Evangelio

Juan 11:3-7, 17, 20-27, 33b-45

La resurrección de Lázaro…, una esperanza en tiempos de pérdida

Este es el séptimo y último milagro de Jesús en el Evangelio de Juan; como pasó con la samaritana, el diálogo se ve interrumpido a cada momento porque Jesús retoma las palabras dándoles un significado diferente.

A pesar de todos nuestros esfuerzos, no podemos escapar de la muerte. Sin embargo, el cómo nos enfrentamos a la muerte puede ayudarnos a determinar nuestra calidad de vida. ¿El final de la vida nos da desesperación o esperanza?

En la narración de la resurrección de Lázaro, Juan nos desafía a ver la esperanza de la muerte a través de los ojos de la fe.

La narración sobre la resurrección de Lázaro se destacó como el primer milagro antes de la pasión. Juan tejió la historia para eliminar cualquier duda sobre el poder de Jesús, y presentar al lector con un verdadero reto de la fe en el hijo de Dios

Lázaro resucitado es el anuncio de Jesús muerto y resucitado, y el Evangelista hará notar que este milagro precipitó la detención del Señor. Desde la primera palabra vemos que se trata de un enfermo, es decir, de un hombre que espera su salvación.

3 Las dos hermanas mandaron a decir a Jesús: «Señor, el que tú amas está enfermo.» 4 Al oírlo Jesús,
dijo: «Esta enfermedad no terminará en muerte, sino que es para gloria de Dios, y el Hijo del Hombre será glorificado por ella.» 5 Jesús quería mucho a
Marta, a su hermana y a Lázaro. 6 Sin embargo, cuando se enteró de que Lázaro estaba enfermo, permaneció aún dos días más en el lugar donde se encontraba.
7 Sólo después dijo a sus discípulos: «Volvamos de nuevo a Judea.»

17 Cuando llegó Jesús, Lázaro llevaba ya cuatro días en el sepulcro.

20 Apenas Marta supo que Jesús llegaba, salió a su encuentro, mientras María permanecía en casa. 21 Marta dijo a Jesús: «Si hubieras estado aquí, mi hermano
no habría muerto. 22 Pero aun así, yo sé que puedes pedir a Dios cualquier cosa, y Dios te la concederá.» 23 Jesús le dijo: «Tu hermano resucitará.» 24 Marta
respondió: «Ya sé que será resucitado en la resurrección de los muertos, en el último día.» 25 Le dijo Jesús: «Yo soy la resurrección (y la vida). El que cree
en mí, aunque muera, vivirá. 26 El que vive, el que cree en mí, no morirá para siempre. ¿Crees esto?» 27 Ella contestó: «Sí, Señor; yo creo que tú eres el
Cristo, el Hijo de Dios, el que tenía que venir al mundo.»

La Biblia Latinoamericana

33b su espíritu se conmovió profundamente y se turbó. 34 Y preguntó: « ¿Dónde lo han puesto?» Le
contestaron: «Señor, ven a ver.» 35 Y Jesús lloró. 36 Los judíos decían: « ¡Miren cómo lo amaba!» 37 Pero algunos dijeron: «Si pudo abrir los ojos al ciego,
¿no podía haber hecho algo para que éste no muriera?» 38 Jesús, conmovido de nuevo en su interior, se acercó al sepulcro. Era una cueva cerrada con una piedra.
39 Jesús ordenó: «Quiten la piedra.» Marta, hermana del muerto, le dijo: «Señor, ya tiene mal olor, pues lleva cuatro días.» 40 Jesús le respondió: « ¿No te
he dicho que si crees verás la gloria de Dios?» 41 Y quitaron la piedra. Jesús levantó los ojos al cielo y exclamó: «Te doy gracias, Padre, porque me has
escuchado. 42 Yo sabía que siempre me escuchas; pero lo he dicho por esta gente, para que crean que tú me has enviado.» 43 Al decir esto, gritó con fuerte voz:
« ¡Lázaro, sal fuera!». 44 Y salió el muerto. Tenía las manos y los pies atados con vendas y la cabeza cubierta con un sudario. Jesús les dijo: «Desátenlo
y déjenlo caminar.»45 Muchos judíos que habían ido a casa de María creyeron en Jesús al ver lo que había hecho.

