Segundo Domingo de Adviento -B

Evangelio: Marcos 1: 1-8

PROCLAMACIÓN DE LO QUE SE ESPERA: ANTICIPACIÓN

Encabezados estridentes. Anuncios acogedores. Sonidos. Eslóganes. ¿Por qué algunas informaciones (o versos de canciones populares) permanecen en nuestra memoria? Con la saturación de información en estos días en nuestra cultura y nuestro corto período de atención, algunas cosas o eventos se quedan fuera de nuestra mente. Usualmente, esos recuerdos permanecen porque simbolizan una necesidad profundamente sentida. Una entonación feliz refleja una actitud descuidada. Unos encabezados malos evocan sentimientos de pesar o temor compartidos.

Una de las necesidades más sentidas es la Esperanza, la oportunidad para un día mejor. El inicio del evangelio de Marcos no solamente anuncia un tiempo de esperanza, proclama las Buenas Nuevas. Un tiempo para la presencia del Dios que viene.

1 Comienzo de la Buena Noticia de Jesús, Mesías, Hijo de Dios. 2 Como está escrito en el libro del
profeta Isaías: "Mira, yo envío a mi mensajero delante de ti para prepararte el camino. 3 Una voz grita en el desierto: Preparen el camino del Señor,
allanen sus senderos", 4 así se presentó Juan el Bautista en el desierto, proclamando un bautismo de conversión para el perdón de los pecados. 5 Toda
la gente de Judea y todos los habitantes de Jerusalén acudían a él, y se hacían bautizar en las aguas del Jordán, confesando sus pecados. 6 Juan estaba
vestido con una piel de camello y un cinturón de cuero, y se alimentaba con langostas y miel silvestre. Y predicaba, diciendo: 7 «Detrás de mi vendrá el
que es más poderoso que yo, y yo ni siquiera soy digno de ponerme a sus pies para desatar la correa de sus sandalias. 8 Yo los he bautizado a ustedes
con agua, pero él los bautizará con el Espíritu Santo».

Biblia de Jerusalén

1:8 "Yo los he bautizado. . . El los bautizará. . . " Esta comparación puede referir al ministerio pasado de Juan y al futuro ministerio del Mesías. O puede referirse al presente ministerio de Juan que anticipaba la llegada del ministerio del Mesías.

En el evangelio de este Segundo Domingo de Adviento, Marcos presenta la figura de Juan el Bautista. Para Marcos, la aparición de Juan señalaba la proclamación inicial de las Buenas Nuevas de Dios.

Por cierto, la palabra clave para Marcos era la proclamación. En los tiempos de Jesús, tanto las noticias oficiales y las no oficiales eran comunicadas por medio de heraldos. El heraldo local del pueblo proclamaría las noticias en las plazas donde la gente se reunía para el intercambio comercial o para socializar. Otra gente proclamaría las noticias y filosofías en las plazas al igual que los heraldos eran los cristianos evangelistas. Los contemporáneos de Jesús estaban acostumbrados a escuchar sus noticias de esta manera.

En adición a los heraldos del pueblo, los altos oficiales que estaban de visita enviarían hombres anticipadamente, quienes prepararían y anunciarían la visita. Una visita como tal se convertía en un gran evento. Considere lo que pasa aún en estos días con la visita del Papa o del Presidente de los Estados Unidos a un país del tercer mundo. Mucha gente es enviada en avanzada para organizar la alimentación, el alojamiento, los itinerarios. A la vez, los gobiernos de los países a ser visitados inician los trabajos públicos. Los caminos son pavimentados, los edificios son pintados, grandes pancartas son desplegadas. La gente que se adelanta a la visita trabaja para una visita segura y productiva. El país anfitrión hace sus mayores esfuerzos para dar la mejor imagen con la esperanza que los dignatarios visitantes sean impresionados y que puedan presentar concesiones políticas y económicas.

