Salmo 95

Vengan, cantemos al Señor. —

Los que venimos a alabar a Dios preparémonos a escuchar sus palabras y procuremos obedecer su voluntad en la vida diaria.

1 Vengan, alegres demos vivas al Señor, aclamemos a la Roca que nos salva; 2 partamos a su encuentro dando gracias; aclamémosle con cánticos. 3 Pues el Señor es un Dios grande, un rey grande por encima de todos los dioses. 4 En su mano están las bases de la tierra y son suyas las cumbres de los montes. 5 Suyo es el mar, él fue quien lo creó, y la tierra firme, que formaron sus manos. 6 ¡Entremos, agachémonos, postrémonos; de rodillas ante el Señor que nos creó! 7 Pues él es nuestro Dios
Y nosotros el pueblo que él pastorea, el rebaño bajo su mano. Ojalá pudieran hoy oír su voz. 8 «No endurezcan sus corazones como en Meribá, como en el día de Masá en el desierto, 9 allí me desafiaron sus padres y me tentaron, aunque veían mis obras.
10 Cuarenta años me disgustó esa gente y yo dije: «Son un pueblo que siempre se escapa, que no han conocido mis caminos». 11 Por eso, en mi cólera juré: «Jamás entrarán en mi reposo».
   La Biblia Latinoamericana

Niños llorando durante la misa!. Rumores rudos durante el servicio!. ¿Cuántas veces nuestro enfoque ha sido interrumpido en una reunión de oración? ¿Muchas veces?
La alabanza puede tener el mismo fin egoísta como oración extática si el enfoque se pone en la persona que hace la oración, no en la persona adorada. La alabanza puede llevar a un sentido de triunfalismo, un sentido de que el adorador tiene una relación exclusiva con Dios y el lugar del orante es único en la humanidad. El orante se goza en un lugar privilegiado con Dios y comparte en el poder del juicio divino sobre otros.
El Salmo 95 es único entre los Salmos. Es un canto de recogimiento con una advertencia profética. Llamaba a la gente a la adoración y a escuchar la palabra del Señor, pero les recuerda la desobediencia de sus ancestros y la ira de Dios.
Parece haber algunas controversias en cuanto a la construcción del Salmo 95. Nadie discute el cambio abrupto en el 95:7b cuando un canto de alabanza se torna en una advertencia profética. Algunos claman que el Salmo tiene una unidad, que tales sermones proféticos actuaban como un contra-peso al gozo en el Salmo. Otros claman que el Salmo era originalmente un canto de adoración y que la advertencia fue añadida posteriormente. Sin embargo, el Salmo tiene una función litúrgica como una invocación a reunirse. Después del exilio Babilónico, este Salmo pudo tener sentido entre los adoradores, puesto que la sabiduría popular sostenía que el exilio era el resultado de la desobediencia igual a la de Meribá y Masá. En Éxodos 17:1-7, Meribá y Masá eran dos lugares donde Moisés golpeó la roca para permitir que el agua fluyera. Este incidente era mencionado como una de las razones principales por lo que el pueblo no entró a la Tierra Prometida inmediatamente.
El Salmo empieza con una invitación a la adoración (95:1-2) y la alabanza a YHWH por su poder sobre la tierra y el mar (95:3-5). Este patrón de invitación-alabanza continúa con el llamado a la adoración doblándose de rodillas, y el reconocimiento a la nación como el pueblo de Dios (95:6-7). La meta del Salmo parece estar en el verso 95:7b: escuchar la voz proclamada. La pregunta persiste: ¿por qué la advertencia profética sigue al llamado a escuchar? ¿Era la profecía el mensaje mismo o era una advertencia para la gente a que prestasen total atención a la lectura de las Escrituras después que el Salmo era cantado? Si el Salmo era un canto para congregarse, tendría sentido para que la profecía actuara como una advertencia a la lectura que seguiría -el sentido último.
Tomado como uno solo, el Salmo nos recuerda de poner limitantes a cualquier tentación de triunfalismo. El alabar a Dios no nos da derecho a mirar en el interior de Dios. No nos da el derecho de condenar a otros o ningún sentido de mostrar superioridad. Aún cuando estamos en adoración, necesitamos recordar que no somos perfectos, necesitamos estar claros que la tentación está siempre presente. En esa manera, podemos adorar a Dios de la manera que él quiere ser adorado, como humildes servidores.

La próxima vez que estés en oración, tómate un momento para darte cuenta que aún los momentos más cercanos a Dios son tiempos en los que la tentación puede golpearte. Resiste a la tentación de ignorar o corregir a otros en nombre de “la calidad del tiempo” con el Señor.