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11:21. La tardanza de Jesús: tal vez haya sido para mostrarnos que su obra de salvación no es ante todo para salvarnos de lo que nos parece más intolerable: la muerte física. No envidiemos a Lázaro que tuvo la mala suerte de tener que morir otra vez. Este milagro es solamente el anuncio de la verdadera resurrección, que no consiste en una prolongación de la vida, sino en la transformación de nuestra persona.

11:24. Por aquella época ya la mayoría de los judíos religiosos creían en la resurrección; pero todo era muy vago y sólo era uno de los elementos del Día de Yahveh. Aquí Jesús toma sobre sí la resurrección del género humano.

11:25. Algunos manuscritos antiguos dicen sólo: “Yo soy la resurrección”. Jesús recuerda que quienes creen en él ya poseen la vida eterna.

11: 27, " tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, el que tenía que venir al mundo." ¡Qué profesión de fe tan extraordinaria la de Marta! Es la misma de Pedro (Mt 16,16). Y será María la que, poco después, anunciará la resurrección a los mismos apóstoles. En este verso, según el punto de vista del escritor del evangelio, se resume los tres títulos de Jesús: el Mesías, el Hijo que tenía una relación única con Dios el Padre y la Palabra que vino al mundo.

11:33. Un detalle muy importante en este Evangelio que insiste tanto en la divinidad de Jesús, la que no disminuye en nada la realidad humana del Hijo. Jesús no estaba revestido de cuerpo humano, sino que era hombre verdadero, con su temperamento y sus reacciones naturales: “ha sido probado en todo igual que nosotros, a excepción del pecado” (Heb 4,15).

Este verso -11:33, es difícil de entender, especialmente teniendo en cuenta el contexto. El griego ha demostrado claramente que Jesús estaba enojado. ¿Pero contra quién? En 11:33 a, Jesús vio a Marta y a los demás llorando en un sincero duelo ritual. El reaccionó con ira y un corazón turbado. ¿Por qué reaccionó Jesús de esta manera ante una situación que era culturalmente apropiada? ¿Estaba enojado por la falta de fe de la multitud? ¿O estaba enojado con la muerte? El verso y el contexto no lo explican. Sin embargo, traducir el verso como "profundamente conmovido" no parece hacer justicia al idioma. Estar enojado y tener un corazón turbado parecían catapultar la pregunta hecha en 11: 34 y la eventual resurrección de Lázaro –ver 11: 38.

11: 35, A diferencia de los lamentos culturales expresados en 11:33a, Jesús simplemente derramó sus lágrimas –para los aficionados de curiosidades, este es el verso más corto en la Biblia.

Tal como comienza el pasaje, María y Marta, las hermanas de Lázaro, enviaron a Jesús una nota urgente sobre su grave enfermedad -11: 3. La nota reveló su fe en Jesús sólo como un curandero.

Jesús respondió con una declaración de fe. La enfermedad no llevaría a la muerte, sino a la gloria de Dios y la gloria de su Hijo -11: 4. En este sentido, la muerte significaba el fin definitivo de la existencia. Jesús infiere que la muerte no pondría fin a la existencia de Lázaro o la suya misma. No, incluso a través de la enfermedad y la muerte, la gente alabaría a Dios y su Hijo. La muerte daría lugar a la nueva vida.

Para hacer su punto, Jesús se retrasó unos días más, a pesar de su amor por la familia. Cuando llegó, Lázaro había estado enterrado durante cuatro días. -11: 5, 17. Muchos rabinos judíos sostenían que el alma ronda cerca del cuerpo durante tres días; pasados los tres días, no había ninguna esperanza de revivir al cadáver.

