Salmo

119

Busca la voluntad de Dios

¿Rezas para conocer la voluntad de Dios? ¿Cómo te has vuelto más sensible a la dirección divina?

Muchos cristianos no buscan la voluntad de Dios. A la vista de ello, esa afirmación es sorprendente y esperada. Es sorprendente que los creyentes no busquen activamente saber lo que Dios quiere para sus vidas; después de todo, ¿cuál es el punto en la fe, si los creyentes no toman en serio la actividad de Dios? Sin embargo, la rutina diaria parece poner oraciones tan elevadas como "la voluntad de Dios" en el fondo; los creyentes están demasiado ocupados para orar por esas cosas.

Al menos en un momento del día, todos debemos orar para conocer la voluntad de Dios. Esa oración debe ser una meta y un hábito. Afortunadamente, tenemos el Salmo 119 para ayudarnos hacia esa oración.

El Salmo 119 es el salmo más largo de la Biblia, con un total de 176 versículos. El autor escribió el himno de una manera estilizada; la primera letra de un grupo de ocho versículos fue una letra siguiente del alfabeto hebreo. El salmo es inusual en su falta de materia; no aborda la historia ni la adoración del pueblo elegido. En lugar de centrarse en las preocupaciones comunitarias, es altamente individualista. El salmo es una oda a Yahveh y su ley, sin embargo, la noción de ley divina supera a la Torá y sus pautas corolarias. En cambio, la "Ley" parecía ser equivalente a la voluntad de Dios. En otras palabras, el autor trató de buscar a Dios y su voluntad; obediencia a la voluntad divina dio la visión del Dios que el salmista amaba.

En lugar de revisar todo el salmo, exploremos las secciones del salmo que aparecen en la liturgia.

TET 65 Has sido bueno con tu servidor, Señor, de acuerdo con tu palabra.
66 Enséñame el buen sentido y el saber, pues tengo fe en tus mandamientos.
67 Antes de ser humillado me había alejado, pero ahora yo observo tu palabra.
68 Tú que eres bueno y bienhechor, enséñame tus preceptos.
69 Los soberbios me recubren de mentira, mas, con todo el corazón, guardo tus ordenanzas.
70 Su corazón está paralizado y ciego, pero para mí tu Ley es mi delicia.
71 Fue bueno para mí que me humillaras, para que así aprendiera tus preceptos.
72 La ley de tu boca vale más para mí que millones de oro y plata.

YUD 73 Tus manos me han hecho y organizado, dame inteligencia para aprender tus mandatos.
74 Se alegrarán los que te temen, al ver que he esperado en tu palabra.
75 Sé, Señor, que tus juicios son justos y que con razón me has afligido.
76 Que tu gracia me asista y me consuele, conforme a tu palabra dada a tu siervo.
77 Que venga a mí tu ternura y me dé vida, porque mis delicias son tu Ley.
78 Confunde a los soberbios que me calumnian, mientras yo medito en tus ordenanzas.
79 Que se vuelvan a mí los que te temen y que saben de tus testimonios.
80 Que cumpla mi corazón sin falla tus preceptos, para que no quede avergonzado.

La Biblia Latinoamericana

Tet y Yud son las letras novena y décima en el alfabeto hebreo; así que la primera letra de la primera palabra de 119:65 fue "Tet". Tet repite los temas de la bondad de Dios y el anhelo de iluminación divina ("enséñame...") en 119:65-68. La petición se convirtió en comparación entre el cantante y el pecador (119:69-70). Esta sección termina con una sabiduría que proviene de las crueldades de la experiencia; la injusticia típica de la vida enseña humildad y un verdadero asombro de la voluntad de Dios (119:70-71).

Yud comienza con un reconocimiento al Creador del autor y una súplica para entender la voluntad divina (119:73). Ese entendimiento no sólo conduciría a una visión personal, sino a un testimonio personal; el autor esperaba convertirse en un ejemplo para los fieles (119:74, 79). Dado que el ejemplo personal tejió con el asombro del Señor ("miedo al Señor") dos veces en esta sección, estos comentarios ayudan a esbozar las peticiones del Yud. El autor reconoció el sufrimiento personal como parte de la voluntad de Dios y parte de su educación divina (119:75; véase también 119:71). Pero la clave para entender esta sección estaba en 119:76-80. El autor definió su felicidad frente a su relación con la voluntad de Dios. Yahveh estableció su convenio con Israel debido a su bondad amorosa. Participar en ese convenio tenía la intención de hacer su voluntad; de hecho, el salmista vio su relación con Dios, con el cosmos, con los demás, e incluso consigo mismo en términos de ese convenio. La obediencia al convenio (y, así, a la voluntad de Dios) formó su propia imagen y su vida interior.

AYIN 121 He actuado con derecho y con justicia, no me entregues a mis opresores.
122 Defiende la causa de tu servidor, no dejes que me opriman los soberbios.
123 Por tu salvación mis ojos languidecen, y por tu justa palabra.
124 Según tu amor actúa con tu siervo, y enséñame tus preceptos.
125 Soy tu servidor, dame inteligencia para que conozca tus testimonios.
126 Señor, es tiempo de que actúes, pues se viola tu Ley; 127 al verlo amo más tus mandamientos, los aprecio más que el oro fino.
128 Me regulo por todos tus preceptos y odio cualquier camino de mentira.
PEY 129 Maravillosos son tus testimonios por eso mi alma los guarda.
130 Exponer tus palabras es dar luz y abrir la inteligencia de los sencillos.
131 Abro una boca grande para aspirar, pues estoy ávido de tus mandamientos.
132 Vuélvete a mí y ten de mí piedad, como los que aman tu nombre lo merecen.
133 Afirma con tu palabra mis pasos, no dejes que me domine algún mal.
134 Líbrame de la opresión del hombre, para que pueda observar tus ordenanzas.
135 Haz brillar tu faz sobre tu siervo y enséñame tus preceptos.
136 De mis ojos han brotado ríos de lágrimas, al ver que no se observa tu Ley.

La Biblia Latinoamericana

Ayin y Pey son las letras decimonovena y vigésima en el alfabeto hebreo. La sección Ayin comienza y termina con la justicia del salmista; su moral declarada era un contrapeso para aquellos que no buscaban la voluntad de Dios (119:121, 128). Fíjate en la tensión entre el santo y el pecador que ayudó a establecer el tono de la sección: salud de los justos contra la opresión del pecador (119:122), tiempo para el juicio divino (119:126). En medio de esta tensión, el autor pidió a Dios que lo entendiera (119:123-125).

Pey se hace eco de la tensión entre los fieles y los infieles (119:133-134, 136), pero de una manera más tenue. Claramente, la actitud que se encuentra en el himno era una expectativa para que Dios actuara; ese anhelo formó una oración por la sabiduría (119:129-132, 135).

Uno de los temas que podemos ver brillar de estas secciones es la fe en la acción. Cuando creemos activamente, dependemos conscientemente de Dios. Necesitamos saber algo sobre su voluntad, para poder confiar en él. Sí, tal vez no sepamos todo acerca de la intención de Dios; de hecho, podríamos saber muy poco sobre sus planes. Pero, mientras sepamos que él está a cargo, y dobleguemos nuestra voluntad a la suya, podemos acercarnos más a él. Y podemos enfrentar el mal en el mundo con confianza, porque Dios está con nosotros.

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