Segunda Lectura

1 Pedro 2:20b-25

Llamados a llevar una vida ejemplar, siguiendo las huellas de Jesús

20 Porque, ¿qué mérito habría en soportar el castigo cuando se ha faltado? En cambio, si pueden
soportar que los traten mal cuando han actuado bien, eso es grande ante Dios. 21 Para esto han sido llamados, pues Cristo también sufrió por ustedes,
dejándoles un ejemplo, y deben seguir sus huellas. 22 El no cometió pecado ni en su boca se encontró engaño. 23 Insultado, no devolvía los insultos, y
maltratado, no amenazaba, sino que se encomendaba a Dios que juzga justamente. 24 El cargó en su cuerpo con nuestros pecados en el madero de la cruz, para
que, muertos a nuestros pecados, empezáramos una vida santa. Y sus heridas nos han sanado. 25 Pues eran ovejas descarriadas, pero han vuelto al pastor y
guardián de sus almas.

La Biblia Latinoamericana

2:22 “el no cometió pecado ni en su boca se encontró engaño” es de Isaías 53:9b.

Hasta ahora, la mayoría de nosotros sabemos los fundamentos de la fe cristiana: Cristo murió por nuestros pecados para que podamos vivir en el cielo con Dios después de la muerte. Cualquier niño de edad escolar con alguna enseñanza religiosa puede afirmar ese principio de la fe. Pero, cuando traducimos esa doctrina de la fe cristiana al estilo de vida cristiana, todo se vuelve difícil. Así como Cristo sufrió por el bien de los demás, también debemos estar dispuestos a enfrentar el sufrimiento.

Cuando la vida se torna dura, podríamos estar tentados a reaccionar desde la debilidad. Podríamos estar dispuestos a salir adelante de la situación a nuestra manera, abusar de quienes abusan de nosotros, incluso amenazar a aquellos que son más débiles que nosotros. Este tipo de reacciones refuerza el ciclo del pecado. Los oprimidos llegan a ser los opresores. El niño maltratado se convierte en el adulto abusador. El mentiroso propaga una mentira todavía más grande.

Pero, Cristo rompió el ciclo del mal en su sufrimiento y su muerte. Él no fue mentiroso, él no oprimió o amenazó a otros, El simplemente dio su vida a su Padre. Al hacerlo, él cargó toda la fuerza de nuestro mal. Al romper el ciclo, nos liberó de nuestro pecado. Ahora vivimos con Dios.

Obviamente, el ciclo del pecado todavía existe en el mundo. Sin embargo, podemos rechazarlo en nuestras vidas, tenemos un ejemplo a seguir. Cuando caminamos en los pasos de Jesús, sufrimos; pero prevaleceremos sobre el mal, simplemente porque él ya ha cobrado la victoria.

¿En qué formas ha sido la vida ha sido difícil para ti? ¿Cómo te ha inspirado Cristo y te ha fortalecido en tu lucha por permanecer fiel?

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