Evangelio

Domingo 25 del Tiempo Ordinario

Evangelio: Marcos 9, 30-37

Servir a un niño

¿Cuándo fue la última vez que cuidaste de un niño? ¿Qué pasó?

Los niños son la gente más preciosa en el mundo. Ellos nos animan cuando el mundo nos cansa. Ellos nos refrescan cuando nuestros dolores de las articulaciones nos dicen nuestra verdadera edad. Ellos nos retan con las virtudes divinas de la paciencia, auto-disciplina, y caridad. A pesar de nuestra madura "sabiduría", los niños nos ayudan a ver el mundo de maneras nueva y maravillosa.

Y bien, ¿acaso es fácil liberarse de los niños, de sus asuntos, sus necesidades, y más aún de su presencia, de su vista?

¿Es fácil dejar que nuestras necesidades, agendas, y asuntos importantes eclipsen las de nuestros pequeños hermanos y hermanas en la fe? Tanto cuanto ellos iluminan nuestro mundo, ¿es acaso fácil ignorar a los niños?

Jesús usaba a un niñito como punto de referencia de liderazgo. Porque, cualquiera que reciba a alguien como un niño recibe a Cristo mismo.

Jesús enseñaba a sus discípulos el verdadero significado del liderazgo. El liderazgo no significa poder; pero si, servicio. El poder estrangula la vida y trae consigo una muerte lenta. Pero, el servicio trae vida, aún desde la muerte misma. La medida del liderazgo servicial no descansa con los adultos, sino con los niños.

30 En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos atravesaban Galilea, pero Él no quería que nadie lo supiera, 31 porque iba enseñando a sus discípulos. Les decía: "El Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres; le darán muerte, y tres días después de muerto, resucitará". 32 Pero ellos no entendían aquellas palabras y tenían miedo de pedir explicaciones.

La Biblia Latinoamericana

9:31 "El Hijo del Hombre va a ser entregado en manos de los hombres;" Desde el punto de vista de Marcos, cuando Jesús proclamaba que clase de Mesías él sería, la voluntad de Dios había sido puesta en movimiento. La proclamación de su sufrimiento y muerte empezó el proceso de "ser entregado." Esto no era un asunto de destino; sino de la providencia de Dios en la historia de la salvación. Marcos reconocía la obediencia de Jesús a la voluntad de Dios.

9:32 "Ellos no entendían sus declaraciones" es literalmente "Ellos no conocían sus palabras." El tema del Mesías sufriente del evangelio de la semana pasada, es retomado. Jesús viajaba incognito con su grupo hacia Capernaún, su casa base. Tal como aprendimos la semana pasada, Jesús deseaba silencio de manera que Él podía definir su rol como el Cristo. Aun cuando él hablaba claramente sobre el asunto, sus discípulos no lo entendían.

Con la actitud de Fe de Pedro, la voluntad de Dios fue puesta en moción. Jesús aceptaba claramente su papel, porque él lo proclamaba en su círculo interno, los doce apóstoles. Jesús era el Mesías precisamente porque él servía al pueblo, aún hasta la muerte humillante. De hecho, esa muerte sería el símbolo y medida del verdadero liderazgo. Él era el Mesías porque él dio su vida a la gente, para la gente.

33 Llegaron a Cafarnaúm, y una vez en casa, les preguntó: "¿De qué discutían por el camino?". 34 Pero ellos se quedaron callados, porque en el camino habían discutido sobre quién de ellos era el más importante. 35 Entonces Jesús se sentó, llamó a los Doce y les dijo: 36 "Si alguno quiere ser el primero, que sea el último de todos y el servidor de todos".

Después, tomando a un niño, lo puso en medio de ellos, lo abrazó y les dijo: 37 "El que reciba en mi nombre a uno de estos niños, a mí me recibe. Y el que me reciba a mí, no me recibe a mí, sino a aquel que me ha enviado"

La Biblia Latinoamericana

9:34 "Jesús se sentó, llamó a los doce (juntos) y les dijo" indicaba que Jesús ensañaba a sus seguidores cercanos este mensaje. Un maestro se sentaría (indicando su estatus), llamaría a sus estudiantes (quienes se sentarían a los pies de su maestro en una posición de sub-sirvientes, y escucharían al maestro) y empezaría su discurso. Al usar este lenguaje, Marcos enfatizaba la importancia de las declaraciones de Jesús sobre sus lectores.

Para enfatizar la visión de liderazgo de Jesús, él le da a sus discípulos el ejemplo del servicio a un niño. A diferencia de nuestra sociedad, los niños eran los menos importantes en las culturas antiguas; los niños tenían el estatus de esclavos. La gente tenía niños para hacer uso de sus servicios y que les proveyeran la seguridad financiera en los años de adultos. Y tenían muchos niños, porque la mortalidad de niños menores de 16 años era del 50 por ciento.

