Cuarto Domingo de Adviento -B

Evangelio: Lucas 1, 26-38

EL HONOR DE DIOS

En nuestro mundo multicultural, multigeneracional, los valores están atados a conflictos. Lo que un grupo sostiene como queridos, otro lo desecha. Lo que uno muestra con orgullo, otro lo esconde con vergüenza. No hay una medida consistente con el contenido y el origen del honor. ¿Qué es valorado, y quién lo valora? ¿Cuál es tu mayor valor? ¿La reputación? ¿La riqueza? ¿El poder? Imagínate que alguien te pide que renuncies a algo de mucho valor para ti, por algo de mayor valor. En un pequeño pueblo Judío, a una joven se le pide renunciar a su reputación por un honor más grande. El favor de Dios, y ella acepta.

26 En el sexto mes, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, 27
a una virgen que estaba comprometida con un hombre perteneciente a la familia de David, llamado José. El nombre de la virgen era María. 28 El Ángel entró
en su casa y la saludó, diciendo: « ¡Alégrate!, llena de gracia, el Señor está contigo». 29 Al oír estas palabras, ella quedó desconcertada y se
preguntaba qué podía significar ese saludo. 30 Pero el Ángel le dijo: «No temas, María, porque Dios te ha favorecido. 31 Concebirás y darás a luz un
hijo, y le pondrás por nombre Jesús; 32 él será grande y será llamado Hijo del Altísimo. El Señor Dios le dará el trono de David, su padre, 33 reinará
sobre la casa de Jacob para siempre y su reino no tendrá fin». 34 María dijo al Ángel: « ¿Cómo puede ser eso, si yo no tengo relaciones con ningún
hombre?». 35 El Ángel le respondió: «El Espíritu Santo descenderá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra. Por eso el niño será Santo
y será llamado Hijo de Dios. 36 También tu parienta Isabel concibió un hijo a pesar de su vejez, y la que era considerada estéril, ya se encuentra en
su sexto mes, 7 porque no hay nada imposible para Dios». 38 María dijo entonces: «Yo soy la servidora del Señor, que se cumpla en mí lo que has dicho».
Y el Ángel se alejó.

La Biblia Latinoamericana

1:27 La palabra “desposada” es preferida a “comprometida” puesto que el matrimonio era arreglado. El compromiso implicaba que la pareja era quien tomaba la iniciativa en el matrimonio, no los padres.

1:28 "Alégrate. . ." era el saludo típico griego de los tiempos; sin embargo, podía ser interpretado como una orden de recibir las Buenas Nuevas. Gabriel obviamente anunciaba que María era honrada por Dios.

El Cuarto Domingo de Adviento marca la tercera proclamación de las Buenas Nuevas en este año litúrgico.

Lucas tiene una imagen del mundo diferente a la de sus contemporáneos. Mientras el evangelista era muy educado –reflejado en su griego de clase alta, bien escrito, su preocupación descansaba en los rechazados. Lucas vio una sociedad de desamparados –los indigentes, los desclasados, y los pecadores reformados, como gente verdaderamente honorable a la vista de Dios. En este sentido, Lucas pintaba a los desamparados como hijos de Dios; este ícono rompía cualquier estándar de la “buena” sociedad. Los pobres, los desclasados, y los pecadores debían ser puestos en el pedestal, porque ellos eran propiedad de Dios.

Lucas puso en contraste dos caracteres en el Primer Capítulo para llegar al punto. En Lucas 1:5-25, el arcángel Gabriel proclamó las Buenas Nuevas a Zacarías, padre del Bautista. Él era un sacerdote del templo encontrando a Dios justamente en el lugar donde los judíos creían que moraba Dios, el Templo de Yahveh en la Ciudad de David. Ver Isaías 6 sobre el clásico encuentro en el Templo. Como hombre que conocía la Ley enteramente, y como un sacerdote en el acto de adoración divina, Zacarías simbolizaba el judaísmo en acción. Aunque, cuando las Buenas Nuevas de Dios le son dadas, el falla en creer en el poder del Altísimo. El sería el padre de un gran profeta, el que haría los preparativos para el Mesías. Por su actitud de incredulidad, Zacarías enmudeció. El no sería el instrumento de proclamación. Dios haría uso de otra persona.

Luego, el arcángel se aproxima a una doncella para proclamar las Buenas Nuevas. Para Lucas, el evangelio no empieza en el lugar apropiado –el Templo de Jerusalén, y con la gente –la jerarquía del judaísmo representado por el sacerdote, que todos esperaban. No, el evangelio empieza en un lugar –un pueblo remoto detestado por los habitantes cosmopolitas de Jerusalén, y a una persona –una jovencita menor de edad, como llamamos en estos tiempos, que nadie esperaba.

