Evangelio

Marcos 9: 2-10

LA TRANSFIGURACIÓN

¿Cuándo tuviste una experiencia que te asombró? ¿Qué te detuvo y llamó más tu atención? ¿Por qué tuvo ese evento tal poder sobre ti?

La vida está llena de sorpresas. En cada esquina, en cada momento de la vida nos esperan las experiencias de lo maravilloso. Solamente necesitamos abrirnos a la posibilidad de lo diferente, lo inesperado; pero el hábito y la rutina de la vida opaca nuestro sentido de admiración. Llegamos a familiarizarnos mucho, tomamos todo por concedido y hacemos muchas suposiciones.

Los discípulos vivieron con Jesús a través de su ministerio en Galilea. Los amigos más cercanos a Jesús caminaron con él mientras se dirigía a Jerusalén cegado por sus rutinas diarias. Ellos pensaron que conocían a Jesús. Ellos pensaron que sabían qué esperar. Estaban ahí por lo sorprendente.

2 Seis días después, Jesús tomó consigo a Pedro, a Santiago y a Juan y los llevó a ellos solos a un monte alto. A la vista de ellos su aspecto cambió completamente. 3 Incluso sus ropas se volvieron resplandecientes, tan blancas como nadie en el mundo sería capaz de blanquearlas. 4 Y se les aparecieron Elías y Moisés, que conversaban con Jesús.
5 Pedro tomó la palabra y dijo a Jesús: «Maestro, ¡qué bueno es que estemos aquí! Levantemos tres chozas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías.» 6 En realidad no sabía lo que decía, porque estaban aterrados. 7 En eso se formó una nube que los cubrió con su sombra, y desde la nube llegaron estas palabras: «Este es mi Hijo, el Amado, escúchenlo.» 8 Y de pronto, mirando a su alrededor, no vieron ya a nadie; sólo Jesús estaba con ellos.
9 Cuando bajaban del cerro, les ordenó que no dijeran a nadie lo que habían visto, hasta que el Hijo del Hombre resucitara de entre los muertos. 10 Ellos guardaron el secreto, aunque se preguntaban unos a otros qué querría decir eso de “resucitar de entre los muertos”.

Biblia Latinoamericana.

En su Evangelio, Marcos presentaba una revelación cargada de simbolismo en la cima de una montaña. Los discípulos de Jesús fueron testigos del estatus de su Maestro al igual que de Moisés y Elías. Sus palabras tenían el mismo poder que aquellas de Moisés –el dador de la Ley, y las de Elías –el primero entre los profetas.

Si comparamos las experiencias en los picos de las montañas de Moisés, Elías, y Jesús, la primera equivalencia que encontramos es el lugar: la cima de la montaña. Moisés recibió la Palabra de Dios en lo más alto de una montaña según Éxodo 3:1-6. Elías oyó el susurrar de la presencia de Dios en lo alto de una montaña en 1 Reyes 19:8-13

En ambos encuentros, Moisés y Elías estaban en suelo sagrado. Esto representaba el lugar más cercano entre el cielo y la tierra, el lugar donde Dios descendería a la humanidad. Las cimas de las montañas eran lugares de encuentro y revelación. Tanto Moisés como Elías recibieron las comisiones divinas en el Monte Horeb.

Ambos hombres ocultaron sus rostros cuando se dieron cuenta de que Dios estaba realmente presente. Los encuentros son causa de un sentimiento de admiración y santo temor. Ellos no podían mirar la gloria y el poder de Dios, aunque ambos hombres cambiaron después de esos encuentros.

A diferencia de Moisés y Elías, Jesús no ocultó su rostro frente a la gloria de Dios. Por cierto, él mostró la gloria de Dios.

La sugerencia de Pedro de construir tiendas se refiere a la Fiestas de las Chozas celebradas al principio del otoño. Esta fiesta conmemoraba la protección de Dios sobre su pueblo en el Éxodo; las tiendas o “Cabañas” repiten las hazañas de los Israelitas en el desierto. Con la aparición en el pico de la montaña de Moisés y Elías, quienes representaban la Ley y los Profetas –una referencia judía para las Escrituras, Pedro claramente vio este momento como la acción de Dios. La sugerencia de la “choza” era una manera judía de celebrar esa acción, al igual que YHWH estaba activo entre su pueblo en el desierto.

9:7 La aparición de la nube y la voz hacen una construcción paralela. Literalmente “En eso se formó una nube que los cubrió con su sombra, y desde la nube llegaron estas palabras…” Ambas ocurrencias están conectadas; ellas tenían un origen común.

«Este es mi Hijo, el Amado, escúchenlo.» Este es el mismo pronunciamiento celestial encontrado en el bautismo de Jesús –Marcos 1:11. A diferencia del pronunciamiento del bautismo, sin embargo, la voz se dirigió a los tres discípulos, no a Jesús.

