Segunda Lectura

Domingo 13 del Tiempo Ordinario -C

Segunda Lectura: Gálatas 5, 1. 13-18

La Verdadera Libertad

1 Cristo nos liberó para ser libres. Manténganse, pues, firmes y no se sometan de nuevo al yugo de la
esclavitud. 13 Nuestra vocación, hermanos, es la libertad. No hablo de esa libertad que encubre los deseos de la carne, sino del amor por el que nos
hacemos esclavos unos de otros. 14 Pues la Ley entera se resume en una frase: Amarás al prójimo como a ti mismo. 15 Pero si se muerden y se devoran unos
a otros, ¡cuidado!, que llegarán a perderse todos. 16 Por eso les digo: caminen según el espíritu y así no realizarán los deseos de la carne. 17 Pues los
deseos de la carne se oponen al espíritu y los deseos del espíritu se oponen a la carne. Los dos se contraponen, de suerte que ustedes no pueden obrar
como quisieran. 18 Pero si se dejan guiar por el Espíritu ya no están sometidos a la Ley.

La Biblia Latinoamericana

"Amarás a tu prójimo como a ti mismo" es de Levítico 19:18. Hubo un acuerdo considerable en el judaísmo que este verso abarcaba el espíritu de la ley en el primer siglo d.C.

¿Qué significa ser libre? ¿La falta de esclavitud o la prerrogativa de actuar? En estos versos, Pablo trataba de responder a estas preguntas a la luz de la gracia. La gracia nos libera. ¿Pero, de qué nos libera? ¿Qué vamos a hacer con esta libertad?

Los oponentes de Pablo insistían en que la conversión al judaísmo precedía la salvación en Cristo. Porque solamente los judíos podrían salvarse por un Mesías Judío, y la salvación sólo podría realizarse en una vida fiel a la ley.

Pablo rechazó esta lógica. Porque la salvación era universal, se requería sólo la fe en Cristo. Esto significaba que Dios actuaba más allá de la ley, para que la gente estuviera libre de sus deberes. Se podrían dar cuenta de que eran aceptables a Dios a través de una relación de fe en él. Seguir las reglas simplemente, no era suficiente para que las personas pudieran justificarse a sí mismos. Necesitaban confiar en Dios.

La confianza en Dios era una experiencia liberadora, nunca más un creyente era aceptado por obligación. Él o ella podían actuar en función de un interés diferente. ¿Pero era ese interés egoísta (es decir, los deseos de la carne)? ¿O bien, era ese interés el del espíritu? La pregunta más allá de la salvación era sencilla, ¿para quién vivía el creyente?

Pablo plantea estas preguntas en el contexto de la Comunidad. La vida en el espíritu significa una vida de servicio para otros, donde los intereses de ellos eran iguales a los propios. Cuando el interés egocéntrico era la motivación principal, sin embargo, la vida cristiana en la comunidad padecía. De hecho, la autodestrucción, el chisme y la calumnia podían devorar una comunidad, tal como implicaba la analogía caníbal de Pablo. El interés propio puro y el espíritu se oponen uno al otro, porque, el puro interés egoísta era la raíz del pecado. Pero, la vida en el espíritu era entregarse uno mismo, al igual que Cristo se entregó a sí mismo en la Cruz.

La ley sólo define el mal, no es el origen del mal. Los cristianos estamos libres de la ley, pero no de la influencia del pecado. Pero la salvación es mucho más que la libertad de las normas y reglamentos, es la vida en el espíritu de Dios. Porque con el espíritu, podemos ver y actuar de manera que trascienden nuestra limitada naturaleza humana. Podemos ver y actuar por el bien de los demás, somos libres de ser para otros.

¿De qué manera la vida en el espíritu te ayudó a vivir para otros?