Primera Lectura

Hechos 2:14, 36-41

El reto de la Salvación

14 Entonces Pedro, con los Once a su lado, se puso de pie, alzó la voz y se dirigió a ellos
diciendo: «Amigos judíos y todos los que se encuentran en Jerusalén, escúchenme, pues hay algo que deben saber!
36 Sepa entonces con seguridad toda la gente de Israel, que Dios ha hecho Señor y Cristo a este Jesús a quien ustedes crucificaron.» 37 Al oír esto se
afligieron profundamente y dijeron a Pedro y a los demás apóstoles: « ¿Qué tenemos que hacer, hermanos?» 38 Pedro les contestó: «Arrepiéntanse, y que cada
uno de ustedes se haga bautizar en el Nombre de Jesús, el Mesías, para que sus pecados sean perdonados. Entonces recibirán el don del Espíritu Santo. 39 Porque
el don de Dios es para ustedes y para sus hijos, y también para todos aquellos a los que el Señor, nuestro Dios, quiera llamar, aunque estén lejos.» 40 Pedro
siguió insistiendo con más argumentos. Los exhortaba diciendo: «Aléjense de esta generación perversa y sálvense.» 41 Los que acogieron la palabra de Pedro
se bautizaron, y aquel día se unieron a ellos unas tres mil personas.

La Biblia Latinoanmericana

Estos versos completan la primera proclamación de Pedro de las Buenas Nuevas en Pentecostés. La proclamación tuvo tres partes:

  1. una explicación de las "lenguas" con Joel 3: 1-2 como una señal del fin de los tiempos.
  2. la proclamación de Jesús como el Mesías, mediante una exposición apologética de su muerte y resurrección a la luz del Salmo110: 1, 3
  3. la respuesta de su audiencia.
En la proclamación, Pedro implícitamente dividió el mundo del judaísmo en tres campos:
  1. los culpables de crucificar al Mesías,
  2. los inocentes del delito y
  3. los que iban a ser juzgados.

Ten en cuenta que es Dios quien dictaría la sentencia. También observa que la culpabilidad del crimen se encontraba más allá de la frontera de la responsabilidad personal. De hecho, Pedro describe el crimen como universal, una ofensa tan grande que todo el mundo compartiría la culpa al rechazar la Buena Nueva. Por lo tanto, Pedro vio el mundo dividido en los salvados, los condenados y aquellos que no habían oído hablar de Jesús y decidían seguir a Jesús.

El desafío de Pedro puesto delante de sus compatriotas era sencillo. ¿Cómo la gente se unía a los salvados y eran separados de los culpables? La elección de la salvación tenía tres pasos:

  1. La Metanoia,
  2. El Bautismo y
  3. La anticipación.

La Metanoia era un cambio de corazón, mente y estilo de vida, una ruptura radical con el mundo.

El Bautismo en el nombre de Jesús, era con el fin de hacer pública esa Metanoia y con el resultado del perdón de Dios.

Finalmente, estaba la anticipación del Don de Dios, la vida en el Espíritu Santo que los apóstoles hacían evidente en Pentecostés. Observa que el Don era "la promesa hecha por Dios" a los presentes, sus familias y a los de la diáspora –y, por extensión, a los "Gentiles justificados". Estos tres pasos colocan a los neófitos en la comunidad del fin de los tiempos, y, por tanto, distintos de la "generación perversa" que era culpable de la muerte de Jesús.

Así, impregnados con el discurso de Pedro, estaba la visión del mundo, igual que los medios para la salvación. La visión del mundo era posible por un simple cambio en la visión. Los discípulos ya no vieron la muerte de Jesús como un momento de desesperación, sino como un punto de partida del fin de los tiempos. Con la exhalación final de Jesús en la Cruz, el espíritu se hizo activo. En primer lugar, con la resurrección de Jesús, luego, con el poder recibido en Pentecostés. Incluso hoy, los cristianos todavía miramos al mundo con ojos de Pedro.

¿Cómo es hoy parte del final de los tiempos? ¿Cómo la renovación de tu fe inspira esta visión del mundo?

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