Tercer Domingo de Adviento -B

Evangelio: Juan 1: 6-8, 19-28

TESTIGO PERSONAL Y HONESTO

Durante los últimos veinte años, la práctica de la ley se ha convertido en un gran negocio. No solamente ha llegado a dominar la vida de económica, se ha convertido también en un entretenimiento. Observe el número de leyes publicadas, prácticas de leyes, y realidades de las cortes exhibidas en televisión. Hay incluso canales de Televisión dedicados a publicar los juicios criminales. Ahora, añádale los resúmenes de casos sobresalientes en los medios. La imagen de las cortes parece perseguirnos en cada vuelta.

Una fuerte reacción cínica ha surgido en el público Americano acerca del sistema legal. Mientras la ley gana gran visibilidad, muchos sintonizan la ley como con exceso de palabras. La ley es una voz más en la cacofonía que choca las ondas hertzianas. La verdad se pierde en la retórica, las posturas, y la estrategia de las salas de la corte.

Pero, cuando escuchamos una aseveración que repica con autenticidad, que resuena con verdad sincera, paramos en nuestro sendero y hacemos el esfuerzo por escuchar. Imagínate el efecto que Juan el Bautista tenía en su audiencia mientras el daba su testimonio sobre la verdad.

6 Apareció un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan. 7 Vino como testigo, para dar testimonio de
la luz, para que todos creyeran por medio de él. 8 Él no era luz, sino el testigo de la LUZ.

19 Este es el testimonio que dio Juan, cuando los judíos enviaron sacerdotes y levitas desde Jerusalén, para preguntarle: « ¿Quién eres tú?». 20 El
confesóy no lo ocultó, sino que dijo claramente: «Yo no soy el Mesías».
21 « ¿Quién eres, entonces?», le preguntaron: « ¿Eres Elías?».
Juan dijo: «No».
« ¿Eres el Profeta?».
«Tampoco», respondió.
22 Ellos insistieron: « ¿Quién eres, para que podamos dar una respuesta a los que nos han enviado? ¿Qué dices de ti mismo?»
23 Y él les dijo: «Yo soy una voz que grita en el desierto: Allanen el camino del Señor, como dijo el profeta Isaías». 24 Algunos de los enviados eran
fariseos, 25 y volvieron a preguntarle: « ¿Por qué bautizas, entonces, si tú no eres el Mesías, ni Elías, ni el Profeta?». 26 Juan respondió: «Yo bautizo
con agua, pero en medio de ustedes hay alguien al que ustedes no conocen: 27 él viene después de mí, y yo no soy digno de desatar la correa de su
sandalia». 28 Todo esto sucedió en Betania, al otro lado del Jordán donde Juan bautizaba.

Biblia de Jerusalén

1:7-8 "LUZ" está en mayúscula por claridad puesto que Juan obviamente se refirió a Jesús como la luz. El nombre-verbo Griego ("martyrios-matyreo" en 1:7) significa testigo. (Una nota interesante: esta combinación de nombre-verbo es la palabra raíz para mártir, el último testimonio Cristiano). Juan duplica la referencia acerca del testimonio Juan el Bautista en los versículos 7 y 8 para enfatizar el punto. Para Juan el Evangelista, el propósito de la vida de Juan el Bautista era testimoniar.

1:20 ". . . el confesó. . . “es repetitivo para dar énfasis. Juan el Bautista era claro en su negación y su negativa era verdadera.

La semana pasada, Marcos nos presenta a Juan el Bautista. El evangelista enfatizaba la proclamación de las Buenas Nuevas. Esta semana, el escritor del evangelio, Juan, vio al Bautista como un testimonio del Mesías por llegar.

¿Cuál es la diferencia entre proclamación y testimonio? Tal como vimos la semana pasada, la proclamación estaba atada a la noción del heraldo, el que grita para anunciar las noticias oficiales. El testimonio tiene una tonalidad personal y legal. Un testigo usualmente tiene una conexión personal con los eventos que él o ella se relacionan. Y, en procedimientos legales, un testigo estaba obligado a decir enteramente la verdad; él o ella no podían retener u ocultar ninguna información.

