Cuarto Domingo Tiempo Ordinario - B

Evangelio: Marcos 1: 21-28

EL SANTO DE DIOS

¿Cuándo fue la última vez que escuchaste un fuerte discurso? O ¿miraste un acto notable? ¿De qué manera te impresionaron tales eventos?

En nuestra era de lo inmediato, de la comunicación multimedia, el poder de discurso y la acción puede quedarse perdido. De vez en cuando, el poder de la palabra y la acción corta a través del desorden. Aún los políticos y las estrellas se detienen para tomar notas. En una pequeña sinagoga de un pequeño pueblo en una esquina olvidada en el mundo antiguo, el poder de la palabra y la acción sonó para llamar la atención de las generaciones por venir.

Marcos 1:21-28 hizo ver el primer acto público del ministerio de Jesús. Rodeado de sus discípulos, Jesús enseñó en la sinagoga de Cafarnaúm. Súbitamente, un hombre poseído del demonio entró en la sinagoga. Jesús curó al hombre. Por toda Galilea, creció su reputación como maestro.

Cuando nosotros cristianos modernos de Occidente leemos este pasaje, nos maravillamos del poder de Jesús para curar, puesto que nosotros ya asumimos su estatura como un sabio guía. Pero, una lectura bien detenida revela que su audiencia reaccionó en formas opuestas. Ellos se maravillaron de las enseñanzas de Jesús. Su poder de curar no era tan importante para ellos. Ver 1:22 y 1:27

21 En aquel tiempo, se hallaba Jesús en Cafarnaúm y el sábado fue a la sinagoga y se puso a enseñar.
22 Los oyentes quedaron asombrados de sus palabras, pues enseñaba como quien tiene autoridad y no como los escribas.

La Biblia de Jerusalen

1:22 La "autoridad" de Jesús como la de un rey; Él podía hablar por su poder inherente. La “autoridad” de los escribas se derivaba de sus maestros. Ellos solamente podían hablar en el nombre de otro. Jesús, en cambio, hablaba en su propio nombre.

¿De dónde venía esta sinagoga? Mientras cada judío –hombre – tenía el derecho de leer y comentar las escrituras en la sinagoga, los comentarios de Jesús tenían un efecto. Aquí era el hijo de un carpintero, entonces sus comentarios habrían sido pocos y prácticos, hablando sobre la vida de un artesano común. Pero, Jesús habló sobre los asuntos de la Ley. Él se paró en medio de la línea dentro del mundo de los escribas, los expertos en la Ley Judía. Después de todo, los escribas estudiaban en las escuelas de los Rabinos y notables expertos. Ellos podían apuntar a una tradición de aprendizaje, una línea de escolares que iba cientos de años atrás. Esta era su autoridad.

A diferencia de los escribas, Jesús habló por su propia cuenta. En una cultura estática, orientada a la edad (lo opuesto a nuestra cultura orientada a la juventud, siempre cambiante), la gente iba a conocer su lugar (el cual estaba definido por el estatus de sus familias y dentro de la estructura familiar). Jesús tuvo la audacia de ascender a un lugar más alto que su estatus justificaba. Jesús habló como profeta, uno llamado directamente por Dios. Las palabras de Jesús tenían poder porque ellas tenían un efecto.

Mientras el evangelio de amor de Jesús difería en muchos aspectos del de las reglas de los escribas atadas a la obligación que imponía la ley, la diferencia no era tan significante como podríamos creer. No, las palabras de Jesús tenían un efecto debido a la fuerza de su carácter y sus convicciones. Cuando Jesús hablaba, sus palabras tenían un gran peso que una tradición de escribas. Este impacto, este poder, condujo más seguidores a Jesús y los cambió. Por supuesto, nosotros los cristianos sostenemos que el poder de Jesús era el Espíritu Santo [1:22]

23 Había en la sinagoga un hombre poseído por un espíritu inmundo, que se puso a gritar: 24 “¿Qué
quieres tú con nosotros, Jesús de Nazaret? ¿Has venido a acabar con nosotros? Ya sé quién eres: el Santo de Dios”. 25 Jesús le ordeno: “Cállate y sal de
él” 26 El espíritu inmundo, sacudiendo al hombre con violencia y dando un alarido, salió de él.