Cuando Marta oyó que Jesús venía, ella dejó su casa –el lugar habitual de aflicción –para reunirse con él. Tan pronto como ella saludó a Jesús, ella creyó en él sólo como un curandero. Sí, ella puso su fe en Jesús y en su relación con el Padre. Dios seguía trabajando a través de Jesús; pero, sólo si las cosas eran diferentes...

Cuando Jesús anunció que Lázaro se levantaría nuevamente, Marta respondió con una respuesta en la que creían muchos judíos en la época de Jesús; de hecho, Lázaro resucitaría el día del juicio -11: 21-24. Ella no podía ver más allá de su hipótesis.

Jesús, entonces, se reveló a Marta: "Yo Soy la Resurrección y la Vida". Al igual que se identificó con la mujer samaritana en Juan 4:26, Jesús usó la frase "Yo Soy" para denotar su propia divinidad y su relación con el Padre. Él es Dios y es el instrumento de Dios.

Jesús dirigió su identidad hacia el tema en cuestión. "Yo Soy la resurrección y la vida". Quienes confían en Jesús nunca verán la muerte espiritual, a pesar de la muerte física, siempre tendrán vida en Cristo. Tal vez, debemos invertir la frase: En Cristo, tenemos vida eterna, ahora, que nos llevará a la resurrección. En 11:23 Jesús infiere que Lázaro tenía la vida eterna, porque él sería resucitado. ¿Confió Marta en Jesús, de manera que ella también podía tener vida? 11: 25-26.

Sí, Marta creyó. Ella vio que Jesús era más que un mero curandero. En Jesús, ella tuvo la experiencia de Dios. Ella profesaba que Jesús era el Mesías, el prometido de la escritura. 11: 27

Pero, María y los demás no entendieron. Su tristeza conmovió a Jesús; pero su fe inmadura lo irritó –ver en 11:32 la reacción de María; en 11:37 la reacción del público. Hasta este punto, Jesús sintió dolor por la pérdida de su amigo y la indignación ante la multitud, 11:33-38

En la tumba, Jesús ordenó que la piedra de la tumba fuera removida. Marta se opuso obviamente, ¡habría un hedor.! Jesús contraargumentó con una cuestión de fe. En lugar de mal olor, Marta vería la gloria de Dios a través de los ojos de la fe, 11: 39-41.

Después que la piedra fue removida, Jesús agradeció al Padre por su relación. El Padre – siempre –escucha a Jesús. El repitió la frase "me has escuchado" dos veces. En griego, el verbo "escuchar" proyecta el sentido fuera del tiempo, en el ámbito de lo eterno. A través del tiempo, el Padre escuchó la solicitud del Hijo.

Jesús oraba, no para su propio beneficio, sino por la fe de su audiencia, 11: 41-42

Jesús dio dos órdenes, 11:43-44:

  1. 1. Que Lázaro saliera y,
  2. 2. Que la multitud desatara su envoltura de entierro.

En estas dos órdenes, Jesús mostró que su fe en el Padre era cierta. Quienes ponen su confianza en Jesús pueden compartir esa certeza. Los que están en Cristo tendrán una vida que lleva a la resurrección.

11:42. Es difícil traducirlo, si se quiere conservar en el texto un sentido aceptable. Se puede entender: Te doy gracias, no porque tú harás el milagro –porque eso yo lo sabía –sino porque gracias al milagro esta gente podrá creer.

11:44. Los judíos vendaban a los muertos antes de enterrarlos. La Iglesia primitiva usaba el término “desatar” para significar el perdón de los pecados. Al igual que Lázaro, los que recibían el perdón volvían a la vida.

11:45. Podemos preguntarnos de dónde sacó Juan estas informaciones; tal vez las recibió de Nicodemo o de José de Arimatea que se nombran en 19,38 y que parece se habían quedado relacionados con la primera comunidad. En Jn 18,15 se nos dice que el Evangelista era conocido en la casa del sumo sacerdote.

Medita en este pasaje bíblico. ¿Te da esperanzas en la resurrección?

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