Primera Lectura

Isaías 55:6-9

Sus caminos no son mis caminos

6 Busquen a Yavé ahora que lo pueden encontrar, llámenlo ahora que está cerca. 7 Que el malvado deje
sus caminos, y el criminal sus proyectos; vuélvanse a Yavé, que tendrá piedad de ellos, a nuestro Dios, que está siempre dispuesto a perdonar. 8 Pues sus
proyectos no son los míos, y mis caminos no son los mismos de ustedes, dice Yavé. 9 Así, como el cielo está muy alto por encima de la tierra, así también
mis caminos se elevan por encima de sus caminos y mis proyectos son muy superiores a los de ustedes.

La Biblia Latinoamericana

6-9. Déjense vencer por el amor de Yavé, que les está preparando mucho más de lo que podían pensar. Pablo hablará el mismo lenguaje en su carta a los Romanos 5,1-11.

Aún antes del retorno de los exiliados de Babilonia, los pensadores religiosos dentro del Judaísmo trataron de reconciliar dos nociones:

- Primero, los fieles “remanentes”, aquellos que permanecieron leales a YHWH, eran los escogidos. Ellos eran un signo de orgullo de la presencia de Dios simplemente porque ellos sobrevivieron los “malos” tiempos y el acoso de la gente “mala”. - Segundo, YHWH era el único Dios. Antes del exilio, el Dios Judío era una deidad nacional, un dios entre muchos. Una relación estricta con YHWH no permitía una relación con ningún otro dios.

Pero, durante el exilio, los Judíos fueron confrontados con deidades de la superpotencia regional, Babilonia. Debido a que los Judíos eran el pueblo conquistado, ellos eran una nación débil, que se reflejaban en el poder de su Dios. Ante tal poder y crítica, los Judíos se hacían entre ellos esta pregunta: ¿qué dios es Dios? ¡YHWH! El no era solamente el Dios de los Judíos. Él era el único Dios. No solamente, no importaban los otros dioses, ¡ellos no existían! Mientras esta vía al monoteísmo puro tomó siglos, el exilio babilónico era un punto de retorno de una vista estrecha de Dios entre los Judíos a una vista universal.

Yahveh, el Dios del amor compasivo de los Judíos, el único Dios, mandaba en todos los pueblos. Esta creencia estaba en tensión con la visión de los remanentes quienes tenían que permanecer puros y rechazar el mal. Si a los pecadores les estaba permitido regresar libremente, ¿cómo podía una comunidad permanecer única, con sus altos estándares morales?

Escribiendo a los exiliados que retornaban, el Segundo Isaías proclamaba una creencia en el YHWH compasivo exultando la necesidad de una mentalidad exclusiva del enclave. Dios le daba la bienvenida a los pecadores porque él veía las cosas diferente a la gente de entre los fieles.

El que tengamos una vida de fe, no nos da la visión interna de las intenciones de Dios. Las injusticias de la vida no deben desanimarnos a tener fe en un Dios justo, ni debería presionarnos dentro de nuestro propio encapsulamiento para mantener el mal en una bahía. El segundo Isaías recordaba a su audiencia, igual que nos recuerda a nosotros, que Dios es el Señor de los justos y los pecadores, y que deberíamos aceptar a todos los que desean arrepentirse. Esta es la voluntad de Dios.

¿De qué manera equilibras una creencia en un Dios amoroso, compasivo versus la noción de una Iglesia moral? ¿Cómo mantenemos la pureza de la Iglesia a la vez que les damos la bienvenida a los pecadores que regresan?

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