Primera Lectura

Hechos 1:1-11

En este periscopio Jesús recuerda a sus oyentes que no solamente él prometió al Espíritu; pero también lo hizo su Padre. Juan el Bautista también profetizó a cerca del envío del Espíritu.

El evento de Pentecostés es previsto en los versículos 4 y 5. Aun cuando el poder del Espíritu es vertido en Pentecostés, estos versículos aseguran que el rol del Espíritu es más que la extensión de poder. El Espíritu tiene algo que hacer con la esencia de Yahveh. La conexión del Espíritu con la esencia de Yahveh como padre sugiere que la presencia del Espíritu es una experiencia poderosa de la gracia de Yahveh.

1 En mi primer libro, querido Teófilo, hablé de todo lo que Jesús comenzó a hacer
y enseñar. 2 Al final del libro, Jesús daba instrucciones mediante el Espíritu a los apóstoles que había elegido y era llevado al cielo.

3 De hecho, se presentó a ellos después de su pasión y les dio numerosas pruebas de que vivía. Durante cuarenta días se dejó ver por ellos y
les habló del Reino de Dios. 4 En una ocasión en que estaba reunido con ellos les dijo que no se alejaran de Jerusalén y que esperaran lo que
el Padre había prometido. «Ya les hablé al respecto, les dijo: 5 Juan bautizó con agua, pero ustedes serán bautizados en el Espíritu Santo
dentro de pocos días.»

6 Los que estaban presentes le preguntaron: «Señor, ¿es ahora cuando vas a restablecer el Reino de Israel?» 7 Les respondió: «No les
corresponde a ustedes conocer los tiempos y las etapas que solamente el Padre tenía autoridad para decidir. 8 Pero recibirán la fuerza del
Espíritu Santo cuando venga sobre ustedes, y serán mis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaría y hasta los extremos de la tierra.»
9 Dicho esto, Jesús fue arrebatado ante sus ojos y una nube lo ocultó de su vista. 10 Ellos seguían mirando fijamente al cielo mientras se
alejaba. Pero de repente vieron a su lado a dos hombres vestidos de blanco, 11 que les dijeron: «Amigos galileos, ¿qué hacen ahí mirando al
cielo? Este Jesús que les ha sido quitado volverá de la misma manera que ustedes lo han visto ir al cielo.»
Biblia Latinoamericana

1:1 A lo largo del libro de los Hechos, los Apóstoles afirman que son “testigos de la resurrección de Jesús” (2,32; 3,15; 5,32; 10,41; 13,31). Este testimonio no se apoya en vagos sentimientos o visiones dudosas, sino en las “pruebas” que Jesús dio a sus apóstoles después de su resurrección y cuyo eco son los Evangelios.

La Iglesia se llama apostólica porque la fe, nuestra fe, se basa en el testimonio de los apóstoles; creemos lo que ellos creyeron. Lo que no estaba entonces contenido de alguna manera en la visión de fe que los animaba no será jamás objeto de la fe. Algunas personas enseñan que los apóstoles no creían en la divinidad de Cristo; tal vez no se han dado cuenta de que así están renegando de la fe del Credo.

1:2 Lucas acaba de nombrar al Espíritu Santo. Si bien Jesús dejó a sus apóstoles la responsabilidad de establecer las primeras instituciones, no por eso la Iglesia es obra suya. Todo lo que se va a edificar y que perdurará será inspirado por el Espíritu. El Espíritu llenará de su fuerza a los apóstoles para que sean en medio del mundo los testigos del resucitado.

1:3 Cuarenta días. Inspirada en las 40 semanas que el niño pasa en el seno materno, la cifra simbólica de 40 sugiere a la vez el tiempo de la prueba y de la maduración, y también es el tiempo de la espera de un nuevo nacimiento. Como Jesús en el desierto, durante cuarenta días los apóstoles se preparan para su misión de testigos (véase la nota de Mt 28,10).

Los cuarenta días del período de resurrección es un tiempo para enseñar a los discípulos acerca del reino de Yahveh que encuentra su cumplimiento total en Jesús Cristo.

El número cuarenta es simbólico y representa un período suficiente de tiempo para preparar a los testigos del evento de la Pascua para la misión de la iglesia.

1:6 Hay una preocupación en el verso 6 sobre la intención de Yahveh para la salvación de Israel. ¿Dónde estaba el lugar de Israel en lo que Yahveh estaba haciendo en Cristo? Hay esperanza que Cristo liberará a Israel, pero hay también preocupación y pregunta. La esperanza no muere a pesar del rechazo a Jesús de parte de Israel. Los Hechos destacan el drama de un pueblo dando la espalda al cumplimiento mesiánico que era para que lo hicieran suyo. Sin embargo, este rechazo está todavía cargado con la esperanza futura de la restauración.

«Señor, ¿es ahora cuando vas a restablecer el Reino de Israel?» destinado a hacer de Israel una nación independiente. Por supuesto, esta pregunta también tenía matices de los tiempos finales, ya que el Reino de Dios vino a través de Israel.

