Segundo Domingo Tiempo Ordinario - B

Evangelio: Juan 1: 35-42

VEN Y VE

¿Cuándo fue la última vez que recibiste una invitación? ¿Qué expectativas tenías? ¿Has sido sorprendido alguna vez por lo que has visto?

Las invitaciones vienen en diferentes formas y tamaños. Algunas por correo ordinario otras por correo electrónico. Otras llegan en las esquinas de las calles. Pero, hay aún otras que llegan en formas inesperadas. Algunas son personales, casi íntimas. Otras son generales e impersonales. No importa su forma o tamaño o medios, las invitaciones nos hacen la misma petición: ¿por qué no vienes y ves?

¿Por qué venimos? ¿Qué buscamos? Los primeros discípulos de Jesús quizás se hicieron las mismas preguntas. A pesar de una cultura que no creía en las novedades, ellos vendrían y verían algo nuevo. La aparición en público del Mesías.

35 Al día siguiente, estaba Juan otra vez allí con dos de sus discípulos 36 y, mirando a Jesús que
pasaba, dijo: «Este es el Cordero de Dios». 37 Los dos discípulos, al oírlo hablar así, siguieron a Jesús. 38 Él se dio vuelta y, viendo que lo seguían,
les preguntó: « ¿Qué quieren?». Ellos le respondieron: «Rabbí –que traducido significa Maestro– ¿dónde vives?». 39 «Vengan y lo verán», les dijo. Fueron,
vieron dónde vivía y se quedaron con él ese día. Era alrededor de las cuatro de la tarde. 40 Uno de los dos que oyeron las palabras de Juan y siguieron a
Jesús era Andrés, el hermano de Simón Pedro. 41 Al primero que encontró fue a su propio hermano Simón, y le dijo «Hemos encontrado al Mesías», que
traducido significa Cristo. 42 Entonces lo llevó a donde estaba Jesús. Jesús lo miró y le dijo: «Tú eres Simón, el hijo de Juan: tú te llamarás Cefas»,
que traducido significa Pedro.

La Biblia de Jerusalen

En una sucesión rápida, el Evangelio de Juan descubría la evangelización para los primeros discípulos. A diferencia de Mateo, Marcos, o Lucas, Juan claramente conectaba a los seguidores del Bautista con los de Jesús. En otras palabras, Juan vio el ministerio del Bautista fluir en el ministerio del Galileo.

En Juan 1:19-51, el evangelista presentaba seis historias de testimonios y testigos durante siete días. Este evangelio representa la actividad del día tercero al cuarto en una semana de siete días. Los doctores en las Escrituras ven esta “semana” como la nueva creación. Dios creaba nueva gente, empezando con el testimonio del Bautista, y terminando con el milagro en las fiestas de las bodas de Canaá. El primer día era estudiado en Juan 1:19-28, donde el Bautista definía su ministerio como “. . . una voz que clama en el desierto; 'enderecen el camino del Señor'" (ver 1:23) Este evangelio presentaba las siguientes dos historias. A diferencia de 1:19-28 donde el Bautista testificaba a los líderes Judíos, que él evangelizaba a sus propios discípulos que a su vez evangelizaban a otros.

Cuando el Bautista vio a Jesús, el proclamó “¡Miren! ¡El Cordero de Dios!" Mientras este título puede parecernos enigmático, la proclamación del título causó que dos de sus seguidores siguieran a Jesús. ¿Por qué? Como dóciles, mansos animales, los corderos eran apreciados por su carne suave y su piel fina; en otras palabras, ellos daban todo lo que tenían por su amo. El "Cordero de Dios" se refería al animal de sacrificio, degollado en el Templo para la fiesta de Pascua. (Ver Juan 19:14, 31, 42) En Juan, esto era el mismo día en que Jesús fue crucificado. Jesús era quien el Bautista había predicho, porque él se dio a sí mismo por sus discípulos, hasta la muerte. Este tema resonaba con el Siervo Sufriente de Isaías (" Al ser maltratado, se humillaba y ni siquiera abría su boca: como un cordero llevado al matadero, como una oveja muda ante el que la esquila, él no abría su boca. " Isaías 53:7, BDJ)

Observe como Juan tejió juntos el discipulado, el sacrificio, y la comida en un título. ¿Acaso no vemos los mismos temas en la Eucaristía, una comida de sacrificio y discipulado? [1:36]

Dos discípulos dejaron a Juan y siguieron a Jesús. Puesto que cualquier testimonio legal requería más de un testigo, el escritor del evangelio presentaba a los dos discípulos para asegurar la veracidad de lo que había sucedido en el Bautismo. [1:37] Aunque ellos habían visto al Señor, observe la iniciativa de Jesús. El primero preguntó por las intenciones de sus seguidores y luego los invitó a unirse a él. El escritor del Evangelio usaba la invitación “Vengan y lo Verán” en otros contextos de la evangelización. Felipe invitó a Natanael para encontrar a Jesús con la frase “Ven y Ve” en 1:45. La mujer Samaritana en el pozo invitó a otros en su propio pueblo a “vengan y vean al hombre que me ha dicho todo lo que he hecho” en 4: 29. La invitación empezó de parte de Jesús y fue continuada por los seguidores trayendo a otros dentro de la comunidad. [1:38-39]

Juan usó uno de los dos seguidores como el punto de transición entre el Bautista y el Nuevo Rabí. Andrés invitó a su hermano, Simón, para conocer al Nuevo Maestro. Otra vez observe el lenguaje de la invitación de Andrés "Nosotros (testimonio dual indicando la veracidad de lo dicho) hemos encontrado al Mesías." La invitación selló la transición. Jesús era el Cristo, el punto focal de la revelación. [1:40-41]

Cuando Jesús conoció a Simón, él dio una nueva identidad. El llamó a Simón por su nombre formal para identificarlo claramente. Luego Jesús le dio un nuevo nombre: “Cefas” (Araméica por “Roca;” el Griego traduce la palabra como “Petros,” de donde nosotros obtenemos el nombre de “Pedro”). Cuando Jesús le dio a Simón su Nuevo nombre, el definió el rol del Nuevo discípulo en la comunidad. Simón era como roca sólida, no un cascajo o una piedad que podía ser movida.

Pedro era un manto de roca suficientemente fuerte para formar parte de la fundación de una casa. A la luz de los otros evangelios, Jesús dio a Simón el liderazgo con el Nuevo nombre. Recuerde, en los tiempos de Jesús, el nombre de una persona revelaba su fortaleza de carácter y las habilidades. En otras palabras, un nombre definía el poder de uno. [1:42]