Evangelio

Mateo 13:1-9

La Bondad de Dios

La parábola del sembrador y la semilla se presentó como una parábola favorita en la iglesia primitiva. Esta versión abreviada de Mateo puede dividirse en tres partes:

1. la recopilación de las multitudes, 2. los residuos de la siembra y 3. la cosecha abundante.

La siembra es la obra de Jesús; la siembra será siempre la obra del que evangeliza, ya sea con la palabra o con su trabajo dentro de la comunidad

1 Ese día Jesús salió de casa y fue a sentarse a orillas del lago. 2 Pero la gente vino a él en tal
cantidad, que subió a una barca y se sentó en ella, mientras toda la gente se quedó en la orilla.

La Biblia Latinoamericana

13:1 "… Jesús fue a sentarse…" La posición sentada es la del Maestro; tomando la información de 13:3, la enseñanza estaba implícita. La barca es la de Simón Pedro –Lucas 5,1, y la casa es también la suya –Marcos 1,29; Marcos 2,1; Marcos 3,20. Jesús se dirige a la ribera de Cafarnaúm.

Jesús ha hecho proclamar por sus apóstoles la venida del Reino; se han visto sus primeras señales, curaciones y victorias sobre los demonios, pero no han estado ausentes tampoco las oposiciones, y da la impresión de que el conjunto del pueblo no se abre. ¿Qué pensar de ese “reino de Dios” que cambia tan poco la realidad? Mateo da respuesta en las siete parábolas que siguen.

3 Jesús les habló de muchas cosas, usando comparaciones o parábolas. Les decía: «El sembrador salió a
sembrar. 4 Y mientras sembraba, unos granos cayeron a lo largo del camino: vinieron las aves y se los comieron. 5 Otros cayeron en terreno pedregoso, con
muy poca tierra, y brotaron en seguida, pues no había profundidad. 6 Pero apenas salió el sol, los quemó y, por falta de raíces, se secaron. 7 Otros
cayeron en medio de cardos: éstos crecieron y los ahogaron.

La Biblia Latinoamericana

13, 3. Los contemporáneos de Jesús se reunieron alrededor de él para aprender a cerca del Reino; pero Jesús enseñó de tal manera para provocar frustración e inspiración. En lugar de enseñar claramente, le permitió al oyente juntar las piezas de las enseñanzas. De este modo, el agente de escucha –y el lector, podrían crecer espiritualmente.

La parábola es una comparación, ya sea que quepa en dos líneas o que relate una larga historia. No se trata de una explicación destinada a oyentes poco intelectuales, sino que quiere ayudar al oyente a que tome conciencia de su propia situación.

Para los oyentes de Jesús, el reino de Dios significaba ante todo una liberación de su pueblo oprimido, y querían que se pronunciara claramente sobre eso.

Pero Jesús tan sólo podía hablar en parábolas a sus seguidores, ya que el Reino forma parte de esas realidades que no se pueden ver mientras no se crea en ellas. Jesús se referirá a él sólo a través de imágenes, y se podrán entender en la medida en que se tenga ya alguna experiencia de él. Jesús manifiesta a la vez cómo será recibido el Evangelio y cuál debe ser la actitud del que evangeliza o que trabaja dentro de la comunidad cristiana. De antemano minimiza las estrategias y descarta los medios que convertirían infaliblemente a las multitudes. El evangelizador siembra, y como el sembrador espera pacientemente las lluvias que fecundarán el terreno –Santiago 5,7 y la obra del Espíritu que abrirá los corazones –Hechos 16,14. No se quejará si no ve el resultado de sus penas –Juan 4,37, sino que más bien dejará que Dios haga su obra, llamando a los que quiere para sí –Juan 6,45.

3: 5 "sobre terreno pedregoso" Sea que el terreno tuviera muchas rocas o que hubiese una delgada capa de suelo sobre una base rocosa, se considera que las semillas no podrían crecer raíces firmes.

La parábola del sembrador y la semilla conmocionó a la audiencia de Jesús por una siembra que despilfarraba y por la abundante cosecha. El antiguo pueblo vio los desperdicios y las sobras como un abuso de los ricos. Cuando discutían sobre economía, las personas más antiguas estaban de acuerdo en dos puntos:

1. En primer lugar, había sólo una cantidad limitada de riqueza en el mundo. 2. En segundo lugar, Dios –o los dioses, legaron la distribución de esa riqueza dentro de un sistema rígido de clase social. Los ricos –cinco por ciento de la población, eran dueños del noventa por ciento de la riqueza y los pobres luchaban para sobrevivir. Los antiguos considerarían absurdos nuestros conceptos modernos de creación de riqueza y mejoramiento individual.

Imagine la actitud del público hacia la cultura de desperdicio y desechos. Ellos reciclarían cualquier objeto útil y recogerían cualquier semilla útil para replantarla en buena tierra. Aún el agricultor en la parábola arrojaba las semillas alrededor sin pensarlo. ¿Ostentaba su riqueza? O, ¿carecía él totalmente de sentido común?

¿Cómo ves la riqueza? Y ¿A los ricos? ¿Cómo usas tu dinero sabiamente?

