Domingo 07 de Agosto del 2022

«Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros, como loesperamos de ti» (Sl 32, 22).

Vida de fe a la espera de la patria celestial: tal podría ser la síntesis de la Liturgia de este día.

Primera Lectura

A partir de un breve fragmento del libro de la Sabiduría(18, 6-9) que recuerda la fatídica noche de la liberación del pueblo elegido. Noche de luto y exterminio para los egipcios, que, habiendo rechazado la palabra de Dios, anunciada por Moisés, vieron perecer a sus primogénitos; noche de alegría y libertad para los Hebreos, que habiendo creído en las promesas divinas, fueron respetados e iniciaron la marcha liberadora hacia el desierto donde Dios los esperaba para estipular con ellos su alianza. La fe o la falta de ella deciden la suerte de esos dos pueblos, y mientras se abate la ruina sobre los incrédulos, viene la salvación sobre los creyentes. Toda la historia del pueblo hebreo elegido por Dios como pueblo «suyo», está tejida sobre la trama de la fe.

Salmo

Señor, te pido una fe nueva, viva, profunda... Mi alma, más dura que una piedra, más insensible que el acero, más árida que el desierto, está ávida de beber a grandes sorbos esta ola de fe y de amor..., ya que es de fe de lo que necesito, y de amor y caridad, porque mi alma está fría; y este entusiasmo y esta fe me los ofrecerá la Virgen santa, consoladora de los pecadores... Así me elevaré a las esferas más altas de nuestro cristianismo... con la fe poderosa, con el corazón puro; un cristianismo como el de los tiempos de Esteban. Esto pido, Cristo Jesús, no otra cosa: fe, plenitud de fe y voluntad pura de servirte a ti y a tu Iglesia. (CANOVAI,Suscipe, Domine).

Señor, si dices que vigilemos y estemos preparados, es porque a la hora que menos lo pensemos, te presentarás tú. Así quieres que estemos siempre dispuestos al combate y que en todo momento practiquemos la virtud. Es como si dijeras: Si el vulgo de las gentes supieran cuándo había de morir para aquel día, absolutamente, reservarían su fervor. Así, pues, para que no limiten su fervor a ese día, no revelas ni el común ni el propio de cada uno, pues quieres que te estemos siempre esperando y seamos siempre fervorosos. De ahí que dejaste también en la incertidumbre el fin de cada uno. Sabiendo que has devenir infaliblemente, haz que vigilemos y estemos preparados, a fin de que no nos lleven desapercibidos de este mundo.

Señor, tú exiges de tu siervo prudencia y fidelidad. Lo llamas «leal., porque no sisó nada ni nada dilapidó vana y neciamente de los bienes de su señor; lollamas «prudente., porque supo administrar como debía lo que se le había confiado. Haznos también a nosotros, Señor, siervos leales y prudentes, para queno usurpemos nada de cuanto te pertenece y administremos convenientemente tus bienes. (Cfr. S. JUAN CRISOSTOMO, Homilías sobre San Mateo, 77, 2,3).

Segunda Lectura

Se continúa el tema en la segunda lectura (Hb 11, 1-2. 8-19)) donde S.Pablo bosqueja con singular maestría la gran figura de Abrahán, el padre de los creyentes. Toda la vida del patriarca está acompasada por su fe magnífica. Por la fe obedece a Dios, deja su tierra y parte hacia un destino no precisado. Por la fe cree que aunque enervado ya por los años, tendrá un hijo de la anciana Sara. Por la fe no vacila, a un mandato divino, en sacrificar a Isaac, su hijo único del que esperaba la descendencia prometida por Dios. Abrahán cree contra toda evidencia y esperanza, pensando «que Dios tiene poder hasta para resucitar muertos» (ib 19). Su conducta demuestra conclaridad que «la fe es seguridad de lo que se espera, y prueba de lo que no se ve» (lb 10).

Evangelio

También el Evangelio del día (Lc 12, 32-48) invita a la espera: «Lo mismo vosotros, estad preparados» (lb 40); prontos en la fe y en la esperanza para el día del Señor y la celestial Jerusalén. La perícopa se inicia con una promesa rebosante de ternura más que paterna: «No temas, pequeño rebaño; porque vuestro Padre ha tenido a bien daros el reino» (ib 32). Los discípulos de Jesús, aunque pocos y dispersos en medio de un mundo incrédulo, no deben temer, pues el Padre los ha constituido herederos del Reino y sobre él se apoya su certeza de alcanzarlo un día. Pero deben, como Abrahán, renunciar a las seguridades terrenas y aceptar vivir como pobres, desasidos y desarraigados, totalmente vueltos hacia el verdadero tesoro que no está en la tierra sino en los cielos. Por eso nada de preocupaciones y afanes excesivos por las cosas temporales, sino cuidar de ellas teniendo «ceñida la cintura y encendidas las lámparas; como los que aguardan a que su señor vuelva para abrirle apenas venga y llame» (ib 35-36). Sigue la parábola del administrador fiel, cuyo objeto es subrayar la grave responsabilidad de cuantos están encargados de proveer a los hermanos.¡Ay de ellos si en la espera del amo (que «tarda en llegar»(ib 45), se aprovechan de su posición a expensas de los que fueron confiados a sus cuidados. La larga espera no puede autorizar ninguna negligencia o Intemperancia.

¿Cuándo vendrá el Señor? ¿Cuándo y cómo seremos introducidos en su reino? Esto es secreto de Dios. También los cristianos, como Abrahán, deberán aguardar con fe y esperanza sin saber el cuándo o el cómo del cumplimiento de las divinas promesas.