Domingo 31 Tiempo Ordinario -Ciclo B

Segunda Lectura: Hebreos 7: 23-28

23 Los sacerdotes anteriores se sucedían el uno al otro porque, siendo mortales, no podían permanecer. 24 Jesús, en cambio, permanece para siempre y no se le quitará el sacerdocio. 25 Por eso es capaz de salvar de una vez a los que por su medio se acercan a Dios. El sigue viviendo e intercediendo en favor de ellos. 26 Así había de ser nuestro sumo sacerdote: santo, sin ningún defecto ni pecado, apartado del mundo de los pecadores y elevado por encima de los cielos. 27 A diferencia de los sumos sacerdotes, él no tiene necesidad de ofrecer diariamente sacrificios, primero por sus pecados, y luego por los del pueblo. Y para el pueblo no lo hizo sino una sola vez ofreciéndose a sí mismo. 28 Así, pues, los sumos sacerdotes que establece la Ley demuestran sus limitaciones, mientras que ahora, después de la Ley, Dios habla y pronuncia un juramento para establecer al Hijo eternamente perfecto.

La Biblia Latinoamericana

El autor de los hebreros ha sido muy cuidadoso elaborando su caso. Jesús está ciertamente calificado para ser el sumo sacerdote. Él ahora se mueve a la teología primaria de su carta. El compara el Sumo Sacerdocio de Jesús con el sacerdocio levítico, el sacerdocio de la vieja alianza. Su polémica insiste que es superior a ellos – punto a punto, en todas formas, él es superior. La comparación es sucinta. Hay muchos sacerdotes levíticos. Jesús es solamente uno. El sacerdocio levítico es transitorio y temporal. El sacerdocio de Jesús es eterno. Los sacerdotes levíticos están sujetos a la muerte. Jesús está vivo para siempre. El sacerdote levítico era un pecador y tenía que ofrecer sacrificios por otros y también por él mismo. Jesús, por otro lado, estaba sin pecado y no necesitaba hacer sacrificios para él mismo. El sacerdote levítico requería hacer sacrificios repetidamente. Jesús ofreció un único sacrificio – una vez y por todo el mundo, por todo el tiempo. El sacerdote levítico era asignado por la Ley. Jesús fue elegido por Dios por una promesa que sobrepasa la Ley.

Melquisedec era considerado un rey ideal y sacerdote eterno. Aun Abraham afirmó su superioridad. Sus ancestros, al igual que los de Jesús, está nublados por el misterio, era considerado el mismo tipo para Jesús, el rey eterno, el sacerdote sobre todos los otros sacerdotes. Jesús no nació dentro del sacerdocio ni fue elegido por una persona humana o institución, tan poco parece que lo era Melquisedec. Jesús fue elegido y ordenado por Dios – según el orden de Melquisedec. El sacerdocio de Jesús en esencia rindió el sacerdocio de la antigua alianza, y obsoleto. El único sacrificio de Jesús fue suficiente para conjugar todos los otros innecesarios sacrificios. “Jesús el establecimiento de un nuevo y más efectivo sacerdocio…el cual reemplaza el sacerdocio levítico y aarónico.

Estos pocos versos actuaban como una conclusión a los argumentos que el autor pone a favor de Jesús el Sumo Sacerdote. Él basaba su inspiración en el salmo 110:4 “Juró el Señor y no ha de retractarse:

«Tú eres para siempre sacerdote a la manera de Melquisedec». Para sustanciar su interpretación de este salmo, él comenzó con un estudio sobre la persona de Melquisedec en Génesis 14: 17-20

Melquisedec era el rey-sacerdote del Altísimo. Él no estaba en la lista de parentesco o descendientes en las Escrituras. El ofreció sacrificio por Abram – más tarde Abraham, quien a su vez le dio a él un diezmo. Para el autor, Melquisedec representaba la adoración eterna al Dios vivo – el rey-sacerdote no tenía genealogía. Por medio de la intercesión de tal adoración, Abram recibiría la bendición de la alianza de Dios. A cambio, Abram le dio al líder de la adoración eterna lo debido – un diezmo. En este sentido, Melquisedec era un símbolo de la adoración eterna ofrecida a Dios en el cielo – Hebreos 7:1-10

Los eruditos llaman un símbolo como Melquisedec un “arquetipo,” para intérpretes como el autor de los hebreos, tal arquetipo sería la clave para entender el asunto del sacerdocio hebreo. Melquisedec era encontrado en el libro del Génesis el cual estaba, tanto por tradición cronológica como por el orden del canon, antes de la aparición del sacerdocio de Aaron – en el Éxodo. Por su ubicación de importancia y su estatus eterno, el sacerdocio de Melquisedec estaba a la medida del sacerdocio de Aaron. El sacerdocio levítico que descendía de Aaron era humano – ya que era pasado de padre a hijo, y, por lo tanto, tenía todas las debilidades de la naturaleza humana.

Con este antecedente, ahora podemos dirigirnos a los versos de esta lectura. El autor implicaba que el mayor impedimento para el sacerdocio levítico era la muerte misma. Cristo, quien era EL Sacerdote en el orden de Melquisedec, superó la muerte. Por lo tanto, él no podía pasar por este orden. Quienes se enfocaban en Dios por medio de sus intercesiones lo podían hacer así en confianza total.

Adicionalmente, Cristo no tubo pecado. Él podía triunfar donde los otros sacerdotes fracasaban. El autor implica que esta era la razón por la cual Cristo pudo superar la muerte. En las mentes de sus contemporáneos, el pecado conducía a la muerte. Solamente AQUEL sin pecado podía conquistar la muerte y satisfacer la promesa del salmo 110:4. El así lo hizo en su muerte auto ofrecida. Mientras esto podría parecer una contradicción, recuerda la imagen del Siervo Sufriente de Isaías. El Siervo sin pecado quien sufrió y murió por los pecados de los otros vería la vida nuevamente. Su muerte condujo a la vida. De esta manera, el Hijo era perfecto; en este sentido, la perfección significa estatus. Cristo actuaba como Sumo Sacerdote directamente ante el trono de Dios en los cielos. Nadie tubo un estatus como él.

El libro de hebreos nos da mucho para pensar. Nos unimos al sacerdocio de Cristo cuando morimos a nosotros mismos por el bien de otros. De esta manera, nos unimos en adoración con la suya en el cielo. Recordemos que el entregarse es la esencia de la adoración cristiana.