La Biblia de Jerusalen

1:23 ¿estaba el hombre con un espíritu inmundo en espera cuando Jesús enseñaba? Probablemente no, puesto que estaba impuro e inapropiado para la adoración. Las culturas occidente-orientadas ayudan a alimentar el mito del control y del escepticismo. Nosotros tenemos control sobre nuestras vidas de maneras inimaginables que en el tiempo de Jesús. Sabemos más, viajamos a mayores distancias en tiempo más corto, y vivimos más años que nuestros ancestros. Tales hechos nos ayudan a deshacernos de las nociones de “espíritus” (a pesar de la creencia popular en ángeles)

En tiempos pasados, la gente no tenía noción sobre el control de sus vidas como lo tenemos nosotros. Cualquier poción curadora, cualquier fuerza desconocida de la naturaleza, cualquier cosa que no se entendiera era lanzada en el mundo de los espíritus. Las sociedades antiguas creían en miles de espíritus: algunos benevolentes (los ángeles), algunos malevolentes (demonios). La clave para controlar tales espíritus, creían los contemporáneos de Jesús, era el conocimiento de sus nombres. Tal como revisamos la semana pasada, el nombre de uno revelaba el poder de uno y su propósito. “Jesús” significa “Dios salva.” Para conocer verdaderamente a Jesús, uno debía experimentar el poder de la salvación (revelado en su nombre). Junto a las mismas líneas cuando uno nombraba un espíritu maligno, él o ella sabía su poder, y, por lo tanto, tenía un sentido de control sobre él. Como una observación adicional, el estudio de la medicina incluía listas de “malos” espíritus con sus nombres y encantos para expulsarlos. Las sociedades antiguas aún elaboraban jerarquías y agrupaciones de espíritus.

Cuando el hombre poseído del demonio apareció en el escenario, él se dirigió a Jesús por su nombre y en plural. En otras palabras, el demonio trataba de tomar control sobre la situación por medio del nombre de Jesús y su estatus ("el Santo de Dios"). El demonio clamaba conocimiento de Jesús. Y él habló por sus compañeros demonios (“qué quieres de nosotros…” has venido para acabar con nosotros”) Entonces, las líneas de la batalla fueron trazadas. Jesús enfrentó las huestes de demonios en el terreno controlado por Satanás mismo. El Santo de Dios fue la fuerza invasora. [1:24]

Jesús hizo corta la batalla. El no necesitaba conocer los nombres o encantaciones como los exorcistas contemporáneos. El simplemente dio la orden. Y el demonio dejó libre el hombre. Sin el demonio, el hombre estaba religiosamente limpio y podía regresar a su lugar en la sociedad. Al igual que en otras revelaciones del poder de Dios, Jesús liberó al hombre de poder del maligno. [1:25-26]

27 Todos quedaron estupefactos y se preguntaban:” ¿Qué es esto? ¿Qué nueva doctrina es ésta? Este
hombre tiene autoridad para mandar hasta a los espíritus inmundos y lo obedecen”. 28 Y muy pronto se extendió su fama por toda Galilea.

La Biblia de Jerusalen

A pesar de las diferentes maneras de entender el verso 1:27, el mensaje de Marcos acerca de Jesús permaneció claro. La palabra de Jesús tenía poder. Su orden sobre los demonios servía para legitimar su enseñanza; pero ¿de dónde venía el poder de sus palabras? Para Marcos, las palabras de Jesús ganaron poder de Dios, porque Jesús hablaba la palabra de Dios, entonces era un instrumento para la divina providencia, un conducto para el poder divino.

