Cuarto Domingo de Adviento -B

Segunda Lectura: Romanos 16:25-27

¿POR QUÉ ALABAR A DIOS?

25 ¡Gloria a Dios, que tiene el poder de afianzarlos, según la Buena Noticia que yo anuncio, proclamando a Jesucristo, y revelando un misterio que fue guardado en secreto desde la eternidad 26 y que ahora se ha manifestado! Este es el misterio que, por medio de los escritos proféticos y según el designio del Dios eterno, fue dado a conocer a todas las naciones para llevarlas a la obediencia de la fe. 27 ¡A Dios, el único sabio, por Jesucristo, sea la gloria eternamente! Amén. Biblia de Jerusalén

Pablo escribió su famosa carta a la iglesia romana un tiempo entre el 55 y 58 D.C. Las diferencias entre los cristianos y los judíos causaron que ambos grupos fueran echados del capitolio en el 49 D.C., por Claudio (Hechos 18:2). Nerón levantó la prohibición en el 54 D.C. Solamente podemos asumir que la comunidad en Roma era vigilada por oficiales imperiales y era rechazada por los líderes Judíos. De ahí que los seguidores se sintieran aislados.

Pablo escribió su carta, en parte, para defender su posición que la salvación universal vino de los judíos. Pero esa creencia no restringía a que los gentiles llegaran a ser judíos. Creer en Dios y en Cristo abrió las puertas para tal salvación; no la simple obligación al Tora. Podemos asumir que Pablo usó la lógica teológica para defender una práctica que ya eran común en las iglesias de ese tiempo: permitiendo el compañerismo entre cristianos judíos y gentiles neófitos.

Estos tres versículos constituían la alabanza final (o doxología) en la carta. Puesto que esta alabanza podía ser encontrada en diferentes lugares en diferentes manuscritos antiguos, ha habido especulación entre algunos doctores bíblicos sobre la verdadera longitud de la carta. Sin embargo, estos versículos crean un fin formal que indicaba que la carta era para ser leída (y re-leída) en un ambiente litúrgico.

Los versículos en realidad forman una oración larga. El verbo de la oración está ausente, pero entendiéndose como el “ser o estar” (encontrado en 16: 27 como "(sea) la gloria"). La persona que recibía la gloria era Dios (“al UNO” en el 16:25 y “el único –Dios- sabio” en 16:27).

¿Por qué debía Dios recibir Gloria? Porque fortalecía a los fieles romanos en tres formas: Primero, él les dio fortaleza por medio del mensaje de Pablo (literalmente “las buenas nuevas”) y su prédica. Puesto que no hay indicación que Pablo haya puesto pie en Roma antes que su carta fuese escrita, solamente podemos asumir tres posibilidades: Pablo se refería a su trabajo misionero en las provincias del este del Imperio. O, Pablo se refería al mensaje consistente que predicaba en el camino. O, el apuntaba al mensaje escrito en su misma carta. Por supuesto, él pudo haberse referido a las tres [16:25]

Segundo, Dios fortalecía a la comunidad revelando su voluntad de una manera que fue ocultado en el pasado. Obviamente, él quiso decir la presencia del Mesías. [16:26a]

Tercero, Dios fortaleció a la comunidad por la relación que él esperaba que cada uno tuviese con él, en la formación de la fe. Habiendo confiado en Dios automáticamente coloca al creyente en una posición de obediencia. Yo obedezco a Dios. ¿Por qué? Porque Yo tengo confianza en él. Pablo apuntaba a la relación íntima escrita por los profetas como una relación construida en la fe. Implícitamente, esta obediencia construida en la fe formó a las primeras comunidades cristianas. [16:26b] Esta es la misma relación que Dios espera de nosotros.

Dios nos llama a alabarle por las mismas razones que Pablo dio: Dios nos fortalece con su palabra en las Escrituras. Él está presente en nosotros en una manera que revela “los misterios escondidos en el pasado.” Esta es la razón por la cual los cristianos Ortodoxos llaman a la Eucaristía “los Misterios Divinos” y, él nos fortifica con el don de la fe encontrada en una relación con él y en compañerismo con otros cristianos.

¿Por qué alabar a Dios? Por los dones que él nos ha dado. Quizás usemos las Escrituras, su gracia, y el compañerismo como fuentes de fortaleza, no como parte del campo cristiano que tomamos por concedido.

¿Cómo usas los tres dones que Dios te ha dado? ¿Has alabado a Dios por esos dones?