Segunda Lectura

Domingo 12 del Tiempo Ordinario -C

Segunda Lectura: Gálatas 3, 26-29

Herederos de la Promesae

26 Ustedes están en Cristo Jesús, y todos son hijos de Dios gracias a la fe. 27 Todos se han revestido
de Cristo, pues todos fueron entregados a Cristo por el bautismo. 28 Ya no hay diferencia entre judío y griego, entre esclavo y hombre libre; no se hace
diferencia entre hombre y mujer, pues todos ustedes son uno solo en Cristo Jesús. 29 Y si ustedes son de Cristo, también son descendencia de Abrahán y
herederos de la promesa.

La Biblia Latinoamericana

En estos pocos versos, Pablo resumió su argumento en contra de sus oponentes. Los enemigos de Pablo insistían en que la salvación llegó primero a través del judaísmo y, luego, a través de Cristo. En otras palabras, uno tenía que ser un judío (es decir, circuncidado) con el fin de convertirse en un cristiano. Después de todo, Jesús era judío, y sus primeros seguidores eran judíos.

Como cualquier judío, Pablo remonta la salvación de Dios inherentemente a las promesas que hizo a Abraham. Los descendientes y la tierra que Dios le dio a Abraham iban a ser como Dios, eterno. Pablo y sus oponentes estaban de acuerdo sobre este punto. Pero, ¿cómo se llevaría esto a cabo? Ellos estaban duramente divididos sobre esta cuestión. Los oponentes de Pablo abogaban por el ritual judío y la obligación del Torá. Pablo abogaba por la fe. El planteó su caso en Gálatas 3:6: " Acuérdense de Abrahán: Creyó a Dios, que se lo tomó en cuenta y lo consideró un justo." Pablo implicaba que, antes de que Abraham pudiera seguir los mandamientos de Dios, necesitaba confiar en Dios. Y, puesto que la confianza en Dios precedía a la obediencia a sus edictos, la confianza era el medio por el cual Abraham se daba cuenta de su lugar como elegido de Dios. Para Pablo, la justificación estaba basada en la fe, no en la obediencia a los mandatos de Dios.

Sin embargo, observe que Pablo tomó el argumento un paso más lejos. La unidad con Cristo era el conducto de las promesas. Pablo supone un argumento de forma explícita en otros lugares: por estar sin pecado, Jesús obedeció la ley perfectamente. Por lo tanto, él era el verdadero heredero de las promesas a Abraham: el pueblo eterno con una tierra imperecedera. Cuando alguien era bautizado en Cristo, moría a sí mismo y resucitaba con él a una nueva vida. Parte de esa nueva vida es un compartir en el Cristo impecable y, así, comparte como un heredero en las promesas de Dios. En Cristo, tanto judíos como no-judíos eran hijos de Abraham, así mismo hijos de Dios. Como "Semillas de Abraham", los cristianos eran parte de un pueblo eterno que viviría en un lugar eterno con Dios.

No importa el estatus que los Cristianos tuviesen en la sociedad, ellos eran los mismos en Cristo. ¿Por qué?, debido a que compartían la misma relación de confianza con Dios que tuvo Abraham. Si la fe había justificado a Abraham, justificaría al seguidor.

Puede que Pablo haya comprimido y asumido ciertos pasos en sus argumentos; pero, comprendió sus consecuencias. La confianza en Cristo abrió la puerta a la salvación. Esta fe nos hace herederos de las promesas de Dios.

¿Cómo te ha ayudado tu confianza en Cristo en la vida? ¿Cómo te ha dado esta fe una nueva perspectiva?