Domingo 7 de Febrero del 2021

«Alabad al Señor, que es bueno..., sana a los de roto corazón y venda sus heridas»

En el dolor de sus tribulaciones se lamenta Job: «¿No es una milicia lo que hace el hombre en la tierra? Como esclavo que suspira por la sombra..., así meses de desencanto son mi herencia, y mi suerte noches de dolor» (Job 7, 1-3).

Primera Lectura

Job es el símbolo de la humanidad oprimida y angustiada por un cúmulo de males físicos y morales. El sufrimiento llega al paroxismo, roza la desesperación, pero Job cree en Dios y lo invoca: «Recuerda que mi vida es un soplo.» Este gemido, destello de esperanza en un mar de dolor, no es vano. Dios se inclinará sobre el hombre y le mandará un Salvador, que suavice su sufrimiento y le abra el corazón a una mayor esperanza.

Salmo

Alaben al Señor porque él es bueno, canten a nuestro Dios porque es amable, porque a él le conviene la alabanza.

Segunda Lectura

La obra de salvación iniciada por Cristo está todavía en acto, y para que se perpetúe hasta el fin de los tiempos, ha dejado el mandato de hacerlo a la Iglesia y, en la Iglesia, a todo creyente. El apóstol Pablo, sensibilísimo a este deber y empeñado en él con todas sus fuerzas, declaraba a los Corintios: «Predicar el Evangelio no es para mí ningún motivo de gloria; es más bien un deber que me incumbe; y ¡ay de mí si no predicara el Evangelio!» (1 Cor 9, 16). Todo cristiano que tiene el privilegio de haber recibido el Evangelio, tiene que sentirse responsable de él frente a los que no tienen ese don y hacer lo posible por comunicárselo. El que está ya en órbita de salvación no puede mirar con indiferencia a los que están fuera de ella; a él le incumbe el deber de arrastrar el mayor número posible de hermanos.

Evangelio

El Evangelio presenta a Jesús en este marco, rodeado de una muchedumbre de dolientes: «le trajeron todos los enfermos y endemoniados; la ciudad entera estaba agolpada a la puerta. Jesús curó a muchos que adolecían de diversas enfermedades y expulsó muchos demonios» El Salvador está a la obra, el Salvador está en acto. Y recorrió toda la Galilea, predicando en sus sinagogas « y expulsando los demonios». Para levantar a la humanidad de su estado de sufrimiento físico y moral en que se debate, Cristo predica y da la salud. Con su predicación ilumina los espíritus, revela el amor de Dios, induce a la fe, da sentido al dolor y muestra el camino de la salvación. Con sus milagros sana los cuerpos dolientes y arroja los demonios. Cristo quiere salvar a todo el hombre, alma y cuerpo; sana la carne para que esto venga a ser signo y medio de la salud del espíritu. Y cuando no suprime el sufrimiento, enseña a llevarlo con esperanza y amor para que produzca frutos de vida eterna.