Primera Lectura

Domingo 15 del Tiempo Ordinario -C

Primera Lectura: Jeremías 38, 4-6. 8-10

El evento que dirige este periscopio tiene que ver con el encuentro entre Jeremías y Sedecías durante el sitio de Jerusalén en 588-587 a.C. Sedecías fue uno de los últimos reyes de Juda. Fue una marioneta, débil y encorvado bajo el control de Babilonia. Él tontamente creía que podía crear una revuelta contra sus poderosos Señores y vivir para contar acerca de la misma. Cuando Jerusalén estuvo bajo ataques, Sedecías preguntó a Jeremías cuál sería el resultado. Jeremías no le dio la seguridad que él esperaba. Jeremías permaneció firme en su dirección: la revuelta significa suicidio. La sumisión – oración y arrepentimiento, una manera de sobrevivir.

4 Y aquellos jefes dijeron al rey: «Este hombre debe morir, porque sus discursos desalientan a los combatientes que quedan en esta ciudad y aun a todo el pueblo. Es evidente que este hombre no busca nuestro bien, sino que trata de perdernos.» 5 Sedecías respondió: «Ahí lo tienen, pues el rey nada puede contra ustedes.» 6 Entonces se apoderaron de Jeremías y lo echaron al pozo de Melquías, hijo del rey, situado en el patio de la guardia, bajándolo con cuerdas. En el pozo no había agua, sino puro fango, y Jeremías se hundió en el fango.

8 Salió del palacio y fue al encuentro del rey, que estaba sentado a la Puerta de Benjamín y le habló en estos términos: 9 «¡Oh, mi señor!, esos hombres han procedido muy mal con el profeta Jeremías. Lo han echado en el pozo, donde va a morir.» 10 Entonces el rey ordenó al etíope: «Toma tres hombres y saca a Jeremías del pozo antes de que muera.»

La Biblia Latinoamericana

Entre el 588 y el 587 a. C., el ejército babilonio puso sitio a Jerusalén. El primer asedio finalizó con la retirada a finales del año 588 o principios del 587. Pero el ejército regresó y conquistaron la ciudad en Julio del año de 587. Estos versos informan del clima político en la ciudad durante este tiempo.

Como un profeta que no formaba parte de la corte real, Jeremías fue el crítico principal del rey Sedecías, y la gente escuchaba su diatriba. En 37:3-10, Sedecías envió oficiales de la corte para apaciguar a Jeremías, pero ellos fueron rechazados con una predicción de desastres. En 38:4-6, los príncipes tomaron la revancha. Dado que el rey no les permitiría que asesinaran al profeta [4-5], lo bajaron a un pozo seco para que muriera por inanición [6].

Pero Jeremías tenía amigos en altas posiciones. El eunuco de la corte, Abdemalec el etíope (un miembro de confianza de la familia real, ya que él vigilaba el harén del rey), intercedió y convenció al rey para guardar al profeta [7-8]. La muerte del profeta podría provocar disturbios entre la hambrienta población de la ciudad, mal que el rey no podía permitirse.

Ese día, la sabiduría prevaleció sobre los celos de los políticos. Pero no puede perderse el paralelismo entre Jeremías y Jesús. Ambos predicaron un cambio moral y una renovación religiosa. Ambos ataron su predicación con la amenaza de la ira de Dios. Ambos sufrieron por su mensaje.

Nos enfrentamos a ese desafío que Jeremías y Jesús previeron ante su audiencia. ¿Cuándo podemos nosotros dejar de lado nuestra propia rabia mezquina para ver el bien mayor? ¿Cuándo dejamos nuestro comportamiento egoísta para trabajar por el tratamiento justo a los demás?