La niñez era precaria en los tiempos del mundo antiguo.

Para servir a alguien tan bajo como un niño requería de una extrema humildad. A diferencia de nuestra sociedad Occidental que honra y estima a los niños, las sociedades antiguas honraban a los ancianos del clan.

Reflexionando sobre esta versión, Santo Tomás de Aquinas una vez contestaba la pregunta, “¿Si hubiese un incendio, a quién rescataría primero? Santo Tomás tenía una lista en orden de importancia: los padres de uno primero, la esposa de uno de segundo, los niños de uno de último. Los niños eran los menos importantes. Al servir a alguien como a un niño realmente mostraba verdadero liderazgo porque servía a los ignorados y los desvalidos.

Pero, ¿quién era el "niño" del cual Jesús hablaba? ¿Quién era el cristiano que serviría? En un respecto, el cristiano tenía que mostrar hospitalidad a quienes tuviesen el estatus social del niño: los segregados, los pecadores, los enfermos y los débiles.

En otro respecto, el cristiano tenía que mostrar hospitalidad a quienes llegasen a ser "los niños" de la comunidad, el misionero cristiano que arriesgaba su vida para predicar las Buenas Nuevas. Obviamente requería sabiduría para discernir de qué manera uno serviría a estos diferentes grupos.

Pero Jesús dejó una cosa bien clara. El liderazgo significaba servicio a todos. Significaba servir a los menos importantes.

Servir a alguien como a un niño, colocar a todos los otros en el mismo nivel de uno mismo, es el camino a Cristo y al Padre. Este servicio está ejemplificado con la muerte de Cristo en la cruz.

VERDADERO LIDERAZGO (CCC 543-545, 2248, 2252, 2254) El ejemplo de liderazgo de Cristo requiere de nosotros reflexionar en nuestra motivación de poder. A través de Galilea, Jesús predicaba acerca del "reino de Dios," un estado donde Dios viviría con el pobre, el menos importante, el pecador.

Todos estaban invitados a vivir bajo el reino de Dios, pero el reino de Dios requería un cambio de mente y corazón a su voluntad y lejos de los deseos de más poder. (CCC 543, 544, 545)

Todos tenemos la oportunidad y la responsabilidad de ejercer liderazgo en nuestras vidas. Pero, tal como refiere el Evangelio, liderazgo significa servicio. Significa poner a un lado nuestros deseos egoístas para cuidar por las necesidades de otros y para mostrarle respeto. Esto debe ser el corazón del mandamiento del líder: "honrar a su padre y a su madre."

Entre familias, tanto padres como hijos están obligados a cumplir este mandamiento. Los padres tienen que cuidar por las necesidades físicas y espirituales de sus hijos en el espíritu del servicio Cristiano (CCC 2252). Los hijos tienen que mostrar respeto, obediencia, y asistencia a sus padres. (CCC 2248).

Lo mismo puede ser dicho de los gobiernos y los deberes de los ciudadanos. Los gobiernos tienen que respetar la dignidad y la libertad de los individuos y proteger a las familias (CCC 2254). Los ciudadanos tienen que trabajar junto a los gobiernos para construir una sociedad justa y libre. Si las demandas de los gobiernos son injustas, sin embargo, el ciudadano tiene la obligación de no cumplir esas demandas. (CCC 2256).

En todo caso, somos responsables de crear una atmósfera de respeto mutuo y satisfacer las necesidades. Este es el verdadero significado de liderazgo.

¿De qué manera te ha mostrado alguien verdadero liderazgo cristiano? ¿De qué manera este liderazgo te ha retado tu rol como líder: padre, gerente, o compañero de trabajo, ministro, etc.?

Los niños. Ellos son nuestro reto y nuestra recompensa. Ellos pueden ser dos o cien. Ellos pueden parecer enanitos o actores. Ellos, puede que sean dadores espontáneos o volverse testarudos (como los adultos); pero, ellos son el regalo que Dios nos hace. Ellos son la medida de nuestro liderazgo cristiano. Cómo les guiamos, cómo les servimos, revela la seriedad de nuestro compromiso con Cristo. Sirvámosles bien.

Prueba este sencillo ejercicio de imaginación. Colócate en el centro de los doce a la par de Jesús. En los ojos de tu mente, ponte de frente a Jesús y obsérvale abrazarte. ¿Puedes sentir lo fuerte de sus brazos, la ternura de su roce, el calor de sus manos? ¿Puedes sentir la fortaleza de su amor? Al terminar este ejercicio, piensa en esos que en tu vida necesitan el abrazo de Cristo. ¿Cómo puedes ayudarles a recibir ese abrazo?