8 Otros granos, finalmente, cayeron en buena tierra y produjeron cosecha, unos el ciento, otros el
sesenta y otros el treinta por uno. 9 El que tenga oídos, que escuche.»

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Sin embargo, al final, la cosecha había reivindicado las prácticas de siembra del agricultor. Cuando la mayoría de personas obtuvieron rendimientos de dos a cinco veces la cantidad de granos plantados, el agricultor en la parábola ganó 30 a 100 veces. El rendimiento sorprendió la mente de los antiguos.

Una parte de la semilla da fruto y se multiplica. El que tiene ojos para ver no puede dejar de constatar cuántas cosas han nacido del Evangelio y nacen aún hoy donde es recibido. El reino se lee en la vida y en los ejemplos de los santos conocidos o desconocidos. La cultura occidental puede renunciar al Evangelio, pero eso no quitará que ha nacido de su dinamismo.

En todas partes del mundo el Evangelio ha inspirado hoy un sinnúmero de esfuerzos para crear comunidades y despertar la conciencia de los pobres y explotados, para que se hagan responsables de su suerte y que se liberen de las presiones de los grandes intereses económicos o de la opresión de las naciones fuertes.

Esas y muchas otras realidades han nacido de la Palabra, pero han tenido que madurar en el corazón de las personas de fe.

Jesús consideraba esta parábola lo suficientemente importante como para darle dos declaraciones enfáticas:

a) "He aquí=Miren" al principio y b) "El que tenga oídos que escuche. ¿Por qué? Para destacar las bendiciones del Reino de Dios. Las bendiciones de Dios parecían tan irracionales a la audiencia de Jesús como lo hacen hoy. Dios bendecía a los malvados con riquezas mientras los buenos, sufren. Sin embargo, el sufrimiento del bueno le llevó a bendiciones mucho mayores. Tal fue el Reino de Dios.

Como cualquier buena historia, las parábolas de Jesús tuvieron muchos niveles de significado. Jesús interpretaba estas parábolas para el Ministerio misionero de los apóstoles.

En Mateo 13:18-23, él vio al sembrador como el misionero predicando a las multitudes. Algunos en la multitud rechazan absolutamente el mensaje –como las semillas en el camino endurecido. Otros reciben el mensaje pero son inmaduros y pierden rápidamente el interés frente a la oposición –como las semillas en el suelo rocoso que son quemadas por el sol. Un tercer grupo se llegan a convertir en cristianos; pero nunca disfrutan de crecimiento espiritual, puesto que las preocupaciones del mundo se interponen en el camino –como las semillas sembradas entre las malezas espinosas.

El último grupo crece abundantemente en Cristo, ya que voluntariamente se ponen en riesgo – como las semillas plantadas en un suelo profundo y fértil, que se activa una y otra vez.

Jesús mencionó sus parábolas para impresionar y hacer reflexionar a su audiencia por una razón, él dijo las parábolas para que su audiencia creyera. Aplicar la parábola del sembrador y la semilla sigue constituyendo un desafío a nuestra vida moderna, ¿Cómo pueden la abundancia y el desperdicio describir las bendiciones en el Reino de Dios? ¿Cómo podemos arriesgar nuestros corazones –como el suelo en la parábola, para recibir la palabra de Dios –como las semillas?

Jesús, como el sembrador, vive para el futuro. Se ha lanzado a una empresa desesperada: salvar a su pueblo cuando aparentemente nadie es ya capaz de frenar la ola de violencia que se está incrementando en ese pueblo fanático y oprimido. Y no cuenta más que con la fuerza de la Palabra proclamada y puesta en práctica para revertir la corriente de la historia. Habrá sin duda una buena parte de fracaso, pero también habrá que cosechar, con tal que el grano acepte morir en la tierra.

El Evangelio ha recordado la explicación de Jesús referente a los diferentes terrenos en que cae la semilla. Pero quedaba mucho más por explicar. Y ante todo los oyentes debieron haberse extrañado de esta comparación del reino de Dios con algo que se siembra. A lo largo de la Historia Sagrada se había sembrado y lo que esperaban los contemporáneos de Jesús era la cosecha –Apocalipsis 14,15.

Como los contemporáneos de Jesús, también nosotros queremos cosechar, o sea, gozar de los frutos del Reino de Dios, que son la paz social, la justicia y la felicidad. Y muchos se extrañan, de que, veinte siglos después de Cristo, los hombres sigan aún tan malos. Hay que aclarar que todo lo del “reino de Dios” en el presente mundo queda y quedará como una semilla y que nadie lo captará si sólo se interesa por los frutos que se podrían cosechar

Pero aunque el reino de Dios ya esté en medio de nosotros, no por eso vamos a gozar de sus frutos. El reino de Dios está donde Dios reina, y Dios está reinando donde puede actuar como Padre y donde sus hijos reconocen los proyectos que tiene sobre ellos.

A partir de ese momento las personas van madurando de mil maneras, y al mismo tiempo va madurando la conciencia social. Las personas toman conciencia de su dignidad y de su destino común, a pesar de que cada día les parezca más difícil conseguir sus metas.

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