Evangelio

Lucas 17:11-19

ACCIÓN DE GRACIAS

¿Alguna vez le has dado gracias a Dios por su bondad en los tiempos de adversidad o tensión? ¿Por qué hiciste tu oración de agradecimiento?

Acción de Gracias. Una fiesta nacional para dar gracias a Dios. Especialmente en los tiempos de adversidad. Mientras los festivales de Acción de Gracias han sido celebrados para marcar las cosechas en toda la historia, podemos trazar esta noción hacia atrás, a la guerra civil en los Estados Unidos cuando el Presidente Lincoln dedicó ese día nacional en 1863. En esos oscuros días de América, Lincoln debió haberse dado cuenta que, en medio de las luchas horribles, la nación tenía mucho porque estar agradecida.

¿Por qué será que los tiempos oscuros traen las mejores cosas para la gente? ¿Por qué será, que en los tiempos que la demanda desespera, la gente expresa la mayor gratitud? ¿Y fe?

Imagínate los tiempos oscuros del leproso samaritano en esta narración. A pesar del curso de una enfermedad contagiosa y el desdén público para un forastero, él se tomó el tiempo para dar gracias a Jesús por ese don.

11 Mientras se dirigía a Jerusalén, Jesús pesaba a través de Samaría y Galilea. 12 Al entrar en un
poblado, le salieron al encuentro diez leprosos, que se detuvieron a distancia 13 y empezaron a gritarle: « Jesús, Maestro, ¡ten compasión de nosotros!».
14 Al verlos, Jesús les dijo: «Vayan a presentarse a los sacerdotes». Y en el camino quedaron purificados. 15 Uno de ellos, al comprobar que estaba
curado, volvió atrás alabando a Dios en voz alta16 y se arrojó a los pies de Jesús con el rostro en tierra, dándole gracias. Era un samaritano. 17 Jesús
le dijo entonces: « ¿Cómo, no quedaron purificados los diez? Los otros nueve, ¿dónde están? 18 ¿Ninguno volvió a dar gracias a Dios, sino este
extranjero?». 19 Y agregó: «Levántate y vete, tu fe te ha salvado»

La Biblia Latinoamericana

Para Lucas, Jesús era el Mesías para el más pequeño de los pequeños. En su evangelio, Lucas apilaría excusa tras excusa para mantener a los más pequeños a distancia. Esta era la gente que mostraría fe y seguiría al Señor. El samaritano con lepra era lo más bajo que uno podía llegar. En esta historia, Lucas mezcló el prejuicio y el temor de una enfermedad temida como la excusa para excluir al hombre. Este es quien volvió para mostrar gratitud. Y quien volvió para probar su fe en Jesús.

17:11 “a través (de la frontera)” es literalmente “en medio de.” El medio entre Galilea y Samaria puede ser a lo largo del borde de las dos áreas o directamente a través de Galilea primero, luego Samaria. Lucas no conocía la geografía del área. Pero no era esto su intención El mencionaba a ambas áreas como la arena para la predicación de las Buenas Nuevas. El volvería al mismo lugar en los Hechos de los Apóstoles.

17:13 “(gran) Maestro” puede también significar “Amo.” Esta fue la única vez que alguien que no era discípulo usaba la frase (“epistates” en griego). En Levíticos, 13:45-46, los leprosos debían advertir a los forasteros a permanecer distantes de su aflicción. Aquí, ellos se aproximan (aún a distancia) y usan la frase mientras piden misericordia. La combinación del título y la petición implicaba una esperanza por el Reino por venir. En su reino, Dios concedería misericordia a los débiles y excluidos.

17:16 “Él era un Samaritano.” Al igual que en la parábola del Buen Samaritano (Lucas 10:25-37), Lucas usaba a los odiados Samaritanos como el modelo para el discípulo. Esta vez, El Samaritano mostró fe. Nota que el hombre era un excluido por dos razones, impureza étnica (i.e., herejía) y lepra. Para Lucas, parecía que el más excluido de las personas, podía ver más claramente el poder y la voluntad de Dios.

17:19 “Levántate” puede ser también interpretado como “Resucita,” otra manera de expresar resurrección. Al momento que el hombre regresa a Jesús, él se convierte en un discípulo y un sujeto del Reino de Dios.

Mientras se abría la escena, diez leprosos se acercaron a Jesús buscando cura. Como indicaba en las observaciones anteriores, esto era exactamente lo opuesto de lo que la Ley mandaba. En otras palabras, estos diez estaban dispuestos a violar la Ley para ser curados. Esto fue un acto de fe (aún de desesperación) de su parte. Porque al ser curados ellos podían ir con los sacerdotes, ser inspeccionados, y regresar a sus lugares en la sociedad. Lucas ciertamente tenía un ojo para la ironía. Los diez violaron la Ley, para llegar a ser parte de la comunidad de los que obedecen la Ley. El pecado los guio al respeto.

Jesús estuvo de acuerdo rápidamente, pero conservando la distancia. La barrera de la cuarentena que la Ley requería no podía ser violada. Pero esto sensibilizó el drama de la cura. Sus palabras tenían el poder para curar. El no necesitaba tocar la llaga para limpiar la enfermedad. Su orden era suficiente.

Después de ese punto, la comunidad de los leprosos se dividió en nueve y uno. Los leprosos judíos tenían un lugar a donde ir: a los sacerdotes; pero ¿a dónde podía ir el último? Históricamente, los samaritanos tenían sus propios sacerdotes. Pero Lucas quizás no conocía este hecho, o temáticamente lo ignoraba. El último, el samaritano, no podría ir con los judíos, porque él sería mantenido a distancia, o ignorado, o aún peor excluido de la comunidad que odiaba a los hombres como él. Con la barrera de la enfermedad derribada, la barrera del prejuicio fue levantada. Así que, para Lucas, la pregunta llegó a ser retórica. ¿A dónde podía ir el último hombre? ¡A Jesús, por supuesto!

El hombre regresó alabando en voz alta a Dios y agradeciendo a Jesús. Él se arrodilló a los pies de Jesús en una posición de adoración y sumisión, como si estuviera ante el gran Rey. A este punto, Jesús respondió con las preguntas:

¿“No quedaron purificados los diez? ¿Dónde están los otros nueve? ¿Ninguno volvió a dar gloria a Dios, sino este extranjero?”

Por supuesto que estas preguntas eran retóricas. Pero ellas conducían al momento de la salvación. Jesús levantó al hombre sano y reconoció la fe del hombre. Este hombre podía ahora regresar a tomar su lugar en la sociedad.

¿De qué manera le has dado gracias a Dios por curarte? ¿De qué manera te ha levantado y afirmado tu fe?

Muchas veces en la vida, quizás nos sintamos como el leproso samaritano: odiado por lo que somos y las enfermedades que cargamos. Estos son los momentos de sacudir la indulgencia de la autocompasión y buscar al Señor. Él nos cuidará. Y en su cuidado, debemos dar gracias. Porque aún en los tiempos de adversidad, los desastres nacionales, las tragedias personales, hay siempre evidencias de la providencia amorosa de Dios. Hay siempre amplio espacio para la gratitud.

La palabra “Eucaristía” quiere decir “dar gracias.” Esa es la actitud que debemos tener en la adoración. Deberíamos darle gracias a Dios por el gran regalo que nos hizo, su Hijo. ¿Cómo puedes adorar a Dios en gratitud? ¿Cómo puedes tomar el espíritu de este día de Acción de Gracias e infundirlo en tu oración y adoración?

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