Esas dos cualidades del testimonio tenían profundas implicaciones en la cultura Antigua. Puesto que la mayoría de la gente viva en comunidades familiares y en la misma vecindad por generaciones, ellos vivían en barrios cerrados sin el lujo o derecho a la privacidad. Los miembros de la familia y los vecinos se conocían unos a otros íntimamente. Para realzar un sentido de honor y esconder cualquier detalle que les pusiera en vergüenza, la mayoría de la gente aprendía el sublime arte de la evasión, medias verdades, y la negación. Las sociedades antiguas recibían las noticias de naturaleza personal con suspicacia y desconfianza.

Juan el Evangelista presentó al Bautista como un testigo de Dios, quien hablaba las verdades eternas y un mundo de paso. Puesto que Juan escribió en imágenes contrastantes (luz y oscuridad, vida y muerte, bueno y malo), él no habría sorprendido a su lectores comparando la voluntad inmutable de Dios con nuestro mundo cambiante. Observe en los versículos 6 y 7. "Juan. . . habiendo sido enviado por Dios. . . " El participio pasado en 1:6 se refería a un tiempo en el pasado indefinido. En otras palabras, Juan fue enviado por Dios en un tiempo desconocido (mejor conocido como eternidad). “Este hombre vino para dar testimonio. . . " El verbo en pasado simple (1:7) se refería a un tiempo definido, la prédica histórica del Bautista a su audiencia. [1:6-7a]

¿Por qué predicó Juan? Hay dos razones enlistadas en el versículo 7. Primero, Juan dio testimonio acerca de la Luz de Dios, El que traería la verdad a un mundo deshonesto y oscurecido. Observe de Nuevo la manera que el evangelista miraba al mundo. El papel del Bautista era preparar a la gente para recibir la Luz que los devolvería a la luz, la bondad, la vida, etc.

Segundo, quienes oyeran el testimonio del Bautista creerían en la Luz. El testimonio del Bautista (no del hombre mismo) era un conducto de fe para los escuchas. (La frase “por El” en 1:7b se refería al testimonio de Juan; solamente Jesús podía ser el mediador de fe personal con el Padre, como 1:8 lo declaraba claramente.) [1:7b-8]

El balance de la lectura del Evangelio era el testimonio de Juan a los líderes Judíos. Seguidores de los partidos más grandes de los Judíos cuestionaban al Bautista: Los Saduceos (sacerdotes y Levitas en 1:19) y Fariseos (en 1:24). Ellos reaccionaban contra la actividad y ministerio del Bautista. Su pregunta “Quién eres tú” no era una de identificación personal, pero que significaba. ¿Qué significó la actividad del Bautista para el Judaísmo y los líderes en total? Sus preguntas reflejaban el efecto que el ministerio de Juan tenía en la población, un efecto sobre el cual los líderes no tenían control [1:19, 22]

Los líderes pudieron haber preguntado lo mismo de otra manera. ¿Dónde encaja el ministerio de Juan en el gran esquema del Judaísmo? Juan predicaba un mensaje apocalíptico. ¿Era él una figura del final de los tiempos? La creencia popular en el Judaísmo sostiene tres posibilidades: el Mesías, Elías, o un Profeta por venir. El Mesías sería un rey y sumo sacerdote, quien restauraría el Reino de Dios con adoración pura en el Templo del Señor. Puesto que Elías, el primero de los profetas, fue levantado a los cielos antes de su muerte (2 de Reyes 2:2-12), el profeta retornaría para preparar a Israel para el Mesías que llegaba (ver Isaías 40:5).

Finalmente el “Profeta” se refería a una figura mencionada en Deuteronomio 18:15-18.

