [3:28]. Finalmente, la humildad permite caminar en los zapatos de los demás y actuar con compasión, especialmente con los pobres. [3:29]

Como una virtud, la humildad se ejecuta en el núcleo del carácter. No es una máscara que nos ponemos como un medio de auto degradación social o un medio de ascenso social. La verdadera humildad es simplemente para saber cuál es nuestro lugar en el mayor esquema de las cosas. Es para que nosotros mismos miremos a través de los ojos de Dios y amorosamente aceptemos lo que vemos. Este conocimiento y auto aceptación nos dan medios seguros para sobrevivir tiempos de incertidumbre.

¿Cómo puedes ejercer humildad en tu trabajo y en tu casa? ¿Cómo es sabia esta práctica de la humildad?