1:7 «No les corresponde a ustedes conocer los tiempos y las etapas…» se refería a los dos sentidos del tiempo en griego. La primera palabra "Chronos" se refiere al flujo de tiempo (o lo que llamamos "tiempo cronológico"). La segunda palabra "Kairos" se refería a un momento decisivo o a un acontecimiento particular.

"… que solamente el Padre tenía autoridad para decidir …" en otras palabras, Dios mismo determinaría la cronología y los momentos clave de los tiempos finales.

1:8 Lucas expone el plano geográfico del libro de los Hechos, pero al mismo tiempo muestra cómo toda la dinámica del Antiguo Testamento se transforma con la muerte y la resurrección de Jesús. A partir de Noé y sus hijos, la mirada de Dios parecía concentrarse más y más en la raza de Abraham y los hijos de Israel, luego en la tribu de Judá y los hijos de David, hasta que el templo de Jerusalén se convierta en el ombligo del mundo . Ahora el Evangelio se va a extender desde Jerusalén hacia Judea y Samaria, y desde la Tierra Prometida a los confines de la tierra.

Cada uno de los Evangelios termina, a su manera, en el envío de los discípulos a misionar; de igual modo, desde las primeras páginas de los Hechos, Jesús recuerda a su Iglesia las exigencias de la misión. Por eso, cuando una comunidad en la Iglesia deja de ser misionera, deja de ser la Iglesia de Jesucristo.

1:9” Jesús fue arrebatado ante sus ojos”. La resurrección de Jesús es algo absolutamente distinto de un retorno a la vida: él, que había salido del seno de Dios, retornaba a la unidad divina. La palabra “resurrección” no era suficiente para entender lo que ni tan siquiera logramos imaginar y se esclareció esta última manifestación viendo a Jesús subir hacia el mundo de Dios.

Al subir al Cielo en su última aparición, Jesús les reveló el sentido de su propia historia: había venido del Padre y retornaba al Padre. Pero no vuelve solo sino que lleva consigo a todo “un pueblo de cautivos” (Ef 4,8) que ha arrancado del poder de las tinieblas para hacerlo entrar en su reino de luz (Col 1,13). Se va para prepararnos un lugar, a fin de que donde él está, estemos también nosotros (Jn 14,2-3).

Jesús desaparece y eso era necesario (Jn 16,7). Sean cuales fueren las cualidades del que ha dedicado su vida a reunir discípulos, éstos nunca serán libres si aquél se queda: los discípulos deberán hacerse cargo tanto de la Iglesia y del apostolado como de ellos mismos.

La anticipación es una enfermedad nacional. Sin embargo, pasamos más tiempo y energía preparándonos para celebrar un acontecimiento importante que disfrutando realmente del evento en sí. La temporada navideña es una muestra clara de la obsesión con la anticipación.

La primera lectura tiene una atmósfera de anticipación. El autor del Evangelio de Lucas y de los Hechos (a quien nos referiremos por su tradicional nombre "Lucas") comienza la historia de la iglesia primitiva con una nota a Theophilus [1]. El primer libro, el Evangelio de Lucas, puso una luz sobre Jesús y su misión. Ahora, la iglesia se convierte en el foco. Como un buen escritor, Lucas da los consejos en gotas para responder a la pregunta de su amigo: "¿Qué sucederá a continuación?"

¿Quién es este "Teófilo?" Nosotros no sabemos quién era, o si esta persona incluso existió. La palabra Teófilo significa "amigo de Dios." Es un nombre propio; puede ser un sobrenombre o apodo o título. Debido a que podría significar cosas diferentes en diferentes contextos, Lucas podría haber estado escribiendo a una persona o a un grupo de personas. Lucas podría incluso haber estado dirigiéndose al lector. Tú o yo podríamos ser el "amigo de Dios" a quien escribe Lucas.

Para edificar la expectativa, Lucas resume la vida de Jesús [3] y luego añade la promesa del espíritu [4-5]. Los discípulos, sin embargo, no están satisfechos con esta respuesta. Ellos todavía quieren saber cuándo regresará Jesús como el Mesías [6]. ¿Esperan el evento correcto? Lucas dice, "no." El día y la hora, incluso el momento oportuno, están reservados para Dios padre [7]. "No esperes a que las cosas se hagan por ti", parece decir Lucas. "Espera en cambio el espíritu de Dios, así que Dios te dará el poder para hacerlo por ti mismo [8]."

Cuando Jesús habla, desaparece de la vista [9]. Pero los discípulos aún no lo entienden. Ellos se quedan allí y esperan el regreso de Jesús [10]. Sí, regresará, pero no desperdicies tu vida con anticipación pasiva. ¡Hay trabajo por hacer! Y Dios enviará su espíritu para trabajar a través de nosotros, para que podamos continuar la misión que Jesús comenzó.

¿Cuál es tu estilo de anticipación? ¿Te preparas con alegría o con ansiedad? ¿Te preparas activamente o permites que otros hagan el trabajo? ¿Y cuál es el lugar de Dios en tu expectativa?

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