Segunda Lectura

2 Pedro 1: 16-19

LAS BASES DE LA FE

¿Has tenido dudas acerca de tu fe? ¿Cómo resolviste tus dudas?

16 En efecto, no hemos sacado de fábulas o de teorías inventadas lo que les hemos enseñado sobre el poder y la venida de Cristo Jesús, nuestro Señor. Con nuestros propios ojos hemos contemplado su majestad 17 cuando recibió de Dios Padre gloria y honor. En efecto llegó sobre él la propia palabra de la gloriosa Majestad: «Este es mi Hijo muy querido, el que me agradó elegir.» 18 Nosotros mismos escuchamos esa voz venida del cielo estando con él en el monte santo. 19 A consecuencia de esto creemos más firmemente en el mensaje de los profetas, y deben tenerlo como una lámpara que luce en un lugar oscuro, hasta que se levante el día y el lucero de la mañana brille en sus corazones.

La Biblia Latinoamericana

1:16 “la venida de Cristo” se refiere literalmente a la “Parousia” en griego, un término teológico para la Segunda Venida.

1:16-17 Normalmente conectamos la Transfiguración a la Resurrección; la gloriosa revelación en el pico de la montaña era la gloria de Jesús en su estado resucitado. Es interesante notar que el autor de 2 Pedro conectaba la Transfiguración a la Segunda Venida; él argumentaba ese testimonio apostólico de la Transfiguración era una razón para creer en el retorno de Cristo.

1:17 “…la gloriosa Majestad” es el título para Dios Padre. En la transfiguración, la voz que habló desde el cielo era un signo de la acción del Padre.

¿En qué se basa nuestra fe cristiana últimamente? El autor de 2 Pedro nos da dos respuestas: el testimonio apostólico y las palabras de los profetas. Estos dos pilares de la fe tienen otros tres bloques que las soportan. Primero, creemos en el Dios de Israel como el verdadero Dios. Segundo, sostenemos que las Escrituras Hebreas son una revelación confiable para su pueblo. Tercero, creemos que los Apóstoles conocían a Jesús de Nazaret personalmente.

La cultura popular ha atacado alguna de estas premisas; últimamente, la tercera ha sido cuestionada. Las escrituras –el Evangelio de Tomás, el Evangelio de Judas, el Evangelio de María Magdalena, han salido a la luz; historias alternativas –una muy popular en la novela “El Código Davinci,” ha retado el punto de vista tradicional del testimonio apostólico. Sin profundizar en la extensa exposición y defensa de la historia del cristianismo original, basta señalar que la evangelización está basada sobre una creencia seria en estos bloques constructivos. Cuando hablamos a otros acerca de Cristo, asumimos que YHWH es el único verdadero Dios, él se reveló a sí mismo en las Escrituras Hebreas, las palabras de las Escrituras apuntan hacia un Mesías, el Nuevo Testamento y la Iglesia estaban basadas sobre los testimonios de un grupo de hombres judíos que aseguran conocieron a Jesús de Nazaret personalmente, y la aseveración de estos testigos que Jesús era el Mesías era la verdad.

La iglesia primitiva enfrentó los retos de la credibilidad. Otros tomaron las Buenas Nuevas y las envolvieron en sus propias conclusiones. Nosotros nos enfrentamos algunos de los mismos retos hoy; pero no debemos reaccionar de una manera puramente defensiva. Hay algo que falta en esos retos, algo que nosotros poseemos, algo que da credibilidad al testimonio de los Apóstoles y al nuestro: el poder de Cristo, el Espíritu. Mientras nuestra fe puede estar definida por dogmas y prácticas de fe, nosotros continuamos como una Tradición la inspiración de la fe que viene de esa chispa dada por Dios y que atrae a otros a la Iglesia. Ese destello condujo a los profetas a escribir sus experiencias y visiones. Esa llama estaba presente cuando Pedro, Santiago y Juan tuvieron una experiencia en la cima de la montaña. Esa llamarada está presente cuando honestamente proclamamos a Cristo para otros.

¿Cómo ayuda tu fe a otros con sus dudas? ¿Cómo tu testimonio y presencia paciente los asiste para escoger la fe en Cristo?

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