Cuando comparamos la Transfiguración con la teofanía de Moisés y Elías, surgen otras equivalencias. Hay signos de la presencia de Dios. Moisés tuvo la experiencia del arbusto ardiendo. Elías no tuvo los signos esperados –viento, temblor de tierra, o fuego; pero tuvo un susurro de una suave brisa. La Transfiguración tuvo la aparición de Jesús, la nube y la voz. La nube y la voz eran claramente consonantes con el texto; la nube era una señal de la presencia de Dios en el Éxodo –ver Éxodo 13:21-22, la voz del cielo era un trueno –ver Éxodo 19:10. Los antiguos israelitas equiparaban la violencia en los cielos con una manifestación del poder de Dios.

Otro paralelo era la reacción de quienes recibieron la revelación. En el caso de la transfiguración, Pedro, Santiago y Juan entraron en temor y admiración. Al igual que Moisés y Elías, el santo temor de los discípulos provocó un cambio ya que ellos recibieron una misión: escuchen la voz del amado Hijo de Dios.

En el contexto de Moisés y Elías, y en el contexto de los signos de la presencia divina –gloria, nube sobreprotectora, y voz estruendosa, la revelación colocó las palabras de Jesús en el mismo plano de las de Moisés y Elías. Moisés, el dador de la Ley, habló por Dios como a un pueblo que llegaría a ser una nación; Elías, el primero de los Profetas, habló por Dios cuando la nación se alejaba de Dios.

Colocando los dos juntos simbolizaban la experiencia resumida del judaísmo. Por cierto “la Ley y los Profetas” era una frase código para referirse a la Biblia; Moisés –la Ley, y Elías –los Profetas, eran las Escrituras Vivientes. Como una interesante nota aparte, Elías no murió; pero subió al cielo en un carruaje de fuego –ver 2 Reyes 2:1-12; la sabiduría popular judía sostiene que Moisés no murió sino que fue asumido por el cielo; de ahí que ambos pudieron aparecer con Jesús ya que ninguno había pasado por la muerte.

¿Cuál fue el mensaje que Pedro, Santiago y Juan iban a oír? No era el compartir la revelación hasta que “el Hijo de Hombre” resucitara de entre los muertos.” Mientras que la opinión popular judía sostenía que los justos resucitarían en el Reino, estos tres discípulos tenían dificultad para asimilar el mensaje de la Resurrección como “un signo” del Reino, ni podían entender la muerte de su Maestro para que pudiera resucitar. Pedro, Santiago y Juan entendieron la resurrección en sentido general como algo inmediato. Ellos no podían entender que su experiencia de Jesús en la montaña podía ser la fe de todos los cristianos, y no podían sentir que la única manera Jesús podía conectar la experiencia y la fe era por medio de su muerte en la cruz.

LA TRANSFIGURACIÓN

La Transfiguración era una revelación de la Trinidad. La voz del cielo proclamaba las palabras del Padre. El Hijo era transformado en su gloria, y el Espíritu cubría la escena como una nube. La escena recuerda el Bautismo, la voz del Padre desde el cielo, el Hijo resurgiendo de las aguas, y el Espíritu descendiendo sobre el Hijo. La diferencia entre los dos eventos, sin embargo, descansa en la recepción de la revelación. En el Bautismo, Jesús recibió la revelación junto a otros que actuaron como testigos. En la Transfiguración, los discípulos recibieron la revelación.

Observa que la revelación estaba en contexto con la confirmación y la profecía. El evento confirmaba la confesión de Pedro. Jesús era el Mesías; pero también profetizaba la misión del Mesías, su muerte en la cruz para entrar en la gloria. La Transfiguración era una mirada retrospectiva y una mirada en perspectiva.

Para nosotros, la Transfiguración nos recuerda nuestro Bautismo cuando la Trinidad nos es revelada, y, es una mirada hacia el futuro a nuestra muerte y resurrección. Sí, nosotros también, estaremos como Cristo en la gloria; pero el camino a esa gloria nos guía hacia abajo de la montaña colocándonos en los asuntos mundanos y los sufrimientos de la vida.

¿Qué anticipaciones tienes en este momento? ¿Cómo ha cambiado Dios esas anticipaciones?

El mensaje de este evangelio está claro. Para ver, necesitamos mirar. Para oír, necesitamos escuchar.

Para tener una experiencia, necesitamos abrir nuestras mentes y corazones a las posibilidades de la voz de Dios. Mira al Hijo, escucha sus palabras. Abre tu mente y corazón a su presencia. No necesitamos estar en la cima de la montaña para tener la experiencia de la plenitud de Dios. Sacúdete la rutina y lo que está mal, y él estará ahí.

Tomate unos momentos para releer el evangelio. Imagínate que estas ante el Señor mientras él te habla en su gloria. ¿Qué son sus palabras para ti? ¿Cómo puede ayudarte esa palabra esta semana?

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