Segunda Lectura

Filipenses 1:20c,-24, 27

El dilema entre el ahora y la eternidad

¿Te preguntas alguna vez como será el cielo? ¿Te preguntas si la vida después de la muerte será mejor que la vida que tienes ahora?

20 c, Cristo aparecerá más grande a través de mí, sea que viva o que muera. 21 Porque para mí la vida
es Cristo, y la muerte una ganancia. 22 Pero veo que, mientras estoy en este cuerpo, mi trabajo da frutos, de modo que ya no sé qué escoger. 23 Me siento
urgido por los dos lados: por una parte siento gran deseo de romper las amarras y estar con Cristo, lo que sería sin duda mucho mejor. 24 Pero, pensando
en ustedes, conviene que yo permanezca en esta vida.

27 Solamente procuren que su vida esté a la altura del Evangelio de Cristo. Permanezcan firmes en un mismo espíritu y luchen con un solo corazón por la
fe del Evangelio. Ojalá lo pueda comprobar si voy donde ustedes y, si no voy, pueda al menos oírlo.

La Biblia Latinoamericana

1, 21: …para mí la vida es Cristo. Gálatas 2,20. Está muy de moda decir que los cristianos deben «comprender al mundo» y ser «plenamente humanos». Eso, que es cierto, no lo dice todo. El amor de Dios crece en nosotros mientras nos entregamos a las personas y a las tareas que nos confía, pero, cuando el amor de Dios ha crecido, también se arraiga en nosotros el deseo de la eternidad y de estar con Cristo, y nos hace como extranjeros en este mundo. 1, 23: …deseo estar con Cristo. Esto contradice la teoría de ciertas sectas que afirman que los muertos dejan totalmente de existir hasta el día de la resurrección 2 Corintios 5,8.

¿Tenía Pablo un deseo de morir? Estos cortos versos de la carta a los Filipenses presentan un sentido de indecisión de parte de Pablo. Escritos desde la prisión, Pablo jugaba con la idea de “después de la muerte”. Pero, ¿será que su razón para escribir era un genuino deseo por vivir en Cristo, o lo que escribió tenía la impresión de su melancolía? Quizás nunca lo sabremos. Sin embargo, el texto demostraba claramente el amor de Pablo por los Filipenses y su deseo de volver a ellos. Si él no podía estar con Cristo, él deseaba estar al servicio de sus hermanos y hermanas nuevamente.

Al igual que Pablo, algunas veces podríamos sentir el peso del mundo sobre nosotros. Como Pablo, quizás nos sintamos “impresionados” por algunas gentes o eventos fuera de control. Quizás podríamos desear vivir con Dios en vez de las presentes circunstancias. En estos tiempos, recordemos que no somos nuestros propios maestros. Vivimos para el Señor. Si encontramos que la vida nos encierra o nos aprieta, reflexionemos el lugar que ocupamos en el designio de Dios.

Él quiere que estemos donde podamos encontrarnos, de manera que podamos servir a otros.

1, 27: En todo ese párrafo Pablo invita a los Filipenses a tomar parte plenamente en su propia lucha; mientras él está en prisión, ellos deben permanecer en el primer puesto del combate. ¿Y qué espera de ellos? Ante todo que su comunidad sea una verdadera comunidad. La unidad será una señal decisiva para los que nos vean desde fuera; por eso, estén unidos y hablen sin temor. Haya persecución o no, la gente de fuera tratará siempre de dividirnos.

Cuando la vida se vuelve difícil, las dificultades puede que continúen, pero los Cristianos siempre buscan como servir a otros.

¿Cómo podemos emular a Pablo en nuestro servicio a los otros? ¿De qué manera podemos deponer el orgullo de manera que otros puedan disfrutar los frutos de nuestro trabajo?

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