Salmo 118

Este es el día que el Señor ha hecho

Alguna vez te has despertado en un día que gritas por alabar a Dios?. De qué manera respondes al día? De qué manera Dios actuó en tu vida ese día?
Algunos días son justamente tan gloriosos que gritan alabanzas a Dios. La primavera o el inicio del invierno parecen tener algo que compartir con esos días. El sol brillante se cuela por donde quiera. Las frescas mañanas hacen sentir bien a la piel. Los colores del follaje y las flores parecen sobrecogedoras. Esos son días de esperanza. En esos días, se siente muy bien estar vivo.
Algunos salmos fueron escritos para esos días, especialmente el Salmo 118. Algunas de las líneas más famosas en la Escritura vienen de este canto de alabanza. “Este día que hizo el Señor, alegrémonos y regocijémonos en él.” “La piedra que desecharon los constructores es ahora la piedra angular; esto ha sido hecho por el Señor y entonces no es admirable a nuestros ojos?. El Salmo es más apropiado para el Tiempo de Pascua por su  alabanza metafórica.
En el libro de los Salmos, el 118 terminaba un ciclo de Salmos de alabanzas (113-118). Era recitado con la cuarta copa de vino durante la Pascua y pudo haber sido usado en las Fiestas de los Tabernáculos (La fiesta de Otoño de Succoth). Estilísticamente, muchos versos se repiten como ganchos para motivar la participación de la comunidad. Temáticamente, sin embargo, el Salmo era una oración Real de acción de gracias por la victoria sobre las naciones enemigas.


 1 ¡Aleluya! ¡Den gracias al Señor, porque es bueno, porque es eterno su amor! 2 Que lo diga el pueblo de Israel: ¡es eterno su amor! 3 Que lo diga la familia de Aarón: ¡es eterno su amor! 4 Que lo digan los que temen al Señor: ¡es eterno su amor!

En 118:1-4, la introducción del Salmo se dirige a la nación con un imperativo a la alabanza. La nación (la casa de Israel), los sacerdotes (la casa de Aaron), y los fieles reunidos (quienes temían al Señor) estaban para honrar a YHWH por su alianza (amor eterno).


5 En el peligro invoqué al Señor, y él me escuchó dándome un alivio. 6 El Señor está conmigo: no temeré: ¿qué podrán hacerlo los hombres? 7 El Señor está conmigo y me ayuda: yo veré derrotados a mis adversarios. 8 Es mejor refugiarse en el Señor que fiarse de los hombres; 9 es mejor refugiarse en el Señor que fiarse de los poderosos. 10 Todos los paganos me rodearon, pero yo los derroté en el nombre del Señor; 11 me rodearon por todas partes, pero yo los derroté en el nombre del Señor; 12 me rodearon como avispas, ardían como fuego en las espinas, pero yo los derroté en el nombre del Señor. 13 Me empujaron con violencia para derribarme, pero el Señor vino en mi ayuda. 14 El Señor es mi fuerza y mi protección; él fue mi salvación. 15 Un grito de alegría y de victoria resuena en las carpas de los justos: «La mano del Señor hace proezas, 16 la mano del Señor es sublime, la mano del Señor hace proezas». 17 No, no moriré: viviré para publicar lo que hizo el Señor, 18 El Señor me castigó duramente, pero no me entregó a la muerte. 19 «Abran las puertas de la justicia y entraré para dar gracias al Señor». 20 «Esta es la puerta del Señor: sólo los justos entran por ella». 21 Yo te doy gracias porque me escuchaste y fuiste mi salvación. 22 La piedra que desecharon los constructores es ahora la piedra angular 23 Esto ha sido hecho por el Señor y es admirable a nuestros ojos. 24 Este es el día que hizo el Señor: alegrémonos y regocijémonos en él. 25 Sálvanos, Señor, asegúranos la prosperidad.


La siguiente sección era personal para el Rey. Su oración (118:5-9) era de una esperanza confidente; con Dios a su lado, a quién temería? La fe en Dios era mejor que la fe en su ejército (mortales) o sus comandantes. La respuesta a su plegaria (118:10-14) era un regocijo en la realización de esa oración. La nación (capital de Jerusalén) estaba rodeada, pero la nación prevaleció debido a la providencia divina, no debido a la fortaleza del ejército. La respuesta a la intervención de Dios era era un canto de victoria de parte de los Israelitas a pesar del intimidante desastre (118:15-18) y el desfile de la victoria a través de la entrada a Jerusalén (118:19-25); el Señor alzó su mano y salvó la nación. "Este es el día que el hizo el Señor" puede ser interpretado también como "el día del Señor," un tiempo de Juicio contra las naciones enemigas.


26 ¡Bendito el que viene en nombre del Señor! Nosotros los bendecimos desde la Casa del Señor: 27 el Señor es Dios, y él nos ilumina. «Ordenen una procesión con ramas frondosas hasta los ángulos del altar».


En 118:26-27, los fieles respondían al monólogo del Rey con aclamación; ellos alababan al rey (bendito el que viene en el nombre del Señor) y continuaban con la celebración directamente en el Templo.


28 Tú eres mi Dios, y yo te doy gracias; Dios mío, yo te glorifico. 29 ¡Den gracias al Señor, porque es bueno, porque es eterno su amor!

El rey terminaba el Salmo con un canto de alabanza (y sacrificio?) y un responsorio para alabar al Señor (una repetición del 118:1).
Nosotros no podemos dejar el Salmo sin observar el número de veces que el divino nombre es invocado. Este hecho añadía énfasis al imperativo de la alabanza. Alaben al Señor por lo que ha hecho a la nación. A pesar de estar cerca de la calamidad, YHWH salvó a su pueblo nuevamente (y de nuevo). La repetición del nombre divino trataba de igualar el número de veces que el Señor actuó en nombre del rey y la nación.
El imperativo de la alabanza por la actividad del Señor en la vida debe darnos una pausa. Cuántas veces ha actuado él en nuestras vidas para rescatarnos del desastre?. Cuántas veces nos ha dado segundas oportunidades? Si le damos alabanza a Dios por las veces que él ha intervenido en nuestras vidas, pasaríamos la mayor parte de nuestro tiempo en oración.
No es una mala idea, o si?

Toma tiempo para alabar a Dios por el día, por su presencia en tu vida, y por sus bendiciones. Haz una lista si es necesario. Esta alabanza te ayudará para observar la bondad de Dios en tu vida.