Domingo 7 de Marzo del 2021

«Gritad de gozo a Dios, nuestra fuerza; aclamad a nuestro Dios»

Nosotros te invocamos, Señor Dios... Tú quieres salvar a todos los hombres y llevarlos al conocimiento de la verdad. Todos a una, te ofrecemos alabanzas e himnos de acción de gracias en esta hora, para glorificarte con todo el corazón y en voz alta.

Primera Lectura

Se lee en el Deuteronomio: «Guardarás el día del sábado para santificarlo, como te lo ha mandado el Señor tu Dios. Seis días trabajarás y harás todos tus trabajos, pero el día séptimo es el día de descanso para el Señor tu Dios» (5, 12-14). «Santificar» el sábado significa separarlo, distinguirlo de los otros días para consagrarlo a Dios. Más adelante el texto sagrado sugiere el modo: recordar los grandes beneficios de Dios a su pueblo, entre los cuales sobresale la «pascua», o sea la liberación de la esclavitud de Egipto. Luego el recuerdo debía desembocar en la acción de gracias y en la renovación de la promesa de fidelidad.

Salmo

A veces las cosas pequeñas marcan la diferencia. Esos momentos casi insignificantes en los que alguien se preocupa por escuchar atentamente. Esa fracción de segundo en la que te das cuenta de que te entendieron de verdad. Esos pequeños tiempos pueden cambiar vidas.

Segunda Lectura

En el Nuevo Testamento la pascua antigua fue sustituida por la nueva: el misterio pascual de Cristo; y el viejo sábado cedió el puesto al domingo, día bendito de la Resurrección. El sentido del domingo cristiano es precisamente el de celebrar «la memoria» de la Pascua de Jesús, misterio de amor y de salvación, dando gracias al Altísimo por medio del sacrificio eucarístico, centro y acto supremo del culto. La abstención de trabajos serviles no agota el precepto de la santificación de las fiestas, sino que es una mera premisa para que el hombre, libre del tráfago de la vida diaria, pueda pararse más fácilmente a hablar con Dios, a evocar su amor y sus beneficios, a encenderse en el deseo y en la esperanza de los bienes eternos, a fortalecer su espíritu con la meditación de la Palabra divina y a, tomar aliento en el camino que conduce a la Patria. Cuando el domingo pierde este sentido religioso no es ya el «día del Señor», sino que con frecuencia se convierte en el día en que el hombre se desahoga a su talante; o bien el reposo festivo se reduce a un grosero formalismo, como sucedió con el sábado hebreo.

Evangelio

Jesús, renovando la ley antigua, afirmó su autoridad sobre el mismo sábado. Saliendo a la defensa de sus discípulos que en día de sábado habían recogido y desgranado unas espigas para templar el hambre, dijo: «El sábado ha sido hecho para el hombre, y no el hombre para el sábado» (Mc 2, 27). Su función, pues, es ante todo el bien espiritual del hombre, a conseguir mediante una relación más intensa con Dios en los actos de culto, no sólo individuales sino comunitarios; y hasta su bien material, procurándole un justo reposo y permitiéndole dedicarse a obras de caridad en favor del prójimo. Jesús, declarándose «Señor del sábado», lo libra de la grosera interpretación de los fariseos y al mismo tiempo amonesta a los discípulos a usarlo con justa libertad, pero siempre conforme a su enseñanza y ejemplo. El, en efecto, no duda, precisamente en sábado, en curar al hombre «que tenía una mano seca» (Mc 3, 1). Y lo hace a despecho de la actitud malévola de los fariseos, para demostrar que no sólo es lícito hacer el bien en día de sábado, sino que las obras en alivio de los hermanos que sufren deben completar la santificación del día del Señor.