En los tiempos que el Éxodo fue escrito, el Profeta se refería a Dios mismo; el encontraría una manera para comunicarse con su pueblo. Pero, en el tiempo de Jesús, el Profeta refirió a una figura escatológica quien prepararía a la gente para el Mesías. Juan hace una distinción entre el Mesías y el “Profeta” en Juan 7:40-41. Nosotros solamente podemos asumir que los contemporáneos de los evangelistas hicieron una distinción entre Elías y el “Profeta.” [1:21, 25] El Bautista respondió sus preguntas en una manera corta y enfática, como un testigo respondiendo a un cuestionamiento directo. No, el Bautista no era el Mesías, Elías, o el Profeta. [1:21] Su respuesta directa, aunque negativa, no contesta la pregunta: ¿Dónde encaja Juan? La respuesta afirmativa de Juan era enigmática y escritural. Él era la voz en el desierto proclamando la preparación de la llegada del Señor (Isaías 40:3). Juan se vistió y vivió como un profeta en el desierto (Elías). Todavía, él tenía un ministerio que invitaba a la población a un río para buscar la libertad de la esclavitud del mal (como el Mesías) igual que Moisés quien profetizaba al “Profeta” que llegaba). Y El predicaba la llegada del Señor (lo cual apuntaba hacia el Mesías). Mientras El negaba la identidad con cualquiera de las figuras apocalípticas, su mensaje, ministerio, y comportamiento reflejaba a los tres. [1:23]

Si Él no era el Mesías, Elías, o el Profeta, ¿por qué bautizaba? Mientras no hubo una conexión aparente entre las imágenes del final de los tiempos y el ritual de purificación, la persona, el mensaje, y el espacio para el Bautista llenó el vacío. Como un ritual de limpieza, el bautismo era popular en el mundo antiguo. Muchos cultos paganos tenían rituales de purificación con agua. El Judaísmo tenía un ritual de purificación con agua (ver Levíticos 16:4, 24 como un ejemplo) y entre los grupos contemporáneos de Jesús (i.e., la comunidad del Qumran que nos dio el legado de los rollos del Mar Muerto). Sin embargo, Juan cambió el significado de la purificación con agua. El bautizó en un río que corría en el desierto (Elías curó a Naamán en el Jordán; el “Profeta” reflexionó en el liderazgo de Moisés en el desierto). El bautizó en preparación para el Mesías. En contexto, el Bautista hizo del bautismo un ritual que preparaba al arrepentido para el fin del mundo. El bautismo era ahora un signo para el día de Yahveh. [1:26a, 28]

La adición de Juan a su respuesta completaba el círculo. Juan respondió la pregunta de los líderes con sus palabras, su ubicación, y su actividad. Ahora, el sería testimonio para los líderes. Todavía, el bautizaba con agua (actividad en el tiempo). Pero, había uno que ya estaba entre ellos (en tiempo específico, eso es, desde la eternidad), quien vino después de Él (en futuro definido). [1:26-27b]

Nuevamente, observe que el evangelista contrastaba lo eternal con lo temporal. El UNO quién estaba por venir era la LUZ que existía desde el principio de la creación. Él era la PALABRA de Dios, siempre presente, siempre llamando a su pueblo. Este UNO se encarnaría y entraría en el tiempo en una nueva forma. (Ver Juan1:1-18) El evangelista no solamente definió lo eternal como algo que existía fuera (y exclusivamente) del tiempo y el espacio. Él se enfocó en la actividad constante de los divino (siempre llamando, siempre presente, siempre fiel) dentro del mundo siempre cambiante de la humanidad. Lo que estaba más allá llegó a estar cerca. Dios visitó a su pueblo. Pero ahora el vendría en una nueva forma. Como lo describe Marcos 1:73, el pensamiento de tal visita causaba un sentimiento de indignidad en el Bautista... [1:27b]

Igual que en el evangelio de Juan, las palabras del Bautista eran directas y enigmáticas. Pero, eran la verdad. A los ojos de los fieles, el Bautista habló sin evasión, sin medias verdades, o negativas deshonestas. El habló con la convicción de un llamado personal de Dios. Y El reveló todo como si estuviese en una corte judicial; el verdaderamente poseía un carácter transparente.