Segunda Lectura

Domingo 25 del Tiempo Ordinario

Segunda Lectura: Santiago 3, 16 - 4,3

Una guerra de sabiduría

3:16 Donde hay envidias y rivalidades, ahí hay desorden y toda clase de obras malas. 3:17 Pero los que tienen la sabiduría que viene de Dios son puros, ante todo. Además, son amantes de la paz, comprensivos, dóciles, están llenos de misericordia y buenos frutos, son imparciales y sinceros. 18 Los pacíficos siembran la paz y cosechan frutos de justicia.

4:1 ¿De dónde vienen las luchas y los conflictos entre ustedes? ¿No es, acaso, de las malas pasiones, que siempre están en guerra dentro de ustedes? 4:2 Ustedes codician lo que no pueden tener y acaban asesinando. Ambicionan algo que no pueden alcanzar, y entonces combaten y hacen la guerra. Y si no lo alcanzan, es porque no se lo piden a Dios. 4:3 O si se lo piden y no lo reciben, es porque piden mal, para derrocharlo en placeres.

La Biblia Latinoamericana

¿Por qué tenemos lucha en el diario vivir? ¿Por qué combatimos a nuestros "demonios internos"? Estos versos de Santiago tratan de responder las preguntas. Puesto sencillamente, Santiago apuntaba a la ausencia de la sabiduría de Dios para estos problemas.

En estudios pasados, Santiago creaba y golpeaba hasta derribar a los hombres de paja para adelantarse a su creencia. La fe necesitaba obras, el deber moral de la ley. Estas obras –que Santiago definía en términos de caridad, evangelizaban a los no-creyentes y fortalecían la comunidad. La persona que creía pero no actuaba sobre estas creencias, decía Santiago, debilitaba tanto a los testigos cristianos como a la cohesión de la Iglesia local.

En la lógica práctica de Santiago, la dicotomía entre fe y obras venía abajo con el uso de la sabiduría: conociendo dónde y cuándo actuar. Los creyentes que no obraban inteligentemente vivían en un mar de necesidades insatisfechas.

Desde este estado, la gente actuaba con celos, y maneras lastimosas.

Hacia el final del pasaje, Santiago cambiaba de un lenguaje de guerra [4:1] a un objeto de deseo [4:2-3].

¿Qué era este objeto? Una lectura breve pareciera señalar a los bienes materiales o al placer. Pero una lectura más profunda señalaría a la sabiduría misma. La cultura Griega hacía de la sabiduría el valor más alto. A través de los siglos antes del nacimiento de Cristo, la cultura judía era influenciada por este ideal. Por cierto, algunos libros deutero-canónicos (Sirac y Sabiduría de Salomón, por ejemplo) clamaban a la sabiduría como la virtud más deseada. De la sabiduría venían las riquezas y la reputación, igualmente el alto estilo de vida moral. Mientras Santiago quizás no implicaba estos resultados de la sabiduría, claramente, el miraba la sabiduría de Dios como algo más grande que los deseos y las ambiciones humanas.

Irónicamente, mientras mucha gente deseaba poder, posesiones, o culto a la personalidad, esas mismas gentes eran celosas de los hombres sabios. La sabiduría era atractiva. Muchos buscaban en ella motivaciones egoístas solamente para tenerla y hacerla pasar por sus dedos debido a su naturaleza auto-centrada. Implícitamente ellos deseaban obtener lo que Dios daba como un don. Un Don que calmaba la turbulencia interna y que promovía la harmonía dentro de la comunidad.

La persona sabia recibía y ejercía la virtud sencillamente porque él o ella estaban abiertos a Dios.

La sabiduría, entonces, es un Don de Dios para la persona de mente y corazón abiertos a su voluntad. Así que hay que poner a un lado lo que se persigue egoístamente y obtener la sabiduría de Dios.

¿Has orado para que se haga la voluntad de Dios en ti? ¿De qué manera esa plegaria (y tu experiencia) te ha dado sabiduría?