Primera Lectura

Domingo 18 del Tiempo Ordinario -C

Primera Lectura: Eclesiastes 1, 2. 2,21-23

Eclesiastés – del griego Ekklesiastes, referido a quien convoca la ekklesia o la asamblea, es un comentario sobre la futilidad y la naturaleza transitoria de la vida. La palabra para vanidad se refiere al aliento o vapor y eso que está vacío o es transitorio. El autor del Eclesiastés era talvez alguien que predicaba o presidia sobre una asamblea. Quien haya sido, su realismo era duro y deprimente. Él reconocía que cuando todo está dicho y hecho, todo lo que uno hace en la vida no tiene sentido. El autor estaba lamentando el hecho de que la vida no tiene valor. Solamente Dios da sentido a la vida.

Algunos eruditos sugieren que Eclesiastés es el libro más cristiano de todo el Antiguo Testamento porque demuestra cómo es la vida fuera de Yahveh. Aparte de Yahveh la vida humana no significa nada.

Vanidad y Fe - El eterno retorno: ¿para qué?

2 ¡Esto no tiene sentido!, decía Qohelet,
¡esto no tiene sentido, nada a qué aferrarse!

21 después de haber trabajado con inteligencia, sabiduría y habilidad, uno tiene que dejárselo todo a otro que nada ha hecho.
22 ¡Muy pésimo negocio es ése: todo se nos escapa! ¿Cómo gozará el hombre de todo aquello por lo cual ha trabajado bajo el sol,
en medio de tantas fatigas y preocupaciones?
23 Pues todos sus días han sido penosos, a tal punto que perdía el sueño y aún de noche su corazón no descansaba. Eso es algo
que no tiene sentido.

La Biblia Latinoamericana

Si la vida no es más que vanidad, ¿por qué tener fe? No todos los actos de bondad son recompensados; el mal a veces queda impune. Existe la tentación de ser indiferente a Dios, a renunciar en el mundo y a vivir de forma egoísta. Después de todo, es más fácil vivir el día a día y dejar las consecuencias hasta mañana.

El autor del Eclesiastés vio una cierta futilidad en la vida y la tentación de renunciar. Cuando se escribió este libro de la sabiduría, él vivía un mundo sin cambios. El medio ambiente, la cultura y la vida cotidiana se mantenían igual de generación en generación. Nada que hiciera la gente, él razonaba, cambiaría el mundo para mejor.

¿Por qué escribiría el autor del Eclesiastés un ensayo tan deprimente sobre la vida? Para desafiar al lector a una búsqueda espiritual más profunda, las personas nunca serán capaces de dominar completamente el mundo, de explicar los misterios de la vida, de justificar su propia existencia. Por lo tanto, la gente tiene una elección: ser egoísta y cínico, o llegar a Yahveh. Cuando alguien se dirige a Yahveh, no da su espalda al mundo; sólo mira el mundo con nuevos ojos y confía en una potencia mayor que es maestra del mundo, lo que puede explicar los misterios de la vida, lo que puede justificar su existencia. A través de los ojos de Dios, sostienen los creyentes, la vida tiene un significado, un propósito.

A diferencia del autor, vivimos en un mundo de constante cambio y elección. Pero nos encontramos con las mismas preguntas. ¿No son superficiales todas estas opciones y cambios? ¿No es la vida en última instancia algo sin sentido? En la tentación de renunciar, nos encontramos con otra elección, una elección radical para un significado real, para un propósito final, por Dios. Esa elección es verdaderamente importante.

¿Cómo te desafía la inutilidad de la vida? ¿Cómo desafía tu fe?