La población reaccionó “enseña de una manera nueva, llena de autoridad” En una sociedad sin cambios de generación en generación, la novedad era sospechosa. Pero, tal como vimos la semana pasada, Jesús tenía un nuevo mensaje, “Arrepiéntanse y crean en las Buenas Nuevas.” Este era el mensaje del final de los tiempos, un mensaje de cambio total. Puesto que solamente Dios podía efectuar el cambio total, según la lógica de los contemporáneos de Jesús, una enseñanza nueva con tal poder detrás solamente podía venir de Dios. Esta enseñanza (con el signo correspondiente que le acompaña) revelaba los rumores del principio de la llegada del Reino de Dios. NUEVA ENSEÑANZA + PODER=REINO DE DIOS [1:27] Sin dudas, la reputación de Jesús creció [1:28]

Jesús: Maestro y obrador de milagros

SEÑALES DEL REINO

Jesús obró su primer signo en la boda de Cana, donde el convirtió agua en vino. Ahí, El reveló quién era realmente, y sus seguidores depositaron su confianza en El.Juan 2:12

Las acciones pueden hablar más alto que las palabras; pero algunas veces las palabras son necesarias para explicar las acciones. Jesús no era diferente. El vino como el Mesías, para revelar a Dios a la gente. Sus acciones y sus palabras apuntaban a su misión: mostrarnos a todos el Reino de Dios.

Cuando Jesús cambió el agua en vino en la boda de Cana, el mostró a sus discípulos un signo del Reino. En el tiempo de Jesús, la gente pensaba que el Reino de Dios sería una fiesta interminable, llena de cantos y comidas y bebidas. Cuando Jesús apareció en la fiesta, ésta continuó, y sus seguidores vieron el gozo del Reino de Dios, y quién traía ese gozo.

Jesús continuó ensenando a cerca de Dios y mostrando a otros su Reino. Él les enseñaba con sabiduría por medio de dichos, oraciones e historias –parábolas. Él les mostró milagros que sorprendían.

INVITACIÓN AL REINO

Jesús enseñó a sus seguidores.

Busca el Reino de Dios. Averigua qué desea El que tú hagas.

Haz de eso las cosas más importantes que tú hagas, Dios se encargará del resto. Mateo 6:33

¿Dónde está el Reino de Dios? El Reino de Dios no es una nación que podemos encontrar en un mapa. El Reino de Dios existe donde Dios se presenta a su pueblo. La gente encuentra el Reino cuando se dan cuenta que Dios está ahí.

Jesús nos invita a entrar en su Reino; pero no todos decimos “Si” a su invitación. Porque entrar en el Reino de Dios es hacer su voluntad. Es difícil para el orgulloso y para el egoísta. Muchas veces, el pobre y el humilde, el enfermo y el pecador aceptan la invitación de Jesús, porque ellos saben que pueden confiar en Dios . Ellos abren sus ojos y su corazón a lo que Dios está haciendo. Y tratan de hacer lo que Dios desea que hagan.

JESÚS, HIJO DE DIOS

La gente vio cómo Jesús echo fuera los demonios. Todos estaban tan sorprendidos que ellos se decían unos a otros “¿Qué significa esto?” Un poder, una nueva enseñanza. Jesús ordenó a los demonios y los demonios le obedecieron. La reputación de Jesús se divulgó inmediatamente por toda Galilea. Marcos 1:28 Si, las enseñanzas de Jesús tienen poder. Sus palabras y acciones están muy cerca, como si fuesen una sola cosa. Sus acciones respaldan sus palabras. Y sus palabras les dan sentido a sus acciones. Ambas señalan al Reino de Dios. Ellas explican quién es realmente Dios y quién es Jesús. Dios es amoroso y lleno de compasión, siempre dispuesto a perdonar. El poder de ese amor y compasión y perdón pueden ser encontrados en Jesús. De esa manera, Jesús mostró a sus seguidores que Él era más que un profeta, un maestro o un curandero. Él es el Hijo de Dios.