Consideremos el lugar de las jovencitas como María en el orden social acunado en la Palestina del primer siglo. En una sociedad segregada por sexo, dominada por los machos, señoritas como María eran protegidas del mundo exterior, a fin de proteger su virginidad asegurando así el honor de la familia. No era raro que los familiares de jóvenes promiscuas o violadas, les dieran muerte; la razón para tales asesinatos era el honor de la familia. Era inconcebible que las jóvenes pudieran guiar al pueblo en tales funciones públicas como era la adoración en el templo.

En adición al honor de la familia, las jóvenes no eran educadas. La formación educativa era para los hombres, las señoritas no recibían educación. Las mujeres eran consideradas muy inferiores y emocionales para la formación escolar. ¿Cómo era posible supiese las Escrituras como Zacarías? Recuerden que las mujeres no tenían derechos en la sociedad Antigua; ellas eran tratadas como objetos. Las jóvenes simbolizadas por María estaban en el piso inferior de la sociedad.

Cuando el arcángel saludó a María, ella reaccionó en una manera social apropiada. Confrontada en privado, María se preguntaba por qué ella era saludada -las señoritas eran consideradas muy inferiores para ser saludadas. Ella también sentía temor sobre las implicaciones que el saludo conllevaba. ¿Estaban su honor y el de la familia comprometidos? [1:29] Las noticias no podían ser mejores o peores para ella. El arcángel le proponía concebir y dar a luz eso que podía arruinar su ya arreglado matrimonio con José y poner su vida en riesgo. De acuerdo a Deuteronomio 22:20-21, una chica que no eran virgen antes del matrimonio podía ser apedreada hasta la muerte. No es sorpresa que ella tuviese que defender su honor. [1:34]

Para solucionar la preocupación de María, el arcángel proclamó su honor ante Dios. Ella fue altamente distinguida por el Altísimo [1:28, 30]. Y su hijo sería altamente privilegiado por Dios, porque Dios le daría un título, y una relación íntima, y un poder real sobre su pueblo que no terminaría nunca. [1:32-33]. Observe que Dios le dio a ella el honor con su presencia [1:28b] y con una misión [1:31]. El Señor la honraría también a ella. El Señor también honraría a ella cuando él estuviera presente con su niño y le diera una misión. En la sociedad antigua, la mujer no podía tener el honor por ella misma; ellas podían compartir en el honor de sus maridos y sus hijos. He aquí la importancia de la conexión entre el honor de María y el de su hijo.

Gabriel anunció la concepción y nacimiento de la realeza. El niño de María sería “grande” –tanto como único en el cambio de la historia, como Alejandro el “Grande”. El sería el hijo del “altísimo” –un título para el más grande de los dioses, el más alto concepto de divinidad que alguien haya tenido. El título “Hijo de” indicaba una única e íntima relación con este altísimo Dios y un compartir en este poder de Dios. Él tendría el trono Davídico de Israel para siempre. [1:32]

Habiendo enfrentado la objeción de la virgen, el Arcángel reaseguró su honor y el de su niño. Ella encontraría –al Espíritu Santo, y recibiría la protección de su verdadero esposo, Dios mismo. La esposa viviría bajo “la sombra” de su esposo. María viviría bajo la sombra del Altísimo. Su Hijo tendría los títulos de “Santo” –en este caso, equivalente a la palabra “grande” e “Hijo de Dios.” [1:35] Observa que Dios tomó la iniciativa en su anuncio. El impregnaría a la virgen. El llamaría al hijo de ella su propio Hijo –1:32a y 1:35b.

Para reasegurar a María, el Arcángel anunció el embarazo de su pariente Elizabeth. Una mujer de avanzada edad que creía era estéril, Elizabeth podía ser comparada con Hannah, la madre ya adulta de Samuel, el último y más grande de los jueces (ver 1 Samuel 1). Si Dios podía hacer fértil lo estéril, ciertamente él podía ser padre de un rey por medio de una muchacha humilde. [1:36]

María no tenía salida. El Arcángel había levantado su honor de cara a un futuro rumor; su honor vendría de Dios, no de los humanos. Su hijo sería el Mesías; ella compartiría en su honor, y, lo imposible tomaría lugar con su pariente y su propio vientre; pero ella no accedió meramente, María proclamó su estatus de hija de Israel (Yo soy la esclava del Señor) tal como Gabriel lo proclamó cuando le anunció su concepción y preñez de Elizabeth. [1:31, 36, 38]