Domingo 31 de Octubre del 2021

Amar a Dios con todo el corazón y al prójimo como a uno mismo

La Liturgia de hoy demuestra la continuidad entre el Antiguo y el Nuevo Testamento, y a la vez la novedad de éste.

Los mandamientos del Señor desbordan sabiduría; él nos los ha dado como el camino para ser felices en esta vida y en la eternidad: "guárdalos y ponlos en práctica, para que seas feliz y multipliques. Así serás feliz, como ha dicho el Señor, el Dios de tus padres."

Primera Lectura

Del Deuteronomio (6, 2-6) se toma la primera enunciación del mandamiento del amor: «Escucha, Israel: el Señor nuestro Dios es solamente uno. Amarás al Señor tu Dios con todo el corazón, con toda el alma, con todas las fuerzas» (ib 4-5). El mismo texto se repite en el Evangelio del día (Mc 12, 28-34), como respuesta de Jesús al letrado que le pregunta acerca del mandamiento «primero de todos» (ib 28). Era un texto muy conocido de los judíos que lo repetían dos veces al día como plegaría de la mañana y de la tarde. La palabra inicial «Escucha» —de la que esta plegaria tomaba nombre—es una invitación a meditar el precepto del Señor y a ordenar según él la vida. Pues orar no significa sólo invocar a Dios y pedirle sus mercedes, sino, sobre todo, escucharle: oír su palabra, meditarla y obedecerla. Jesús insistió también sobre este concepto pleno y vital de la oración: «No todo el que me diga: "Señor, Señor", entrará en el Reino de los cielos, sino el que haga la voluntad de mi Padre celestial» (Mt 7, 21).

Salmo

Yo te amo, Señor, tú eres mi fortaleza... Seguí los caminos del Señor y no me rebelé contra mi Dios, porque tuve presentes tus mandamientos y no me aparté de tus preceptos. Perfecto es, el camino de Dios, acendrada es la promesa del Señor; él es escudo para los que a él se acogen. ¡Viva el Señor! ¡Bendita sea mi Roca! Sea ensalzado mi Dios y Salvador.

Segunda Lectura

La carta a los hebreos señala que el sacerdocio de Cristo tiene supremacía sobre el sacerdocio de la Antigua Alianza, porque nuestro sumo sacerdote es santo y su sacerdocio es eterno.

Evangelio

Dios es amor; toda la creación es fruto de su amor. El hombre creado por amor, vive del amor divino que lo conserva en la existencia y lo colma de sus dones. Y pues el amor es el manantial de su vida, el hombre no puede menos de amar, el amor es para él exigencia fundamental y deber imprescindible en razón de su naturaleza. Ante todo, debe amar al Amor, que lo ha creado, a Dios; y habiendo recibido todo de el, es, lógico que lo ame no con algún suspiro, sino «con todo el corazón, con todo el entendimiento, y con todo el ser» (ib). Además, hecho a imagen de un Dios que, ama todas las criaturas, el hombre debe ensanchar su amor a todos sus semejantes. En efecto, al ligar Jesús el, amor al prójimo con el amor a Dios, suprimió toda restricción: enseñó que prójimo no es sólo el pariente, el amigo, el vecino o el connacional, sino hasta el enemigo, el extranjero, el desconocido, o sea cualquier hombre. Dios demostró con sus palabras, pero mucho, más con su 527 ejemplo al dar la vida por todos los hombres, muriendo por ellos cuando todavía eran enemigos (Rm 5, 8). «Si Dios nos amó de esta manera, también nosotros debernos amarnos unos a otros... Si nos amamos unos a otros, Dios permanece en nosotros y su amor ha llegado en nosotros a su, plenitud» (1 Jn 4, 11-12). La conclusión de San Juan profundiza la excelente del letrado y la completa. El Apóstol ha comprendido todo el alcance del mandamiento del amor y el nexo vital entre amor a Dios y amor al prójimo, hasta llegar a afirmar que el primero es perfecto sólo cuando va acompañado del segundo.