La Ascensión del Señor -B

Segunda Lectura: Efesios 4, 1-13

Unidad con el Cristo glorificado

No es suficiente contemplar el «misterio de Cristo» y bendecir al Padre por su designio de amor. Hay que vivir ese misterio y ser consecuentes con ese designio.

Si en Jesús han sido «reunidas» todas las cosas, ¿cómo los cristianos podemos vivir desunidos? En la Iglesia hay diversidad de dones y de funciones, pero esa necesaria diversidad, lejos de ser un obstáculo para su unidad, tiene que contribuir a enriquecerla y a ponerla más de manifiesto. Como todo cuerpo y a la manera de un «edificio», la Iglesia debe crecer constante y armónicamente con el aporte de todos, hasta alcanzar «la madurez que corresponde a la plenitud de Cristo» (4. 13).

Pero la unidad cristiana tiene que ser el fruto de la Vida nueva que recibimos al revestirnos de Cristo en el Bautismo.

Lo mismo debe decirse de todo el comportamiento cristiano. Por algo hemos pasado de las tinieblas a la luz. Como «hijos de la luz» (5. 8), estamos llamados a imitar a Dios, practicando el amor incomparable de su Hijo en nuestras relaciones con los demás. De una manera particular, ese amor debe resplandecer en la vida conyugal, a la que Pablo presenta como un signo privilegiado de la unión de Cristo con la Iglesia.

Llamado a la unidad

1 Yo, que estoy preso por el Señor, los exhorto a comportarse de una manera digna de la vocación que han recibido. 2 Con mucha humildad, mansedumbre y paciencia, sopórtense mutuamente por amor. 3 Traten de conservar la unidad del Espíritu, mediante el vínculo de la paz. 4 Hay un solo Cuerpo y un solo Espíritu, así como hay una misma esperanza, a la que ustedes han sido llamados, de acuerdo con la vocación recibida. 5 Hay un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo. 6 Hay un solo Dios y Padre de todos, que está sobre todos, lo penetra todo y está en todos. La diversidad de los carismas 7 Sin embargo, cada uno de nosotros ha recibido su propio don, en la medida que Cristo los ha distribuido. 8 Por eso dice la Escritura: Cuando subió a lo alto, llevó consigo a los cautivos y repartió dones a los hombres. 9 Pero si decimos que subió, significa que primero descendió a las regiones inferiores de la tierra. 10 El que descendió es el mismo que subió más allá de los cielos, para colmar todo el universo. 11 Él comunicó a unos el don de ser apóstoles, a otros profetas, a otros predicadores del Evangelio, a otros pastores o maestros. 12 Así organizó a los santos para la obra del ministerio, en orden a la edificación del Cuerpo de Cristo, 13 hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, al estado de hombre perfecto y a la madurez que corresponde a la plenitud de Cristo.

La Biblia Latinoamericana

4:5-6 El énfasis en EL, comparaba la unidad de la comunidad con el concepto de monoteísmo que los cristianos adoptaron del Judaísmo –ver Deuteronomio 6:4. Al igual que Dios era “UNO” la comunidad debería serlo. 4:6 “un solo Dios y Padre de todos, que reina sobre todos, actúa a través de todos y vive en todos”

La última frase puede referirse a la acción de Dios en su creación –sobre todo, a través de todo, y en todo” o puede referirse a su acción entre la gente al final de los tiempos –sobre todos, a través de todos, y en todos” El contexto del argumento se refiere más al significado último.

4:7 "Habiendo subido a las alturas, llevó consigo a los cautivos y dio dones a los hombres” Este verso viene del Salmo 68:18. Era una referencia a Moisés, quién guio a los israelitas cautivos a la libertad y les dio la Ley. El autor usaba este verso e imagen para retratar al Señor glorificado en el cielo, quien guio a los pecadores a la libertad y les dio los dones del Espíritu.

Estos versos de la carta a los efesios cubren muchos temas teológicos diferentes:

  • la unidad de la iglesia,
  • la unidad de Dios,
  • el liderazgo

El ingrediente que une a estos temas juntos es la imagen de Cristo en las alturas.

El autor –o quien escribe en nombre de Pablo, prisionero, urgía la paz dentro de la comunidad y un deseo de búsqueda del Espíritu. Muchas veces, la cauda de la disensión dentro de los rangos podría ser una falta de dirección de la visión.

Cuando los cristianos dejan de mirar a Dios como el centro de la vida personal y comienzan a verse a sí mismos, el resultado es el chisme y el rencor.

Cuando los cristianos se enfocan en Dios, deberían de ver la unidad: la unicidad de la naturaleza divina –un Dios en la Trinidad, el lugar único del Padre –quien está sobre todo, a través de todo y en todo, el único mediador entre Dios y la humanidad –Cristo, y el poder único de Dios –el Espíritu. La acción de Dios reflejaba su unidad: Una Iglesia –el Cuerpo de Cristo, Un Bautismo, una sola esperanza que actuaría en el futuro. En otras palabras, el autor vio el ministerio de la Iglesia sobre la tierra como una imagen de Dios mismo –no solamente sus acciones en el cielo. La unidad de la Iglesia está implantada en la unidad de Dios. Por supuesto, cuando una comunidad local de la Iglesia no estaba unida, no solamente retiraba su Mirada de Dios, también enviaba señales mezcladas de la cultura general. La Iglesia debe reflejar a Dios para mostrar testimonio creíble. La unidad en la Iglesia reflejaba la clase de Dios que adoraba.

El centro de la unidad Cristiana y la imagen de Dios que la Iglesia profesaba descansaban en la acción del Cristo exaltado. El vino a la tierra, murió –lo que representaba su travesía a “las profundidades de la tierra” en la tumba y resucitó a la gloria. A diferencia de otros autores bíblicos, este escritor vio la gloria como algo más que una reputación dispersándose. Él vio tal gloria en términos cósmicos. El Cristo exaltado era trascendente, capaz de llenar el universo con su presencia. Observa el paralelo entre la presencia de Dios en 4:6 con la del Cristo resucitado en 4:10. El Cristo resucitado ahora tenía presencia divina –la cual guio a la doctrina que él compartió en la naturaleza divina. Ambas imágenes y acciones de Dios en la Iglesia eran el resultado del Cristo glorificado.

Cristo revelaba a Dios como UNO en naturaleza y propósito. El encomendó a la Iglesia a llevar consigo ese mensaje singular viviendo éticamente y en paz.

¿De qué manera la Iglesia espera cumplir su misión? Por medio de los dones de Cristo. El dio a la Iglesia un liderazgo –no solamente en estructura sino también en personalidades, para guiar a las comunidades locales en la unidad; pero esa no fue la única meta para los líderes. Ellos debían mostrar a las comunidades el sendero de la madurez espiritual.

Nuevamente, el Cristo glorificado era el modelo para tal madurez. El autor presentaba su imagen como “un hombre total y completo” Él era la medida del crecimiento espiritual. Al igual que su enfoque estaba en el Padre, así mismo debía hacerlo la comunidad.

La imagen del Cristo glorificado y los temas variados en estos versos pueden parecer confusos para nosotros. La unidad pacífica, como la fe, son regalos de Dios y una lucha humana. Aunque si miramos al Señor resucitado como nuestro modelo y nuestra Fortaleza, quizás encontremos que podemos progresar en la vida spiritual. Podemos llegar a ser más pacíficos, amables, perdonadores. Justamente, porque Él lo es.

Imagínate al Señor resucitado, ¿qué le dice a tu corazón ahora? ¿De qué manera su mensaje se compara con las lecturas de los Efesios?