Las esperanzas eran las mismas en el mundo antiguo. La gente de avanzada llegaría en calidad de emisarios; los oficiales locales se prepararían para la visita. Árboles y arbustos serían removidos de los caminos (los caminos serían arreglados, enderezados para impresionar al dignatario visitante). Otro heraldo precedería inmediatamente (literalmente andaría el camino primero) a los oficiales para anunciar la llegada, igual que un portavoz en la actualidad.

Así que, el heraldo oficial tenía tres posibles funciones en el mundo antiguo: proclamar las buenas nuevas, actuar como un mediador entre los oficiales locales y el dignatario visitante, y precede inmediatamente al oficial.

Marcos usó esas tres funciones como una apertura a su evangelio. El primer verso en su evangelio proclamó la llegada de Jesús como el Cristo, el Hijo de Dios. En el título “Cristo”, Marco vio a Jesús como el escogido de Dios, el UNO quien tuvo una relación única con Dios, el UNO que guiaría a su pueblo (y a todos los pueblos) de regreso a Dios. Así que Jesús tuvo un título de alto honor, un estatus único con un poder máximo en el cosmos, y una misión. Cuando su evangelio fue leído en una comunidad en adoración, el lector anunció la historia del Salvador, como un heraldo local que anunciaba en alta voz los titulares de las noticias del día.

Mientras que la frase, "Hijo de Dios" no es encontrada en los manuscritos Griegos, su presencia ayuda a definir lo que la frase “Cristo” significó para los primeros Cristianos. Según John Pilch, –The Cultural World of Jesus, Sunday by Sunday, Cycle B, Collegeville, MN, The Liturgical Press, 1994, pp. 5), la frase “hijo de…” significaba “tener las cualidades de…” Cuando los primeros cristianos se referían a Jesús como el Hijo de Dios, ellos no solamente apuntaban a la relación única de Jesús con Dios, ellos también se referían a Jesús como una divina presencia. [1:1]

Segundo, Marcos usó la cita del Viejo Testamento para presentar a Juan el Bautista, la voz que clama en el desierto. Aquí, Marcos pintaba a Juan como un portavoz, un heraldo viajero que precedía inmediatamente al dignatario que estaba por llegar. En realidad, él tomó de la Biblia los versos para acomodar el ministerio de Juan en el desierto. La voz en el desierto tenía que vivir como el que vive en el desierto. [1:6] Así que, Marcos usó las escrituras como una referencia y un vehículo de la anunciación. Los caracteres en la Biblia preparaban el camino para las Buenas Nuevas, y los versos de Marcos son ellos mismos Buenas Nuevas. [1:2-3]

Finalmente, Juan llegó a ser el que precedió al Mesías, proclamando su llegada inmanente. El predicó un cambio de Espíritu y de Estilo de Vida, una Metanoia, enderezar el camino del Señor. Sus palabras tenían un efecto, porque muchos de lejos y de cerca fueron para escuchar su mensaje. A quienes él bautizó confesaron sus faltas, en la esperanza de su arrepentimiento les guiaría a un perdón de sus pecados. [1:4-5]

Las palabras de Juan no eran las promesas de Dios, pero un mensaje de anticipación. Él era quien preparaba los corazones de la gente por medio de su proclamación. Uno más grande que él vendría pronto a visitar a su pueblo. El sólo pensar en su presencia próxima era sobrecogedora, evocaba un verdadero sentimiento de humildad. [1:7]

Juan bautizaba con una promesa de liberación de frente al juicio. El bautismo del Mesías sería liberación y juicio. Quienes recibieran al Mesías serían libres del pecado, enfermedades, y muerte. Quienes negaran al Mesías serían acusados por su negación. ¿Por qué? El Espíritu de Dios liberaría del pecado y reflejaría la negación de uno. En el Espíritu, la decisión de escoger a Dios liberaría del pecado. El alejarse de Dios significaba la pérdida del Espíritu. Solamente confirmaba el carácter de uno y la escogencia eterna. [1:8]